“Dirigir a distancia es lo más extraño de la cuarentena”: Jorge Mester

En la Filarmónica de Boca del Río, el director Jorge Mester se ha adentrado en el repertorio contemporáneo y hoy, con 80 años de dedicarse a la música, pasa tiempo organizando su archivo

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Jorge Mester, director de orquesta. Fotos: CORTESÍA FILARMÓNICA DE BOCA DEL RÍO
Cultura 22/08/2020 00:02 Alida Piñón Actualizada 09:52

Jorge Mester tiene una risa fácil y exquisita, ríe cuando dice que en la cuarentena ha tenido que limpiar cada superficie de su casa, cuando cuenta que durante la pandemia ha organizado sus archivos por si un día lo encuentran sin vida, o cuando comparte que tuvo que celebrar el pasado 10 de abril sus 85 años de edad “solito, con un tequila” y con la esperanza de celebrar el 86 en compañía de todos sus seres queridos. 

Mester es hoy por hoy el decano de la dirección orquestal en México. Además es un músico con una de las más importantes trayectorias internacionales. Sus logros son, para la crítica especializada, innumerables. Hace 65 años realizó su debut y tiene 80 años dedicado a la música, desde hace cinco años es titular de la Filarmónica de Boca del Río, en donde la temporada de este año ha sido cancelada.

Han pasado seis meses desde el último concierto que dirigió y debido a la pandemia se siente ante un retiro forzado. Sin embargo, cuenta en entrevista, la tecnología le ha permitido continuar con su trabajo de una manera, dice, muy extraña: dando clases de dirección y dirigiendo a distancia. 

“Estoy en condiciones sensacionales, tanto físicas, intelectuales y del alma. Nunca he pensado en retirarme, pero esta cuarentena ha sido un retirada forzada, no estoy preparado para pensar en que nunca más voy a volver a dirigir. Ha sido muy extraño lo que me ha pasado, porque desde que entré a Juilliard había pasado mi vida estudiando partituras, preparándome para un concierto, ahora me enfrento a nada”, dice el concertador desde su casa, en Los Ángeles. 

“En este momento no me interesa estudiar nada, no sé si otros directores sí lo hacen, pero yo no tengo una meta ahora. En mi vida he dirigido, quizá, mil 600 obras diferentes, eso incluye estrenos mundiales, los discos y conciertos”, agrega. 

El concertador que ha sido director Musical de la Orquesta de Louisville, de la Sinfónica de Pasadena y de la Filarmónica de Naples y es director laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen tiene en casa las colecciones de sus discos y de las óperas que ha dirigido; además hizo una lista de cada CD y de su contenido. De momento, dice, tiene 37 páginas escritas a mano de todas las obras que ha dirigido. 

“No tengo ganas de aprender una obra más, cuando tenga un concierto programado volveré con mucho gusto a mi escritorio y a darle duro, a taladrar. Pasé un mes organizando mis discos, también he reunido todos mis papeles importantes para que si encuentran mi cadáver, todo disecado, sepan en dónde están las cosas; ya le dije a mi hija en dónde está todo lo que sería de su interés; incluso he guardado el diario de bebé que mi madre llenó cuando yo nací, lo llenó en húngaro, una amiga lo tradujo al inglés, así que ahí está para mi hija. Esta cuarentena ha sido un momento ideal para ordenar lo que ha sido mi vida”, dice. 

Agrega que en las últimas semanas un grupo de 21 músicos le pidió que ofreciera clases a distancia. “Ha sido difícil para mí porque hay un retraso entre la acción y lo que se ve, he tenido que buscar la forma de sincronizar las cosas que hacemos para inculcarles ritmo, respiración, pulso, expresividad. Cuando acabe eso tendré que volver a limpiar todas las superficies de mi apartamento”.

¿Y cómo se dirige sin el contacto físico? "Tengo que encontrar imágenes y ponerlas en palabras, si eso no sirve entonces hago demostraciones y tengo ejercicios. Por ejemplo, para los que no sienten bien el pulso, les pido que se imaginen que están en columpio, en el centro del péndulo está el pulso; a los que no tienen energía en el brazo les pido que se imaginen en una piscina, que sientan cómo el agua les da resistencia. Una orquesta saca un sonido diferente con cada director, nunca es lo mismo, y no es porque el director explique el sonido, es porque lo emite a través de sus gestos y de su energía”.

Y es que cualquiera, explica, puede marcar, como si se tratara de dirigir el tránsito en una gran ciudad, pero el chiste está en que un director necesita mandar la energía para que los músicos puedan reflejarla. “Un director es como entrenador de futbol, tienes 100 músicos estupendos y hay que convencerlos de unirse en un sólo punto de vista”.

Mester no sólo ha dado clase durante los últimos meses, también dirigió a una sección de chelos. “Me pidieron que dirigiera una obra de Elgar, ellos veían mis manos en una pantalla, pero yo dirigía sin sonido, los movimientos sin sonido no dicen nada, fue un ejercicio muy extraño. Cuando volvamos estoy seguro de que no tocaremos el Huapango de Moncayo, sería hasta doloroso regresar para tener que tocar otra vez el Huapango. No sé qué haremos, quizá una sinfonía de Mahler, algo difícil, algo que reúna toda nuestra energía”. 

Jorge Mester ha sido profesor de generaciones de directores, como James Conlon y Dennis Russell Davies, y ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy tienen prestigio internacional, como Reneé Fleming. Su vida, dice, siempre ha estado en la música, desde los cinco años.

“Mantener la pasión, eso es lo más fácil del mundo, es como una religión, si desde niño eres católico, la fe la tendrás el resto de la vida. Hay tanta música que amo que no tengo forma de aburrirme, de cansarme, cada vez que escucho una sinfonía de Mahler me llenó de energía otra vez, es como el oxígeno para mí”, dice. 

En el Foro Boca, sede de la Filarmónica de Boca del Río, le ha dado cauce a sus intereses en la música contemporánea y en las obras que, se cree, son difíciles. "En México, el público es muy acogedor, reciben bien obras difíciles, como de Prokofiev. Cuando estuve con la Filarmónica de la Ciudad de México, en el 2000 hicímos una retrospectiva del siglo XX, en enero tocamos sólo de 1900 a 1910 y así sucesivamente hasta el 2000, ninguna orquesta en el mundo hizo algo así. La gente nunca tuvo miedo, en México no somos conservadores, y los músicos estaban muy emocionados". 

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Trayectoria

Desde los cinco años, la vida de Jorge Mester ha estado en la música.

- DEBUT: Fue en 1955 con la ópera Salomé

- LABOR: Es titular de la Filarmónica de Boca del Río desde hace cinco años

- RECONOCIMIENTO: Es director laureado del Festival de Música de Aspen

- DIRIGIÓ la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México

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