En arquitectura hay que convertir las debilidades en fortalezas: Alejandro Aravena
Foto: Diego Simón Sánchez / EL UNIVERSAL

En arquitectura hay que convertir las debilidades en fortalezas: Alejandro Aravena

12/03/2019
20:07
Sonia Sierra
Ciudad de México
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El chileno ganador del Premio Pritzker en 2016 participó en la conferencia final de la sexta edición del Festival de Arquitectura y Ciudad Mextrópoli

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“Que las restricciones sean fortalezas no debilidades” dijo casi al terminar su conferencia en Mextrópoli el arquitecto chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker en 2016. Su intervención y la presentación del libro “Elemental”, con obras de su despacho, cerraron la edición sexta del Festival de Arquitectura y Ciudad, este martes en el Teatro Metropolitan.

Fue un escenario lleno de estudiantes que siguieron casi en total silencio las reflexiones del joven arquitecto, que buscó responder a la pregunta y tema de esta edición de Mextropoli: “Donde termina la ciudad”. Para abordar tal asunto, Aravena (Santiago de Chile, 1967) eligió partir de una contrapregunta: “¿Cuándo comienza la ciudad?”. Hay que partir, puntualizó, de la idea de que una ciudad es una concentración de oportunidades.

Para dar respuestas a esas preguntas, Aravena habló de varios proyectos de vivienda de su despacho en Chile -como el de Constitución, ciudad que sufrió daños casi en 80% tras el tsunami de 2010-, y proyectos de integración urbana, como el que acaba de iniciarse en Buenos Aires para la nueva sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), una obra que vincula la ciudad de grandes oportunidades, la del exclusivo Recoleta, con la ciudad de ocupación informal, la de Villa 31.

Aravena se vale de principios matemáticos, de la lógica, de ecuaciones; despliega fotografías de vivienda contenidas en su libro y fórmulas. Cita las historias de los propios habitantes de vivienda que, insiste, tienen buena parte de las respuestas. También negocia: la sede del BID en Buenos Aires no podía, por ley, estar arriba de las vías de tren, pero el tipo de obra -un puente de 240 metros que integra esas dos “ciudades”, que es una obra de 18 metros de altura que es a la vez edificio, parque, puente, área peatonal y espacio público- consiguió un acuerdo legislativo para dar paso a lo que será un modelo en las ciudades latinoamericanas.

Para abordar la premisa de “Donde termina la ciudad” y su propia pregunta de “¿Cuándo inicia la ciudad”, Alejandro Aravena partió de plantear dos extremos, A como el lugar de concentración de oportunidades, y B, como el lugar donde se concentran las casas. Dijo que como arquitectos se tiene que pensar en la comunicación entre esos dos extremos, y que el ideal sería que B llegue a estar en A, es decir que la vivienda esté donde están las oportunidades; y a la inversa, si hay una zona de la ciudad que sólo tiene casas hay que ver qué hacer allí, y cómo vincular las dos ciudades.

Aquí se refirió al transporte, aseguró que el mejor viaje es el que no se hace, planteó que ante la alternativa de los metros hay cierta aura y defendió el uso de autobuses de forma organizada -por un carril confinado y sin demoras en el pago del servicio-, con la ventaja de que son más baratos que los metros. Y por qué no, planteó: en las vías de metros llegar a usar cierto tipo de autobuses.

Los proyectos de vivienda que describió fueron el del que se conoce como la “La mitad de una buena casa”, creado en Constitución, Chile, idea que también se llevó a Villa Verde, donde había otras limitaciones: económicas y espaciales. Tomó la idea de que si una casa “óptima” es de 80 metros cuadrados, pero la casa posible es de 40 metros cuadrados, entonces, se planteó ofrecer a las personas media casa, con la sugerente idea de que cada familia construyera la otra mitad de acuerdo con sus tiempos, posibilidades y recursos.

Muchas frases del arquitecto Aravena quedaron para la reflexión en Mextrópoli: “¿Cómo hacer para que la autoconstrucción sea parte de la solución y no del problema?”. “La vivienda, casi por definición, es una inversión, pero en vivienda social se parece más a la compra de un auto que de una casa”. “Que un proyecto haya entendido, hablado el lenguaje de sus restricciones, y que la restricción sea su fortaleza y no su debilidad”. “Que el proyecto dure mucho; por muy simple que sea lo que uno haga, va a quedar para un rato, dos décadas, y sería muy bueno que con eso uno haya mejorado la calidad de vida de la gente”.

nrv

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