Han pasado seis años (23 de marzo de 2020) desde que las autoridades mexicanas decretaron el programa “Quédate en casa”, estrategia de salud pensada para hacerle frente a la. El gobierno de México siguió indicaciones de la de mantener la sana distancia y evitar la propagación masiva.

En el imaginario de un sector de quienes sobrevivieron a la enfermedad, la pandemia y sus implicaciones se pueden resumir, al menos en el inicio de la emergencia sanitaria, como encierro indefinido, trabajo y clases a distancia y la readaptación de los hogares.

Hoy se puede afirmar que la humanidad enfrentó en 2020 y años posteriores uno de los episodios más graves en su historia. A seis años de distancia, múltiples investigaciones se han realizado sobre salud y las secuelas de la enfermedad, las repercusiones económicas y políticas e incluso las enseñanzas que dejó el virus.

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Incluso dentro de casa, las familias usaban el cubrebocas para evitar contagios. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
Incluso dentro de casa, las familias usaban el cubrebocas para evitar contagios. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Más allá de estadísticas y datos, prevalece otra forma de preservar la memoria de la pandemia: la historia oral, enfocada en recopilar testimonios de personas y sus vivencias en un periodo crítico.

De esa necesidad es que el Instituto Mora y la Secretaría de Ciencia federal publica el libro Contar un año de soledad en casa historias orales de la pandemia. Ciudad de México y zonas conurbadas, marzo de 2020-marzo de 2021 (2026), coordinado por la historiadora Graciela de Garay, que analiza las vivencias de un sector de la población en el confinamiento y en el primer año de la enfermedad.

Esta investigación estudia cómo la experiencia del confinamiento doméstico incidió en la vida de 12 habitantes de la Ciudad de México y zonas conurbadas. El trabajo se basa en entrevistas de historia oral realizadas entre marzo de 2020 y marzo de 2021, a un grupo de seis hombres y seis mujeres, de entre 24 y 47 años, clase media, urbana, profesionistas, con instrucción universitaria. Se trata de una historia del tiempo presente o historia vivida.

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La telescuela y el teletrabajo fueron las opciones para seguir con la vida diaria. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
La telescuela y el teletrabajo fueron las opciones para seguir con la vida diaria. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

De Garay explica que los testimonios se recogieron en el momento en que la crisis se desarrollaba, no a posteriori, por lo que los investigadores que apoyaron a De Garay, sus becarios, optaron por entrevistar a conocidos vía remota, desde casa, una modalidad de trabajo que permaneció tras la crisis sanitaria.

“A mis becarios, pasantes de Historia, les dije, entrevisten a sus amigos. Y definimos qué íbamos a preguntar, primero su presentación, y la idea general es que nos contaran cómo vivían la pandemia. Sobre todo, qué significó para ellos vivir la pandemia en casa”, explica.

Una conclusión que destaca es la adaptación del hogar para múltiples usos: espacio para habitar, trabajar, descansar, comer y, en esta nueva realidad, para permanecer a salvo de la enfermedad.

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La orden de todos los servicios sanitarios fue mantener la sana distancia. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
La orden de todos los servicios sanitarios fue mantener la sana distancia. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

“Nos decían que estar encerrado en las casas les resultaba siempre molesto porque se rompían las rutinas, la gente antes iba a trabajar o salía, pero ahora todos estaban en la casa. Cuentan cómo se organizaban en casa, qué hacen con los espacios, descubren nuevos espacios, unos adaptan su cuarto para hacer videoconferencia, por ejemplo”, cuenta.

Alteración de la vida

Desde una perspectiva sociológica, la pandemia fue un acontecimiento que cambió la vida cotidiana. Además del miedo a morir, un temor que se exacerbó por la enfermedad y por la información excesiva y el fácil acceso a los medios de información, también cambió la percepción de las personas sobre la otredad, es decir, de su relación con los otros.

“La pandemia, hoy podemos decirlo, produjo un cambio radical en nuestras vidas, nos alteró. ¿Cómo advenimos este acontecimiento? No lo conocíamos, no lo habíamos vivido antes y tampoco sabíamos que iba a pasar, entonces decidimos documentar cómo la gente iba viviendo ese proceso”, señala la investigadora.

La experta en la tradición oral detalla que la pregunta principal fue “¿qué quieres hacer cuando termine la pandemia?”.

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A pesar de las restricciones, muchos sectores laborales debieron salir a la
calle para sobrevivir. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
A pesar de las restricciones, muchos sectores laborales debieron salir a la calle para sobrevivir. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

“Todos coincidían en que querían ver a amigos, querían abrazarlos, querían estar cerca. Notamos ahí que el contacto cara a cara siempre es importante”, explica, y añade que otra gran pregunta que surgió es cómo y por qué una sociedad hiperconectada tenía una marcada tendencia a la soledad, a sentirse sola.

“Fue súper interesante ver cómo la gente pasaba horas en redes sociales, en juntas vía remota, en llamadas, pero la gente se sentía sola, y recoger esos testimonios crea fuentes desde la narración para hacer historia, por eso es valioso el trabajo y la recopilación de las vivencias”, pondera la historiadora.

Estos testimonios, grabados vía Zoom, hoy son parte del archivo oral del Instituto Mora, el cual se compone de más de 10 mil horas de material que comienza en los años 70, y está en resguardo de la Fonoteca Nacional.

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La desinformación y el miedo a morir llevaron a la gente a tomar
precauciones sanitarias. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
La desinformación y el miedo a morir llevaron a la gente a tomar precauciones sanitarias. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Aunque el anhelo por ver al otro fue una de las respuestas de los entrevistados, también existió el lado opuesto: enojo por quienes no seguían las indicaciones sanitarias.

“Formaba parte del miedo a morir. Había los disciplinados que hacían todo lo necesario para no contagiarse, pero se molestaban por los indisciplinados que no usaban cubrebocas, que andaban en la calle y demás”, detalla.

En las entrevistas, las conversaciones dieron un primer vistazo a un problema que se agudizó con la pandemia y el confinamiento: la salud mental.

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De acuerdo con De Garay, la ansiedad por no poder salir, sumado al miedo a morir por la enfermedad y el teletrabajo, disparó el burnout, un estado de estrés crónico y agotamiento físico y mental por las fuertes cargas de trabajo.

“Nos dijeron que tuvieron que pedir ayuda porque tenían lo que se conoce como burnout, una palabra que refiere a una excesiva carga laboral, comenzamos a ver que, para algunos, el trabajo nunca terminaba, eran las 9 de la noche y algunos seguían trabajando porque los jefes seguían también trabajando”, narra la especialista.

Precisamente por permanecer todo el día en casa, las barreras de tiempo entre el tiempo de descanso y el tiempo laboral se desdibujaron, añade De Garay. Otros síntomas de estrés, como ansiedad y angustia, también fueron reportados en las entrevistas.

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Para De Garay, hacer historia con testimonios orales es una tarea importante para no olvidar un evento que sacudió al mundo y que cambió paradigmas sociales y estilos de vida.

La investigadora explica que, por ejemplo, no se hizo registro de la vida cotidiana mientras el mundo enfrentó a la gripe española en 1918 debido a que nadie quería abordar un fracaso tan grande en materia de salud pública.

“Lo que nos interesa a los historiadores es indagar en el cambio, los cambios sociales; para la historia, documentar qué pasó en la cotidianidad de la gente, qué cambió, qué afectó, es importante, y sobre todo tener un registro oral, una grabación de ese cambio”, concluye.

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