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Más allá de ser un cuento infantil con un mensaje central que expresa: “Lo esencial es invisible a los ojos”, "El Principito", la obra clásica de Antoine de Saint-Exupéry, publicada en 1943, es reinterpretada e ilustrada por vez primera por Antonio Lorente, que echa una nueva mirada a un clásico eterno que nos recuerda la importancia de mantener viva la curiosidad y la capacidad de asombro, y ofrece profundas lecciones filosóficas sobre la existencia, la amistad y la búsqueda de sentido en un mundo complejo, que se concreta en un bello álbum ilustrado publicado por Edelvives.
El ilustrador español que ha reinterpretado otros clásicos, como "Carmilla", de Joseph Sheridan Le Fanu; "La leyenda de sleepy Hollow", de Washington Irving; "Mujercitas" y "Mujercitas 2", de Louisa May Alcott; "Las aventuras de Tom Sawyer", de Mark Twain; y "Ana de las Tejas Verdes", de Lucy Maud Montgomery, se planteó el reto de humanizarlo, “quería dar darle alma al Principito”, asegura el ilustrador que ha expuesto su obra en la Biblioteca Nacional de España y en galerías de Reino Unido, Estados Unidos e Italia.
En entrevista, Antonio Lorente (Almería, 1987) señala que asumió el desafío de esta nueva mirada al pequeño príncipe que llega de otro planeta y que va por el universo planteando preguntas sobre la vida, la amistad, el amor y el sentido de la existencia, y que lo hizo desde su propia lectura de la obra que le ha otorgado distintos mensajes en diversas épocas de su vida, “a veces necesitamos vida, años, experiencia para entender la historia con toda su profundidad”.
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¿Qué significa para ti El Principito, qué te ha dado a lo largo de la vida?
Era un libro que no podía faltar en mi coleccionable de álbumes ilustrados y de clásicos ilustrados. Es un libro que yo me leí cuando era muy niño, creo que me lo mandaron en el colegio. Recuerdo perfectamente leerme El Principito. La lectura que le saqué por aquel entonces no fue la lectura profunda que le saco ahora, que le he ido sacando a lo largo de los años. Fue una lectura muy amena, me encantó como libro de aventura, un libro precioso, un libro muy bonito, pero se quedó ahí.
Luego tuve una lectura ya cuando era adolescente, en ese periodo de la adolescencia donde todos estamos un poco más revueltos, y le saqué un significado muy diferente; ahí ya empecé a comprender la filosofía que engloba El Principito. Sin embargo, no es hasta que decido ir a Londres con 25 o 26 años, con una mano delante y otra detrás para aprender el idioma, que decido llevarme un libro, y dije, “debe ser El Principito, porque me lo sé. Esa lectura, en ese tránsito —se me ponen los pelos de punta—, fue una lectura completamente diferente y me ayudó muchísimo para el momento que estaba atravesando.
Y cuando decido ilustrarlo, me sumergí totalmente en su filosofía, ahí fue que me introduzco por completo en el universo de El Principito y quedo atrapado para siempre.
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¿Qué fuiste hallando y qué quisiste darle al lector a través de tu apropiación desde la ilustración de esta obra?
Yo lo que quería hacer, mi reto, y lo que tenía pensado desde el principio era humanizarlo, quería dar darle alma al Principito. Porque todos conocemos la historia, todos conocemos esos pequeños trazos de plumilla que hizo el propio autor, genial, porque funciona maravillosamente bien, es un libro redondo, pero ese ya existe, ya lo tenemos.
Al principio que abordé el proyecto, lo hice con mucho miedo porque pensé, “Ay, ¿cómo puedo meterme en este mundo?, ¿qué va a decir la gente a la que le gusta tanto?, ¿qué tal que no le gusta? Todos esos prejuicios, esos problemas que suelo tener por mis inseguridades a la hora de abordar un proyecto, se me quitaron enseguida cuando tuve una conversación ficticia con Antoine, con mi tocayo, y le dije, “Yo vengo a respetar tu clásico. Vengo a hacer algo superbonito que solamente pueda sumar a lo que tú ya has escrito”. Y eso hice, respetar, ¿de qué manera? Intentado meterme en su cabeza y eso pequeños trazos que él hacía, llevarlo a mi estilo, llevarlo al color, a la vida.
