25 | MAR | 2019
Del Senado a la boca se cae la sopa
En la foto: Senado de la República (ARCHIVO. EL UNIVERSAL)

Del Senado a la boca se cae la sopa

04/06/2018
00:25
Periodistas Cultura
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Crimen y Castigo

Del Senado a la boca se cae la sopa

En las oficinas del INBA aún no se les acababa el júbilo por el premio recibido en Buenos Aires a la producción de Rusalka, cuando les entraron los malos aires por la ventana. Resulta que doña Lidia Camacho, directora general de la institución, tuvo que renunciar a la candidatura suplente al Senado, por la vía plurinominal que compartía con Vanessa Rubio, coordinadora de la oficina del candidato a la presidencia José Antonio Meade, porque especialistas en el tema comenzaron a debatir en medios si por ley la funcionaria debía o no renunciar a su cargo 90 días antes de la elección. Durante semanas ella juró que sí podía y así se lo hizo a saber a mucha gente en público y en privado. ¡Pésimos asesores! ¿Acaso no le dijeron que el Artículo 55 Constitucional está sujeto a interpretaciones en cuanto a suplencias se refiere? Quienes le dijeron que se lanzara sin problemas, no sólo no la ayudaron, la expusieron. Todo este asunto se pudo convertir en un problema institucional para el INBA y para el PRI. De hecho, el Revolucionario Institucional escondió a piedra y lodo la misiva que Camacho envió al presidente del CEN del partido, René Juárez. ¿Qué podían hacer?, ¿exhibir que una figura importante se les bajó del tren que parece dirigirse a la barranca? ¿Y en todo este relajo qué papel jugaron los departamentos jurídicos del INBA y de la Secretaría de Cultura?

 

Greenpeace protege el ambiente ¿y el patrimonio cultural?

Activistas de Greenpeace “intervinieron” la Diana Cazadora en protesta por la mala calidad del aire en la Ciudad. Trepados en la fuente, le colocaron a la escultura de la Diana una máscara y un tanque de oxígeno. Más de uno, nos dicen, se preguntó cómo fue posible que usaran así uno de los monumentos representativos de la Ciudad sin que se les dijera nada o los sancionaran. Es cierto que la pieza es una copia de la original creada por Juan Olaguíbel, en 1942, pero es parte del patrimonio cultural urbano de la capital. Nadie cuestiona la intención de los activistas a favor del medio ambiente, pero sí el uso indebido de monumentos, pues una acción cómo ésta puede abrir puertas para que hagan lo mismo con otros monumentos emblemáticos ¿se imagina algo así en el Ángel de la Independencia? Ya sabemos que provocar y llamar la atención es algo que Greenpeace suele hacer siempre en sus intervenciones, pero de eso a la destrucción del patrimonio solo hay un paso. Nos recuerdan, por ejemplo, la intervención que un activista de esa asociación hizo en 2014 en las Líneas de Nasca, en Perú, que causó daños a los milenarios geoglifos.

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