Leí las declaraciones en que Clara Brugada pide silencio a los periodistas y tuve la sensación de que ya había vivido esto antes, y con pésimos resultados.

Durante una rueda de prensa organizada para anunciar que las cifras oficiales de seguridad indican una reducción en los delitos dentro de la ciudad de México, la jefa de gobierno capitalina sugirió: “A mí lo que me gustaría es un gran acuerdo con los medios de comunicación, donde le bajáramos (sic) a la nota roja” (palabras más, palabras menos, la cita es casi idéntica, sea que uno la consulte en la nota de Alejandro Cruz Flores en La Jornada o en la de Omar Díaz en El Universal). Según Clara Brugada, al denunciar el crimen los noticieros, las series, la nota roja y el morbo influyen para elevar la percepción de inseguridad.

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Quizás por el hecho de ser de Tamaulipas, he visto con dolor y tristeza que el silencio nunca es una opción. Callar a los medios de comunicación o no ayudarlos a informar de cualquier delito violento cometido en este país, equivale a contribuir con la impunidad de los criminales: sólo trae consigo mayor inseguridad. Que un gobernante pida o exija silencio a los medios parece ser un signo inconfundible de que la inseguridad no se está reduciendo, por decirlo con un eufemismo.

¿Alguien recuerda el horror que se vivió en Veracruz durante el periodo del gobernador de Veracruz Javier Duarte? ¿Alguien se acuerda de cuando ese gobernador ordenó que se persiguiera por terrorismo a toda aquella persona que se atreviera a denunciar un crimen en las redes sociales? ¿Recuerdan a cuántos tuiteros amedrentó o incluso detuvo por reportar que había una balacera en proceso frente a sus casas? ¿Alguien recuerda que al término de su mandato cayó preso por asociación delictuosa y peculado y que continúa en prisión? Y por cierto, ya que hablamos de terrorismo, ¿No estará muy cerca la actual gobernadora de Veracruz de las convicciones y las estrategias del priista Javier Duarte, dado que ya acusó de terrorismo a algunos de los periodistas en activo por hacer su trabajo? El silencio forzado de los medios es una pésima inversión para la tranquilidad de los ciudadanos.

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Pero pongamos entre paréntesis al estado de Veracruz. Si nadie recuerda lo que pasó durante el gobierno de Javier Duarte, hablemos del caso más notorio del estado de Tamaulipas, donde los cinco últimos gobernadores han sido acusados de peculado y/o asociación delictuosa al término de sus periodos, y algunos de ellos se encuentran presos por esos motivos. Ahí también se implementó la política del silencio por al menos dos vías: por una parte, la falta de seguridad por parte del gobierno para los periodistas, y por otra, las amenazas constantes del crimen organizado a los comunicadores. Supongo que pocos recuerdan la política que aplicó en relación con la violencia el ex gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández. Lejos de dar garantías a la prensa para informar lo que sucedía, en los años más violentos de la historia tamaulipeca, cuando grupos de delincuentes rivales se atacaban a muerte durante meses en pequeños pueblos fronterizos o suscitaban atroces balaceras en las ciudades más pacíficas, este ex gobernador anunció que sería su administración la responsable de informar a la población de los hechos violentos. Pero la información no aparecía, y entretanto, los aterrorizados habitantes de Ciudad Mier, San Fernando, Ciudad Victoria o Tampico documentaban en las redes sociales las balaceras y columnas de humo que salían de casas o autos incendiados en las principales avenidas. Que los medios no pudieran publicar imágenes ni textos sobre el tema, y que sólo el gobierno de Tamaulipas tuviera el control de la información contribuyó a la paranoia general. El gobierno de Hernández tardaba hasta tres días en informar de masacres y balaceras mediante boletines de prensa tan escuetos e incompletos, tan maquillados y deformados que eran casi un hecho criminal en sí mismos (Por cierto, es uno de los cinco ex gobernantes de Tamaulipas a los que se ha acusado de peculado y asociación delictuosa en los últimos veinte años, y es uno de los dos que se encuentran en prisión: el otro es Tomás Yarrington, detenido en 2017 por la Interpol por el delito de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita). Si el crimen nunca paga, el silencio nunca cura.

Desde el 2015 la presencia y la percepción del crimen en el país se expande a zonas cada vez más distantes, siguiendo paso a paso la receta gracias a la cual la violencia y la inseguridad se apoderaron durante años de la vida en Tamaulipas y Veracruz.

Crédito: https://www.dhs.gov/
Crédito: https://www.dhs.gov/

En el aeropuerto de Heathrow hay un letrero a la entrada, que pide la colaboración de la gente para denunciar todo tipo de acto terrorista o criminal: If you see something, say something. En cambio lo que han sugerido durante décadas nuestros políticos del Golfo de México y ahora los del ex Distrito Federal, es que guardemos silencio. Pero la vía del silencio siempre conduce, en la percepción de la opinión pública, a creer que los gobernantes no pueden realizar sus funciones, no desean encontrar respuestas duraderas, o peor aún, que hay entre ellos quienes también forman parte del problema.

Suspiro aliviado al saber que la jefa de gobierno rectificó sus palabras y se desdijo, según una variedad de notas entre las cuales se puede consultar la de Frida Sánchez en El Universal en línea.

No necesitamos periodistas ni gobernantes silenciados. Necesitamos información veraz y políticos con estrategias más eficaces contra el crimen.

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