Como saben los lectores de Horacio Castellanos Moya, su nueva novela, Cornamenta, provocará distintos tipos de magnetismo:

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Crédito: Redes sociales
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  1. Con la publicación de este libro, Castellanos ha registrado cuatro generaciones de aventuras de la ajetreada familia Aragón, cuyos miembros suelen meterse en grandes problemas, y cincuenta años de la historia reciente de El Salvador. Medio siglo de padres desaparecidos, madres buscadoras, huérfanos de la violencia, idealistas perseguidos, asesinos desmovilizados, luchadores sociales y defensores de los derechos humanos traicionados y asesinados por sus propios colegas. A esa constancia hay que añadir que su método literario para reflejar la paranoia y la desconfianza que experimentan los salvadoreños le permite examinar los problemas sociales de Centroamérica con la misma hondura con que lo han hecho Thomas Bernhard en Austria o Jon Fosse en Noruega. Ningún narrador ha creado monólogos interiores capaces de reflejar la inquietud de sus personajes a medida que presencian golpes militares, asesinatos de sacerdotes y mujeres, la presencia de grupos paramilitares e incluso el genocidio de pueblos indígenas. Si a eso añadimos que estos testimonios se realizan dentro de emocionantes novelas de aventuras, podemos imaginar la fascinación y adicción que generan las obras de este autor.
  2. El rico lenguaje de Cornamenta nos transporta al inquietante territorio de El Salvador de la segunda mitad del siglo XX, cuando crímenes inimaginables estaban a punto de ocurrir. Como los protagonistas de sus obras, Castellanos lleva tres décadas luchando con el idioma español para obligarlo a contar la violencia que ha sido exclusiva de Centroamérica y con ello crear nuevas formas novelescas, donde el miedo y la paranoia sean registrados por un implacable monólogo interior, joyciano y latinoamericano a la vez. Para imaginar la complejidad del reto baste recordar que al revisar y corregir el informe sobre un genocidio, el protagonista de Insensatez lee las palabras de un indígena que, luego de presenciar el infame asesinato de su familia, concluye: “Ya no estoy completo de la mente” (sic). A partir de ese instante, el narrador comprende que el horror del genocidio, incluso contado por escrito es capaz de magnetizar y atraer a cualquiera hacia ese momento sin retorno en el que el lector hace suya la perturbación de las víctimas. Como escribió Natasha Zwimmer, con esta técnica Castellanos convirtió el espanto en una forma de arte. Las novelas que ha escrito para reflejar, registrar y contar la violencia y el miedo son cada año más asombrosas y su capacidad para crear personajes llenos de vida se diversifica e incrementa en cada nueva obra.
  3. En Moronga, El hombre amansado y sobre todo en Cornamenta, donde los personajes son acosados por la sensación de amenaza creciente, el sexo es la única escapatoria. El apetito sexual es el talón de Aquiles de los protagonistas, o como dice Clemente Aragón, la infidelidad es una rueda que no deja de girar, de manera que la gente audaz y resuelta debe aprender a disimular la culpa, y con ello salir indemne de todas las emboscadas de la vida.
  4. En Cornamenta reaparecen algunos de los personajes más fascinantes que han acompañado a la familia Aragón a lo largo del tiempo: el policía conocido como El Vikingo, que usa sus conocimientos de lucha libre para interrogar a los sospechosos; don Alberto, el heroico embajador caído en desgracia y abandonado a su suerte en la capital mexicana; Pericles, el yerno de mamá Licha, desaparecido en circunstancias oscuras; los siempre hiperactivos Lena y Erasmo Mira Brossa, y por supuesto, el joven e irresponsable Erasmito Aragón, que tantos dolores de cabeza provocará a su familia.[1] Reencontrarse en Cornamentacon estos sobrevivientes, verdaderos náufragos del horror centroamericano, provoca esa alegría que sólo las grandes novelas pueden ofrecer.
