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Los mitos siguen vivos, aseguraba el historiador Alfredo López Austin

En 2012, EL UNIVERSAL tuvo oportunidad de conversar con el historiador sobre la mitología, su rol en la contemporaneidad y el menosprecio de la sociedad actual hacia ésta. Recuperamos esta entrevista para conmemorar su vida y obra

Alfredo López Austin
Retrato de Alfredo López Austin, Premio Nacional de Artes y Literatura. Foto: Cortesía del archivo familiar de Leonardo López Luján
Cultura 15/10/2021 12:56 Yanet Aguilar México [email protected] Actualizada 12:56
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La vida profesional del doctor en Historia Alfredo López Austin ha gravitado entre la investigación y la docencia; es uno de los más sólidos estudiosos del México precolombino, pero también uno de los más entusiastas profesores de la UNAM; aunque ha dejado de impartir cátedra a nivel licenciatura, mantiene con ahínco su clase de casi toda la vida: “Cosmovisión Mesoamericana”, que es parte del seminario “La construcción de una visión del mundo”, que imparte en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, desde hace varios años.

Alfredo -como pide a sus alumnos que lo llamen, nunca doctor- es experto en religión mesoamericana y pueblos indígenas de México; es incansable estudioso de la zona, tanto que actualmente trabaja en dos temas: el tiempo en los pueblos mesoamericanos y el trabajo en Mesoamérica como aspecto profundamente moral. Aun cuando ya anda en otros temas, sus ensayos sobre mitología de la tradición mesoamericana contenidos en el libro "El conejo en la cara de la luna" (Era/INAH/Conaculta), lo motivan a repensar sus estudios sobre los mitos.

Ese libro que lo mismo recrea el origen de los nombres propios y la fundación de Tenochtitlán, que los eclipses y las estrellas, los primeros padres , los tlacuaches o el conejo visible en la cara de la luna, es un tratado ensayístico, pero contando con humor y buen ánimo la cosmovisión mesoaméricana según la mitología.
 

¿Hoy en día qué son los mitos?

Sigo pensando que la palabra mito debe aplicarse, aquí en la tradición mesoamericana pues no estoy tratando de dar una definición universalista, como una cantidad muy grande de relatos que tienen elementos comunes, entonces eso es lo que va a ser mito; si yo planteo mi propia definición a los mitos griegos o a los mitos de los Estados Unidos no me va a resultar adecuada esta definición; pero aquí en la creación literaria oral mesoamericana creo que hay una idea muy característica que se refiere a un tiempo premundano que explica cómo cada cosa de este mundo llegó a ser así a partir del proceso que sufrieron los dioses antes de la creación.

¿Los mitos explican el mundo?

El mito es una forma que tiene el hombre de explicar lo que cree del mundo en que está viviendo, para explicar este mundo se tiene que remitir al pasado porque cree en la creación y la creación es el momento en que se hacen las cosas tal y como son en la actualidad, no estamos hablando de un pensamiento evolucionista; entonces si yo tengo una creencia mítica, si yo no creo en la evolución para saber por qué son las cosas así y cómo me voy a enfrentar a ellas, tengo que ver cómo los dioses hicieron todo en el momento de la creación.

¿Los mitos nos dan certeza?

Dan certeza porque yo tengo un montón de creencias que no nada más me sirven para explicar el mundo, sino que tengo que afianzarlas constantemente con una ratificación y cada vez que oigo yo un mito, aunque lo oiga 20 o 50 veces, estoy dándome confianza de que mi posición es la correcta.

¿Los mitos son utilizados para convencer?

Son utilizados porque proporcionan esa seguridad al ser humano de que su interpretación del mundo es la correcta. Hoy día seguimos con esas ideas en todo el mundo, no hay que limitar el uso del mito a los pueblos de las sociedades que llamamos tradicionales, las sociedad más industrializadas siguen creyendo en algunos mitos y siguen modificándolos.
 

¿Todavía se menosprecian los mitos?

Se menosprecian porque se ha opuesto el mito a la razón, entonces se dice es cosa del pasado, de gente primitiva que no está viviendo su presente; pero no, hay una mayoría de esta sociedad que cree en los mitos, incluso una mayoría de sociedades, por ejemplo hagamos una encuesta en Estados Unidos sobre cuánta gente cree en la evolución de las especies y cuánta en Adán y Eva. Parece inconcebible si no nos lo planteamos como base de la vigencia del mito en la actualidad, pero el mito está vivo.

¿Qué tanto nos remitimos a los mitos, así estamos por los mitos?

Para el hombre que cree en el mito, aunque no lo haga consciente, está obrando cotidianamente con este pensamiento mítico, para el que cree en ese mito es algo constante que está disperso en cada uno de los actos que realiza; los mitos pueden ir variando cotidianamente, el hombre lo reinterpreta, los que son orales se van adaptando a una realidad cotidiana.

Una vez me sorprendió la fuerza del mito, estaba con los huicholes en San Andrés Comiata cuando el narrador del mito nos dijo: “El mundo estaba entonces húmedo como ahora” y era una noche con una tormenta con rayos impresionantes. Ese elemento también forma parte del mito, no es nada más la narración, sino el contexto; fue el recurso narrativo para los que estábamos viviendo ese momento.

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¿Qué trabaja actualmente?

Estoy haciendo dos trabajos, uno de ellos sobre el tiempo, qué significa el tiempo en la cosmovisión mesoamericana; y otro sobre qué significa el trabajo también para esa cosmovisión, el trabajo como aspecto profundamente moral, por ejemplo, en el pensamiento cristiano el trabajo es ante todo un castigo que se le impuso por una falta; aquí no, aquí el trabajo es una cosa esencial al ser humano e implica muchísimas cosas; si un cristiano muere imagina que se va al cielo, al infierno o al purgatorio de vacaciones, está libre de ese castigo.

Sin embargo para el mesoamericano esto sería inconcebible; sabe que se va a ir al cielo del sol, al paraíso de Tlaloc o al mundo de la muerte, pero según a donde vaya va a ser su trabajo. Una mujer que muere de parto y se va al cielo del sol tiene que esperar al sol a mediodía para llevarlo en andas por el bosque de árboles rojos y entregarlo a la muerte en el occidente. Otros cuidarán plantas o limpiarán los canales de agua, otros la harán de llovedores o graniceros. Esa es una cuestión inherente y moral.Al mismo tiempo están sus clasesMe gusta mucho dar clases pero ahora sólo doy una clase, es una faceta que no se puede descuidar porque la investigación necesita la comunicación cotidiana, ver qué están haciendo los colegas.

* Esta entrevista fue publicada originalmente en 2012

fjb
 

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