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En el FIC, Hansel y Gretel cobran vida

El Teatro de Marionetas de Salzburgo ofreció una muestra de la tradición del oficio de titiritero en Austria
En el FIC, Hansel y Gretel cobran vida
En un escenario giratorio, los movimientos de las marionetas estaban coordinados con los diálogos. (FOTOS: BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL)
27/10/2018
00:21
Elda Lastra
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Guanajuato. — En el Festival Internacional Cervantino un cuento cobró vida, Hansel y Gretel, con el Teatro de Marionetas de Salzburgo, que ofreció una muestra de la tradición del oficio de titiritero en Austria.

La expresión corporal de los personajes de los niños del cuento clásico de los hermanos Grimm hicieron olvidar que se trataba de marionetas. Cada movimiento estaba coordinado y acorde a los diálogos y las emociones de cada escena de esta obra que se presentó ayer.

El escenario era giratorio para cambiar con rapidez la escenografía, que recreaba la casa de los hermanos protagonistas, un bosque y la casa de la bruja; y contó con un supertitulaje para la traducción del alemán al español. La dirección y la escenografía estuvieron bajo el mando de Hinrich Horstkotte.

Nueve titiriteros dieron vida a través de cada hilo a las marionetas de madera, que protagonizan esta historia clásica narrada en tres actos, con música del ensamble Inboccallupo y las voces de la mezzosoprano Kristina Naudé, como Hansel; y Annette Dasch, como Gretel.

En esta versión de la obra, los hermanos salen por la noche a buscar fruta y se pierden en el bosque, luego de caminar se encuentran con una casa de dulce, en donde la Bruja de Jengibre trata de comérselos... lo demás ya nos lo sabemos.

Las escenas que más emocionaron a niños y adultos fueron: cuando hizo su primera aparición la Bruja de Jengibre; luego cuando baila, canta y celebra que se comerá a los niños (mientras volaba en su escoba y la acompañaban otras en la coreografía); y el final, donde Hansel y Gretel acaban con ella y se salvan.

Danza. Un cuerpo en movimiento envuelto en un trance que se hace acompañar por tablones de madera, ramas secas y humo, un performance corporal a cargo del intérprete y coreógrafo Daniel Abreu que al danzar fluía al ritmo de la música contemporánea, colombiana y del pop en inglés, fue la propuesta que la Compañía Daniel Abreu trajo desde España al Teatro Cervantes la tarde del jueves, y con la que logró conectar con el público.

Abreu presentó en México Cabeza. La escena comenzó con pulsaciones de luz. Después su expresión corporal fue tomando forma al proyectar sombras en el piso, surgió música clásica, parecía creación del sentir físico. Hubo un espejismo entre el cuerpo del coreógrafo y la sombra del piso. Luego todas las luces se encendieron: múltiples sombras tenues. La música se transformó de forma violenta y el cuerpo del intérprete también. El ruido estruendoso se evaporó y las luces blancas cambiaron paulatinamente a sepia, la calma había vuelto.

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