El señor Amis no contesta. El portero del anodino edificio de ladrillo y construcción reciente en el centro de Brooklyn ha llamado al intercomunicador, al teléfono fijo y al móvil.

Sugiere subir a la planta 20 y llamar a la puerta. No hay timbre, pero sí una aldaba, y Amis, que llegó a este amplio ático con su esposa, la también escritora Isabel Fonseca, y sus dos hijas menores, tras el incendio en 2016 de su anterior casa, no tarda en abrir con aire despistado.

Está solo, no sabe donde dejó el teléfono; viste un pantalón de franela gris y una camisa de rayas blancas y azules elegantemente ajada, zapatos de piel tan poco armados que podrían pasar por zapatillas de andar por casa.

El chico malo de las letras británicas, rabiosamente atractivo en su juventud,

el tipo que nunca se mordió la lengua y ha sido blanco favorito de la prensa sensacionalista, cumplirá en agosto 70 años. Sigue fumando aunque sea un cigarrillo electrónico y no ha perdido ni un ápice de su agilidad mental ni de su legendaria audacia verbal , imitando con sorna los lapsus del presidente Trump y salpicando la conversación de ironía -"el problema de la autoficción es que tienes el tedioso deber de respetar los sentimientos de otra gente"-. De sus mordaces bromas no se salva ni su agente, el poderoso Chacal: "Andrew Wylie es un gran director de funerarias", comenta sobre su buena mano para hacerse con derechos de autores fallecidos.

Martin Amis: No busco la polémica, pero si llega hay que estar preparado
Martin Amis: No busco la polémica, pero si llega hay que estar preparado

Arrastra los pies hasta llegar al confortable y amplio salón, decorado con alfombras, libros y muebles antiguos, cuya imponente vista se abre al río y, sentado en una butaca, Amis despliega la misma afilada inteligencia, fino sentido del humor e inconformismo del que hace gala en las páginas de "El roce del tiempo" (Anagrama).

En este libro reúne cerca de medio centenar de ensayos y reportajes periodísticos, escritos entre 1994 y 2017, en los que aborda desde la literatura de Philip Larkin o Nabokov hasta el fútbol de Maradona, pasando por la princesa Diana, el líder laborista Jeremy Corbyn o la resurrección del actor John Travolta . Suma a la mezcla sus incursiones en la industria del porno o su viaje a un acto electoral de Donald Trump .

"Esa fanfarronería sexual no la creo, pero me sorprende que tuviera una historia con Stormy Daniels", comenta sobre el presidente de EU. "Ella dijo que habían sido los peores 90 segundos de su vida. Ha conseguido tener esos hijos y pensé que lo había hecho cuatro veces y eso era todo. Estaba equivocado, pero tengo claro que odia a las mujeres. Esas cosas que dijo de que amamantar es repugnante. ¿De qué habla?". En la figura del presidente, Amis intuye un oscuro secreto: "Creo que tiene una horrible enfermedad venérea. Dijo que sus años de playboy en la juventud habían sido su Vietnam y que las vaginas son campos de minas en potencia. ¿A qué suena eso?".

Después de 2016, tras la votación del Brexit y las elecciones a la Casa Blanca, este británico, que parece encarnar una versión heterosexual de aquel Englishman in New York de la canción de Sting , dice haber perdido su ancla. "Siento que no tengo Estado, no hay un país al que me sienta vinculado de la manera en que lo estaba tanto a Estados Unidos como a Gran Bretaña. Creo que el único país que de verdad he amado es Uruguay, mi mujer es medio uruguaya y pasamos tres años muy felices allí".

Desde su ático neoyorquino habla de la doble perspectiva que le ha otorgado la distancia respecto de su país natal y el ser extranjero en EU., y no se resiste a censurar la mojigatería que detecta en el ambiente tras la victoria de los republicanos en 2016.

"Se dicen muchas tonterías, como que se ha acabado la sátira porque nadie hubiera podido imaginar lo que estamos viviendo. Ese popular escritorzuelo Dan Brown convocó una rueda de prensa para decir que si hubiera escrito el código Trump , en lugar de "El código Da Vinci", no habría parecido plausible. Pero la simple idea de que el noble y centenario género de la sátira ha sido derrotado por alguien tan lamentable como Trump es algo absurdo".

Amis escapó pronto de la sombra de su padre, el premiado novelista Kingsley Amis -figura central en sus memorias Experiencia y Koba-, y saltó a la fama en los setenta, pasando a formar parte de un deslumbrante grupo de autores británicos, entre los que se encontraban Julian Barnes, Ian McEwan, Salman Rushdie y Christopher Hitchens.