  5. El papel principal de este nuevo relato le corresponde por fin al legendario Clemente Aragón, el respetable patriarca que ostenta un alto puesto directivo en el canal de televisión nacional. Usar a un personaje sobrio como narrador de una historia tan alucinante representa un reto enorme, pues para alcanzar los niveles de perturbación y recelo a que nos tiene acostumbrados Castellanos, los recursos literarios debían tensarse al máximo. La solución consistió en arrojar al nuevo protagonista dentro del volcán del conflicto: dado que Clemente es el director general de Alcohólicos Anónimos en El Salvador, y dirige en persona el más difícil de los grupos, uno formado exclusivamente por policías y soldados asesinos, no tarda en involucrarse sexualmente con la esposa del más temible de los generales. Para su infortunio, los amantes creen que han sido descubiertos durante una de las semanas más terribles de la historia reciente: aquella que eligieron los milicos para cometer un baño de sangre tumultuario e imponer a su candidato como el próximo presidente del país. Clemente comprende que, si se confirma que su amorío con la esposa del general ha sido descubierto, nada detendrá al cornudo hasta hacerlo papilla y disimular su ejecución dentro de la represión generalizada que tiene en ciernes al país. Ante esta situación, el sobrio señor Aragón alcanza las alturas paranoicas de los mejores narradores de Castellanos Moya, como el insólito Eduardo Vega de El asco, la inalcanzable Laura de La diabla en el espejo o el temible Robocop de El arma en el hombre, pero como comprobará el lector, el nuevo protagonista supera a muchos de ellos por la complejidad de su psicología y la diversidad de las voces que toman el control de su mente. Por novelas como ésta, se dice que Castellanos inventó el monólogo interior en su versión paranoica.
  6. Si algo faltara para llevar a un nivel paroxístico las emociones de los personajes, el protagonista de Cornamenta es aficionado a la lucha libre, la cual gusta presenciar en primera fila, de modo que pronto las calculadas coreografías de este espectáculo, previamente ensayadas por los supuestos rivales, se vuelven una metáfora de las relaciones entre el ejército, el capital y la iglesia en esos momentos, donde nada, ni siquiera un golpe de estado, ocurre sin aprobación de los patrocinadores y cada actor juega a conciencia un papel dentro de la gran simulación democrática.
  7. Con el ritmo incendiario de sus novelas, cada nuevo libro publicado de Horacio Castellanos nos demuestra lo que significa ser humano en esta parte del planeta.  Mientras otros escriben autoficciones sobre su mundo interior, Castellanos Moya asume el riesgo de contar cómo son desde el interior los Estados Trastornados de Centroamérica, donde todo se vuelve sospechoso o amenazante y la vida se percibe a través del filtro de la paranoia.
  8. Sigue siendo válido lo que señaló Roberto Bolaño sobre Castellanos: “Escribe como si viviera en el fondo de alguno de los muchos volcanes de su país”. Sus lectores vemos cómo, al hacerlo en cada nueva novela demuestra que la violencia es una parte que el ser humano no ha logrado superar, y con su técnica literaria renueva las novelas de aventuras en español. Cada vez que publica una de sus novelas caleidoscópicas y delirantes, El Salvador recupera su historia perdida, y por extensión, también el resto de América Latina.
  9. En las últimas cinco décadas, el periodo que abarcan hasta ahora las novelas de Castellanos, dos modos de escribir desde el idioma español han resonado en la los Estados Unidos y Europa: el estilo de Jorge Luis Borges, literatura hecha de literatura, donde la extrema concisión de la prosa está al servicio de la perfección que puede alcanzar el cuento, y el estilo de Roberto Bolaño, literatura que se disfraza de la vida misma, donde la extrema libertad de los narradores está al servicio de la creación de nuevas formas novelescas. Junto a ellos han surgido muchísimos otros, pero siempre parecen ir en primer lugar los modelo de Enrique Vila-Matas y César Aira, que no es otro que el arte mismo de la digresión, el modelo de Mariana Enriquez y Samantha Schweblin, con su habilidad para desarrollar con recursos literarios temas y personajes que provienen de la literatura de terror popular. A ellos hay que añadir el modelo de Castellanos Moya: el arte de la sospecha y el recelo como método de supervivencia.

Estos personajes aparecen respectivamente en La sirvienta y el luchador, Donde no estén ustedes, Tirana memoria, Desmoronamiento, y en lo que se refiere a Erasmo: El sueño del retorno, Moronga y El hombre amansado.

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