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En Hermosillo, frente al Golfo de California, en el Mar de Cortés, donde el mar topa con el desierto revestido de sahuaros y montañas, se encuentra la nación Comca’ac; el escenario donde Francisco Chapo Barnett Astorga, con cantos y danzas, realiza rituales de sanación y pide por la paz en el mundo. Es el chamán de la tribu Seri.

Por su fuerza como líder espiritual fue reconocido por el gobierno mexicano con el Premio Nacional de Artes y Literatura en el campo de las Artes y Tradiciones Populares 2017. Tiene profundo conocimiento de plantas medicinales, de piedras a las que se atribuyen virtudes mágicas, sabe los movimientos corporales necesarios (a veces al curar ejecuta una danza lenta) y, sobre todo, sabe los cantos que son el idioma de los espíritus.

Francisco Barnett recibió a EL UNIVERSAL en su domicilio en Punta Chueca. “Pido para todos, pido a Dios con oraciones por salud y alimentos”, expresó al plasmar en una foto a manera de autógrafo, su propio símbolo: un hombre con los brazos extendidos al cielo y como cabeza un rombo con una antena que conecta al universo.

Compartió sobre sus viajes en el país, Italia, Guayana Francesa, Austria, Islas Griegas, Alemania, Suiza, Inglaterra, Colombia, Perú, Bolivia y Estados Unidos, entre otras naciones a donde ha llevado sus danzas y cantos de sanación. Ha contribuido en la cultura indígena en el mundo.

Cuando era niño, recordó, un día una enorme fuerza lo elevó, y sintió un estremecimiento muy fuerte en su cuerpo, pero una voz le dijo resiste, resiste. Después todo volvió a la normalidad y desde entonces mantiene un estrecho contacto con el universo; hoy por hoy vive para dar a las personas, según dijo, algo que vale más que el oro: la salud física y mental.

En la semblanza que la Secretaría de Cultura refirió al otorgarle el galardón, ilustró a Francisco Chapo Barnett Astorga, nacido en Bahía de Kino, Sonora, con una vitalidad envidiable y un buen humor a toda prueba, cuyo lema cotidiano es tcocazzim iha (“todo está bonito”). Actualmente vive en Punta Chueca, Socaaix por su nombre en lengua cmiiqueiitom o Seri.

En la década de 1960, su entusiasmo para la revitalización de los cantos y danzas de pascola influyó entre los Seris o Comca’ac. Como muchos otros de su generación, Barnett Astorga guarda en su memoria la antigua forma de componer y cantar los hacaatol cöicoos (cantos de poder), así como los icoos icooit o cantos de pascola, entre muchos otros, y los ha transmitido tanto a sus hijos como a otros miembros de la comunidad.

Aprendió de su padre los pasos para ser un haaco cama (especialista ritual, “hombre medicina” o chamán). Su primera experiencia la tuvo a los nueve años y fue entrenado por el haaco cama Ignacio Morales, quien le enseñó las artes de la danza y el canto.

En el proceso curativo se concentra, como haaco cama siempre debe estar atento a los peligros, a los espíritus malos que acechan.

Francisco aprendió a reconocer con agudeza el estado emocional de sus pacientes. En el pensamiento Comca’ac la inteligencia no está en la cabeza, sino en el corazón. Cuando ve a la persona enferma, ve el espíritu de la enfermedad e inmediatamente empieza a cantar hasta vencerlo. Saber cuáles cantos entonar, en qué momento, con qué espíritus establecer diálogos y con qué cantos le contestan conforman un arte y un conocimiento especializado que solamente dominan los haaco cama como él.

Se ha convertido en una de las figuras más conocidas de la comunidad Comca’ac, tanto en Sonora como en el país. Con frecuencia lo invitan a eventos académicos, encuentros interculturales o seminarios donde expone las costumbres y tradiciones de su pueblo y comparte su ejercicio de haaco cama en el marco de los estudios sobre el chamanismo.

Entre los Comca’ac, todos lo reconocen como uno de los mejores cantores de la comunidad y por ser autor de gran parte de los cantos que interpreta. Admiran su esfuerzo por revitalizar, defender y difundir las expresiones que definen la identidad y la cultura del pueblo Seri.

De él han aprendido que el amor y el respeto por su identidad e historia son esenciales para que el pueblo Comca’ac siga entablando el diálogo permanente con los seres extraordinarios que le rodean.

Los conocimientos ancestrales son transmitidos de generación en generación, Francisco Barnett, su hijo, es el heredero de toda su sabiduría, también está convertido en chamán.

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