En uno de los artículos de la nueva colección habla del resentimiento que se traslucía tras la atención mediática que él despertó -"la publicidad y los medios son como pañales gigantes que hay que rellenar con algo"-, en buena medida por su familia. "Además de mi padre estaba mi madrastra, Elisabeth Jane Howard. Estoy escribiendo sobre ella. Cuando dejó a mi padre, en 1980, seguí viéndola mucho", recuerda. "Me daba pena mi padre. Tenía muchas fobias, era muy neurótico, no podía pasar una noche solo en su casa , así que los tres hijos nos tuvimos que turnar para estar con él cuando ella se fue. Mi particular venganza de escritor con Elisabeth fue dejar de leerla. Así que solo desde su muerte he leído con mucha admiración sus novelas".

Howard buscaba cierta validación y Amis dice lamentar no haberla felicitado en vida; ella fue quien lo animó a volcarse en los libros. "Yo era un desastre, no leía, y ella me dio unas cuantas novelas. Con Orgullo y prejuicio, después de un par de horas leyendo, irrumpí en su estudio y le dije: '¿Se casa Elisabeth con Mr. Darcy? ¿Y Jane se casa con Mr. Bingley?'. Me dijo que sí, porque sabía exactamente lo que yo sentía".

Amis nunca ha estado lejos del periodismo ni de la crítica literaria. 

El roce del tiempo viene a sumarse a la colección de reseñas de "La guerra contra el cliché" o a los ya clásicos perfiles de "Visitando a Mrs. Nabokov". "El periodismo siempre ha estado ahí. Creo que la única cosa original de mi primera novela es que el protagonista no quería ser escritor, sino crítico, y por eso tiene una visión más analítica y fastidiosa del mundo".

Una entrevista en la que Truman Capote , con una resaca salvaje, vomitó, se cuenta entre sus favoritas por extraña, pero fue con Saul Bellow con quien logró forjar una gran amistad. Sobre él, sobre Philip Larkin, Philip Roth y Nabokov escribe ampliamente en "El roce del tiempo". Y ahí subraya la problemática fijación del autor deLolita por las niñas.

"Es un gran libro. Y creo que moralmente funciona, porque el castigo se ajusta al tamaño del crimen. Pero lo que resulta alarmante es que Nabokov escribió 17 novelas y seis de ellas tratan este tema. De esas seis tres son obras maestras. ¿Qué hacer? Típico de Nabokov volver las cosas lo más difíciles posible".

¿Es más complicado escribir hoy que cuando empezó? "Hay toda una serie de consideraciones que han surgido al escribir de mujeres y sexo, y cuando escribes de niñas, algo que yo nunca quise hacer. Muchos temas hoy son radiactivos. Mis amigos editores me dicen que es implanteable ganar un premio si eres hombre y blanco. Te juegas la vida si la heroína de tu novela es físicamente atractiva. Dirán que estás enfermo y que es una fantasía sexual, pero hay chicas que son guapas: es un hecho, y escribes sobre ellas como sobre otros".

¿La belleza es un problema? "Cualquier cosa que tenga que ver con el aspecto físico lo es. Nadie quiere admitir que tener belleza física es un accidente, no una virtud, y sin embargo es algo que puede ser determinante en tu vida. Para las mujeres un poco más que para los hombres. La palabra envidioso puede que fuese inventada para describir el rencor que provoca la belleza" .

Amis cuenta que se ha propuesto escribir sobre la esclavitud desde el punto de vista de un negro en EU. "Me dicen mis amigos que me van a machacar". ¿Lo suyo es valentía o arrogancia? "Es un reto ponerte a hacer algo difícil, que es probable que sea...". ¿Controvertido? "Poco popular, me parece más exacto. No buscas la polémica, pero si te la encuentras tienes que estar preparado y no debe intimidarte ". Amis dice que en la juventud casi todo es cuestión de inconsciencia. "No sabes nada, así que cargas hacia delante. Yo todavía sigo en esto. Odiaría sentirme intimidado".

Ha transcurrido más de una hora y el novelista hace un gesto rápido con la muñeca para mirar el reloj. "Querida, sé que nos retrasamos en empezar, pero debo hacer un par de cosas antes de la cena". Antes de cerrar la puerta, habla sobre la final de la Champions que se celebrará en Madrid y enfrentará a dos equipos ingleses. El señor Amis soñaba con ir a cubrirla.

akc

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