¿Te reapropias de un clásico, pero manteniendo el original?
Cuando hojeas el álbum ilustrado, hay muchas ilustraciones que son familiares, porque las conoces: con el traje de gala, cuando va visitando a los diferentes personajes de los asteroides y como mi trabajo es tan sumamente barroco, por llamarlo de alguna manera y tan acabado, pensé: creo que es una buena idea eliminar los fondos, que mantenga esa blancura, esa pureza que tienen los originales. Esa delicadeza y a la vez de alguna manera jugar como si fuese el infinito, como si fuese el espacio. No hay nada realmente, o sea es todo imaginación, es todo vuelo, por eso tiene esa estética tan blanca que creo que caza muy bien con el original.
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¿Así le otorgas rasgos muy profundos y detallados a un personaje que es todo un reto?
Es que es un personaje muy complejo y es cierto que estéticamente implica desafíos. Yo tenía una idea muy clara, quería que la sensación que tuviese el lector al mirarlo fuera algo parecido a lo que te puede generar Eduardo Manos de tijeras, que es un personaje que me encanta, esa fragilidad, pero también esa pureza y esa inocencia, y a la vez esa fuerza que tiene el personaje. Quería esa sensación.
Es cierto que le di varias vueltas; en un primer momento realicé un Principito muy repeinado, no me gustaba, no entraba, pero al ir trabajando supe que ya tenía su mirada, que es lo importante, pero no me terminaba de gustar. Entonces, empiezo a sacarle mechones, a despeinarlo, pero de una manera para darle un punto como lunático, como más del espacio. Y es ahí cuando empieza a soltar esos mechones que tienen vida propia, que se van moviendo solos; es cuando descubro que ese es el personaje que quiero. Y luego, a la hora de la indumentaria, el pañolito amarillo que tiene se mueve como si tuviera vida propia. Es casi como un vegetal que va moviéndose y es casi un personaje más.
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¿Los ojos en tus ilustraciones son fundamentales, son el espejo del alma?
Los ojos es algo fundamental en mi estilo y es lo que lo hace representativo, es lo que une a todo. Me encanta cuando alguien ve alguna mirada de mis personajes y dice, “ese es de Antonio”, y me parece superbonito. No quiero que la gente pase por el libro rápido, quiero que se pare a mirar esa ilustración, que empatice con él, que atraviese su mirada.
¿Invitas al lector a abrir el libro, leerlo y pensar en quiénes somos y cómo estamos?
Esa es la magia de El principito, que es un libro que te hace pensar y que es un libro que o te cambia la vida o te la cambia por un momento, porque es como el farolero, al final tú puedes ser consciente de lo que estás haciendo o no, tu vida sigue, pero en ese momento que tú has leído, en ese momento que tú has mirado, has reflexionado sobre de lo que estás hablando y qué es lo que quieres o lo que no quieres de tu vida, y la mayoría de nuestra vida sigue igual, pero te ha hecho reflexionar, te ha hecho pensar y esa es la magia de El principito A mucha gente le cambia la vida y a otra mucha se la cambia por un momento.
¿Este es uno de los libros para todas las edades?
Para todas las edades. Creo que es el libro más para todos los públicos que existe en el mundo, El principito lo puede leer cualquiera; si eres muy pequeño, pues te lo contarán como un cuento; si eres un niño más grande, pues igual le encuentras algún significado, pero por lo general es un libro que te marcará para siempre.
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¿Hay otras historias que te han marcado y que sueñas con ilustrar?
A mí me encantaría realizar La historia sin fin, es un poco mi libro de cabecera desde que yo era un niño, pero no se va a poder porque tienen que pasar 80 años desde la muerte del autor y el autor, pues no murió hace mucho, pero es una de las historias que me encantaría. Luego hay clásicos también que me encantan, como Alicia o El Mago de Oz, que también me marcaron en algún momento de mi vida y otros muchos que no te digo porque sé que no los voy a poder hacer, porque hay muchos que son de lectura joven, que no han pasado el suficiente tiempo como para poder hacerlos.
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