Desligar mi formación académica y mi crecimiento personal de la UNAM, pero especialmente de Fundación UNAM, es imposible.
Nací en la CDMX, pero en 1982, cuando cumplí diez años, me mudé con mi familia a Toluca, donde estudié, desde quinto grado, la primaria, la secundaria y la preparatoria. Al final de este último periodo, descubrí la carrera de Física, recién abierta en la UAEMex, por lo que cursé ahí los dos primeros años. Al concluir esta etapa fue donde realmente nació la persona que soy ahora.
Por múltiples razones, académicas y personales, después de estos dos años estudiando Física, no tuve otra opción más que cambiar de universidad. Exploré la parte administrativa de equivalencia y revalidación de estudios en diversas instituciones, desde la UMSNH y la UAM, hasta el IPN. Estuve a punto de desistir. Finalmente, me atreví a acercarme a la UNAM. Tenía el prejuicio de que, si en las otras escuelas las cosas no pintaban fácil, en la Máxima Casa de Estudios el trámite sería aún más complicado, si no es que imposible. ¡Oh sorpresa! Mi Alma Mater no sólo me acogió con los brazos abiertos, también reconoció gran parte del esfuerzo que había hecho inicialmente en esos dos primeros años. Entonces comenzó lo bueno…
Llegué a un lugar donde todo se discutía y se analizaba, donde el salón de clases, cualquiera que fuera, era un espacio de diálogo activo: cada ecuación se demostraba a fondo y la física de cada una debía explicarse a detalle. Pero no era sólo la parte académica. La Facultad de Ciencias tenía un ambiente donde se podía ver y debatir de todo, desde múltiples expresiones artísticas, hasta otras tantas político-culturales. Y qué decir de los inolvidables maratones de cine o las celebradas fiestas de ciencias. En ningún otro sitio podría encontrar una formación humana tan completa como esa.
Pero no todo era miel sobre hojuelas. Mi situación económica me había requerido siempre el respaldo de una beca para poder estudiar. Desde la prepa había tenido apoyo por alto rendimiento académico por parte de la UAEMex, pero al llegar a la UNAM, en 1992, después de revalidar mis estudios comenzados en Toluca, me encontré, más que nunca, necesitado de ayuda para continuar. Fue al año siguiente que se empezó a correr el rumor de la existencia de una fundación que daba soporte a alumnos con buenas calificaciones. Desde entonces, mi historia se liga a la de la Fundación UNAM: logré tener su asistencia económica para poder concluir mi licenciatura. No lo hubiera logrado sin esa subvención. Posteriormente, conseguí una beca de posgrado por parte de DGAPA y, luego, de CONACyT, para mi formación de maestría y doctorado en la UNAM. Pero fue en esta última etapa donde Fundación UNAM vino de nuevo a cambiar mi vida. En 1997 me enteré de un nuevo programa: apoyo para estancias de investigación en el extranjero. Me preparé y, con el auxilio de Fundación UNAM, en una estadía que inició en 1998, obtuve los resultados más importantes de mi tesis doctoral en el Institut d’Optique, en ese entonces ligado a la Universidad de París XI, y ahora a la Universidad de París-Saclay.
Si ya haber llegado a la UNAM había transformado mi historia, esta estancia en el extranjero vino de nuevo a cambiarla. Era la primera vez que salía del país y, por tanto, era mi primera inmersión en un ambiente educativo de la más alta calidad. Fue entonces que pude tener una dimensión de dónde venía yo. Por supuesto había muchas cosas nuevas para mí, sobre todo en el ámbito académico, pero la formación recibida en las aulas de la Universidad de la Nación me había entrenado especialmente para saber buscar esos nuevos temas en las fuentes bibliográficas necesarias. Poder mostrar, tanto a mí mismo como a mis compañeros y tutores en este instituto francés, la capacidad académica y cultural que me había imbuido la UNAM fue uno de los orgullos más grandes que he experimentado en la vida.
Estoy seguro de que existen muchísimos ejemplos como el mío, donde Fundación UNAM fue un parteaguas para poder cumplir sueños de formación académica que, de otra manera, se habrían quedado sólo como eso, como sueños. Por eso es tan importante ahora su existencia y el apoyarla de vuelta. Cada estudiante que logra ser respaldado por la Fundación es una semilla sembrada en el futuro de nuestro país.
Investigador del Instituto de Física, UNAM.
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