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GUADALAJARA.— Miedo, libertad, redención y perdón son los cuatro conceptos vitales que el escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) explora en su nueva novela, Morir en la arena (Tusquets Editores), una historia que define, en el marco de la FIL Guadalajara, como una crónica sobre su generación —que ya rebasa los 70 años—, cuyos integrantes soñaron con la Revolución, que a pesar de las tragedias y las crisis económicas se quedaron en Cuba, pero que hoy padecen la pobreza extrema que representa tener un sueldo de jubilación de 2 mil 500 pesos, donde comprar una caja de 30 huevos cuesta 3 mil pesos.
En Como polvo en el viento, su novela publicada en 2020, Padura hablaba de la “diáspora de mi generación”, pero luego se dio cuenta que había hablado de los que se fueron y algunos que se quedaron, “pero todavía no había escrito sobre los que realmente se quedaron. Y esta fue mi intención en Morir en la arena, escribir sobre el final de esa generación”; por ello la define como “una especie de crónica de la vida contemporánea cubana muy desde la perspectiva de mi generación que llega a la jubilación”, pero con el nudo dramático que mueve a la historia: un parricidio.
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¿Cómo sale tu generación, que no tuvo ese horizonte que se previó posible y esa orilla a la que no alcanzó a llegar?
Lo que ha ocurrido con la revolución cubana es realmente algo muy triste porque son varias generaciones que han trabajado, han luchado, se han sacrificado, han renunciado para llegar a una orilla que se nos prometió muchas veces y que siempre se iba alejando y que definitivamente en estos momentos se ha perdido en el horizonte. Eso provoca reacciones, una muy evidente: el éxodo masivo que se ha producido en estos años, de manera muy incrementada entre los años 21 y 24.
Antes de que Trump volviera a cerrar la frontera sur de Estados Unidos, salió de Cuba alrededor de un millón 200 mil personas. Estamos hablando del 10% de la población. Y se fueron los que pudieron, no los que quisieron, porque para hacer ese tránsito a través de Nicaragua y después subir por toda Centroamérica y México, lo que se conoce como la Ruta de los Coyotes, costaba 10 mil dólares, y entonces salieron los que pudieron, pero los otros se han quedado.
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¿Los que se quedaron están jubilados, pero viven en pobreza?
Los que se han quedado evidentemente se han empobrecido. Hace unos días, una profesora cubana especialista en temas de pobreza calculaba que alrededor del 50% de la población cubana vive con niveles salariales de pobreza. Aunque la gente en Cuba no paga por la vivienda, hay una serie de cosas que hace que su pobreza no sea tan pobre, pero sus niveles salariales son de pobreza.
Una jubilación promedio, como la que pueden tener los personajes de esta novela, es de 2500 pesos en un país donde un paquete de 30 huevos vale 3 mil. ¿cómo esta gente va a vivir? Eso ha generado una enorme cantidad de estrategias de supervivencia muy diversas y la más efectiva es tener “fe” en un familiar en el extranjero que mande la remesa y que con eso tú tengas una vida un poquito más digna.
Prevalece el miedo en varios de los personajes a salir de la isla, ¿también es miedo ante el futuro?
Lo desconocido siempre nos provoca miedo y los cambios también nos provocan cierto temor, pero es un miedo que está justificado. El problema es cuando los miedos sociales son provocados por nuestras maneras de pensar, nuestras maneras de actuar, nuestras decisiones y eso también está presente en la novela.
Y hay otros miedos mucho más interiores, como es el que durante años sufre el escritor Raymundo Fumero de esta novela, que hay un momento en que él mismo reconoce que en una época tenía miedo sin saber que tenía miedo y reaccionaba por ese miedo; hay miedos muy invasivos. Este es un tema importante en esta novela, es un tema muy importante en toda mi literatura. En el hombre que amaba a los perros se habla mucho del miedo, en Como polvo en el viento, también; y en esta novela pues están no solamente esos miedos a los cambios, sino también ese miedo terrible a la vida, que es el más doloroso.
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¿Cómo miras a Cuba frente a Trump?, ¿su presente y futuro?
Hablar del futuro no me atrevo; estamos viviendo realidades que si te las hubiera anticipado dirías que era mentira. Si yo te hubiera dicho: “Habrá un gobierno en los Estados Unidos que va a considerar que prácticamente todos los inmigrantes indocumentados, porque no son ilegales, son delincuentes”, no le creerías. Hacer predicciones de futuro es muy complicado y en el caso de Cuba muchísimo más, porque falta transparencia para poder saber qué cosas están ocurriendo o qué cosas van a ocurrir.
Se han anunciado recientemente algunos cambios económicos con respecto a la inversión extranjera, a la participación de bancos internacionales en el sistema financiero cubano, que tal vez traigan algún efecto en un país que necesita cirugías profundas en su sistema económico, donde hasta ahora lo único que se han hecho es ponerle banditas.
¿El presente es muy duro?
Ahora mismo y durante muchos días, tres quintas partes del país han estado a oscuras. Hay apagones en tres quintas partes, ¿te podrás imaginar tú cómo puede ser la vida de una persona del siglo XXI en un país que está prácticamente más de la mitad a oscuras?
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¿Es tu novela más triste?
Posiblemente sí, y la más desencantada. Yo siempre digo que mis novelas no tienen un contenido político expreso, pero tienen lecturas políticas y esas lecturas políticas las aportan los lectores que complementan la obra. Yo provoco esas lecturas políticas y provoco esas interpretaciones. Es una novela en la que hay dos asuntos llenos de simbolismo: la posibilidad del perdón y de la redención. Son dos elementos que culturalmente, socialmente y humanamente, pueden tener muy diversas lecturas. La palabra redención, como sabemos, se ha cargado de un contenido místico, pero es la recuperación de una libertad, y entonces a partir de ahí la dimensión de ese concepto en la novela es mucho más amplio.
¿Prevalece el perdón, la redención y la libertad?
Miedo, libertad, redención y perdón son cuatro conceptos que están muy manejados en esta novela. El de libertad es uno que me ha acompañado durante mucho tiempo. Tengo una novela anterior, 10 años, 15 años atrás, que se llama Herejes, que es una novela sobre los riesgos de practicar nuestra libertad individual porque tiene consecuencias. Y creo que esa es una de mis obsesiones. Otras obsesiones son la libertad, la identidad, el destino de la utopía. Y ahí entonces empiezas a entender otras dimensiones de la redención, de la libertad, del perdón y del miedo.
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