El salón de clases parece un horno que se calienta con el movimiento de los cuerpos de 47 jóvenes que repiten una y otra vez secuencias de zapateados. “Piensen que es el final de la función. ¡No puede desmerecer!”, dice enérgica a través de un micrófono y sentada delante de un espejo del tamaño de una pared Viviana Basanta Hernández, directora artística del Ballet Folklórico de México
El arte empodera, da certezas y te hace disfrutar la vida desde otro lugar, asegura, la también hija de la célebre bailarina y coreógrafa mexicana Amalia Hernández, fundadora de la compañía de danza que ha dado la vuelta al mundo representando a México y sus tradiciones.
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“El valor de la mujer está en sí misma, en empoderarse, en saber qué quiere, no en otro. No le tiene que demostrar nada a nadie. Mucha gente no se mueve de su lugar, no cruza un espacio y yo trato de que todas mis alumnas aprendan a cruzar espacios con toda la certeza de que eso es lo que quieren hacer.
Les digo: y si no lo quieres, demuéstrame que no lo quieres porque tengo que ver en un escenario qué sí quieres y qué no quieres”, lo que también sirve para la vida, dice.
Esa mentalidad y disciplina la aprendió de su madre, una mujer revolucionaria y adelantada a su tiempo que abandonó la tradición familiar de que las mujeres debían de ser docentes y así dedicarse a alcanzar su sueño dentro de la danza: “Le decían la generala [...] Me enseñó que el esfuerzo sí reditúa.
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“Como mujer que te respetes, te quieras, que defiendas tus creencias, tus ideales. Esa parte donde una tiene que sobreponerse a muchas situaciones de la vida. Respeta tus pensamientos”.
Bailarina por 23 años en el Ballet Folklórico de México, ahora examina minuciosamente la expresión corporal de los bailarines de la compañía dancística que el próximo año cumplirá 74 años y que lleva más de 60 presentándose en Bellas Artes; “Respiren el movimiento”, les dice.
Amalia Viviana, la única que también lleva el nombre de su madre, describe a la danza como su vida. Explica que puede ser sanadora, expresiva, puede servir para desfogarse, pero hay un punto donde uno mismo rebasa todo lo que puede ser la danza en trabajo mental y corporal.
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“Debes pasar a que también te atrevas a expresarte tú mismo, tus emociones, tus alegrías, tristezas [...] Yo aprendí mucho de Martha Graham que decía: ‘El movimiento no engaña’. Tú sabes cuando alguien está bien o mal, cuando alguien está triste. El movimiento no engaña, no te lo tienen que decir”, enfatiza.
El Ballet fundado por su madre representa su vida y el Palacio de Bellas Artes ha sido testigo de sus mejores y peores momentos. Desde que nació ha estado ahí, dentro de un baúl, dice. “Aquí nací, fui el pilón. Me encantaba meterme a los baúles, estar en Bellas Artes, recorrer los rincones; es parte de mi vida. Es como cuando alguien me dice, es como tu sangre, ¿no?, ¿quién te enseñó?, pues nadie me enseñó, ¡lo viví!
El arte frente a la IA
Trabajar entre jóvenes ha sido uno de los motores que la ha llevado a reinventarse constantemente así como a los espectáculos que presentan, buscar nuevas fuentes de inspiración ha sido la fórmula que ocupa para mantener la creatividad que a veces pareciera que se agota o podría ser sustituida por la Inteligencia Artificial (IA).
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“El arte tiene algo que se llama creatividad que no puede ser sustituido por un robot, por una inteligencia. Los jóvenes se aburren mucho más rápido, tienes que cambiarles lo que están viendo de una cosa a otra con distintas formas de maniobrar con las energías.
Cada que termino una función y veo al público muchas veces de pie digo: ‘Por más que veas una cosa maravillosa de la IA, el público no se va a parar a aplaudirlo. No te genera esa emoción’”.
Para la maestra Viviana, el arte ha salvado al mundo y cree ciegamente en que la creatividad lo seguirá haciendo: “Sólo ve la pandemia, ¿qué fue lo que nos hizo buenos momentos?, los músicos en los balcones, los bailarines en las azoteas, que todo el mundo queríamos ver a todo mundo. Yo di cursos gratis toda la pandemia, tenía 16 mil gentes en Internet dándoles clase.
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Les enseñé pláticas de mi mamá, cosas de faldeo, 20 cosas de estiramiento; creo que nos hizo empáticos con muchos, lo que necesita el arte, empatía, reflexión y aceptación a los demás”.
Pese a que su vida la ha dedicado a la danza y estudio de ésta, sigue preparándose. Continuar con el legado de su madre no ha sido fácil, imprimirle su sello personal sin perder la esencia es su trabajo diario y por ahora toma clases de geometría sagrada,
“Es un orgullo y es mucha chamba. Yo quisiera que me recordaran como alguien que me dediqué en cuerpo y alma a tratar de hacer lo mejor por ellos (los bailarines), por el país, porque considero que es importantísimo gritarle al mundo lo que somos.
Gritarle al mundo que somos un país lleno de belleza, de cultura, de tradición, de usos, de costumbres, de comida, de ropa; tenemos todo.
Así quisiera que me recordaran, como alguien que quiso hacer también lo mejor para su país”, concluye con una sonrisa.
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cdm/bmc
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