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En las últimas décadas, el cine internacional ha adoptado historias y temáticas relacionadas con la expresión de identidades LGBT+. Su presencia ha demandado una reestructuración de la industria fílmica desde varios niveles. Sin embargo, en México, productores, directores, guionistas y organizadores de festivales siguen enfrentando dificultades que amenazan la realización de sus proyectos. Incentivos que se tornan inaccesibles, categorías, premios y decisiones en cuanto al tono narrativo determinan la producción y exhibición de estas cintas.
Con el aumento de cine LGBT+ (según el Anuario Estadístico del Cine Mexicano, en 2025 se realizaron 12 películas, cantidad aún escueta en comparación con las de otras temáticas), en nuestro país se llevan a cabo, año con año, actividades que fomentan su difusión y reconocimiento. No obstante, creadores y creadoras señalan que tal apertura no es constante y suele ocurrir sólo en junio.
En el mes del orgullo, instituciones culturales de gobierno y privadas en México se unen a la celebración y el reconocimiento de las poblaciones de la diversidad sexual, mediante la incorporación de una agenda que, si bien es celebrada, también propicia cuestionamientos sobre su alcance. En el ámbito cinematográfico, la discusión se extiende a la legitimidad de tal apertura y la permanencia, sin condiciones, de los incentivos financieros y espacios de exhibición.
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Cineastas entrevistados coinciden en que obtener financiamiento para producciones con temáticas LGBT+ en su fase inicial se ha vuelto cada vez más complejo debido a que los requerimientos de las convocatorias suelen ser inalcanzables. Los requisitos parecen ser más una condición que un criterio. Aseguran que la mayoría de las películas beneficiadas con estímulos gubernamentales recientemente terminan siendo historias en las que la perspectiva y el tratamiento sobre la identidad sexual es reducido o inexistente.
Respecto a esto, Julián Hernánez, director reconocido por la sensibilidad erótica con la que aborda la homosexualidad masculina, sostiene que México vive un retroceso: “Hemos vuelto a lo que hace años fue una negativa expresa de apoyo al cine gay por parte de las instituciones. Durante un tiempo sí hubo algo de apertura, pero fue porque los realizadores de cine gay encontramos la forma de hacerlo en medio de la hostilidad. Es curioso, porque todos los apoyos otorgados son a través de un jurado conformado por el mismo gremio”.
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“Hace poco recibí el dictamen de un corto que me rechazaron. La historia tenía una fuerte carga erótica, por lo que me ‘sugirieron’ revalorar aspectos que pudieran ‘dificultar su recepción’. Esto es una homofobia interiorizada y latente que está encubierta por el anonimato de los jurados y la elección de los proyectos”, cuenta en entrevista.
Cada año, distintos proyectos son aprobados o susceptibles de autorización para beneficiarse con el programa de Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE). Entre los requisitos que la convocatoria establece en la sección de “Evaluación y calificación de los proyectos de inversión en la producción”, se considera el de “Propuesta cinematográfica”, que integra la parte de guion o argumento. Este lineamiento recibe un valor de 40 puntos máximos sobre los 100 totales para ser elegible. Las especificaciones de este criterio son únicamente generales en cuanto a la estructura narrativa y relevancia del tema. Sin embargo, este punto es también el más susceptible a la validación o invalidación, ya que se encuentra sujeto a las posturas y afinidades de los evaluadores.
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En este sentido, el tono narrativo de las películas LGBT+ suele significar para sus realizadores una idea sobre la cual hay que repensar e incorporar matices que no resulten problemáticos en la postulación para cualquier estímulo.
“En los primeros años del 2000 sí se lograron cosas importantes en materia de cultura. Se abrieron las puertas para tratar muchos temas en el cine y fue interesante. Pero en los últimos años han surgido barreras que limitan todo lo que hemos logrado. Mis guiones suelen ser explícitos porque es necesario para los actores, para la claridad sobre el trabajo de interacción. Nunca tuve problema con ello. Ahora he reconsiderado estos aspectos debido a los apoyos”, confiesa Hernández.
Para algunos directores, las plataformas de streaming han sido una gran oportunidad para concretar sus proyectos, pero cuando se trata de cintas LGBT+, el mayor reto está en concebir historias que interesen a los directivos de esas empresas. Esto implica desmarcarse de aspectos autorales o propuestas consideradas arriesgadas, y, en cambio, construir narrativas que se ajusten a los objetivos comerciales y al tono de las plataformas para no incomodar a las audiencias.
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Amelia Eloisa, directora de Nunca seremos parte (2022) y Cenizas de leche (2024), filmes en los que aborda la identidad lésbica dentro de núcleos familiares y contextos contemporáneos, explica que conseguir los subsidios privados se vuelve más complicado cuando las historias giran en torno a la homosexualidad femenina: “Es una realidad que el cine lésbico está en notable desventaja, sobre todo por los prejuicios que envuelven a la mujer en sí misma. Las recientes narrativas sobre lesbianas son cuidadosas de no legitimar estereotipos, y eso resulta comercialmente poco atractivo”.
“Una plataforma de streaming me solicitó hacer un pitch para una serie lésbica. Propuse algo sobre una mujer que ya tenía asumida su identidad, por lo que abría paso a sus motivaciones eróticas y encuentros sexuales. Me dijeron que era buena, pero que no mostraba una trama de descubrimiento, y lo que ellos buscaban era la historia de una mujer que justificara su homosexualidad, porque era más dramático y rentable”, relata.
Reivindicar las narrativas
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La representación de las personas LGBT+ en el cine y la televisión fue construida por mucho tiempo a través de la parodia y el estereotipo. Durante la segunda mitad del siglo XX, pocos directores de cine se apartaron de estas imágenes para profundizar en aspectos emocionales e intimistas; o bien, develaron la homofobia y el machismo de la sociedad mexicana, como el caso de Arturo Ripstein o Jaime Humberto Hermosillo. La representación de las poblaciones de la diversidad sexual en la pantalla recurrentemente estuvo asociada con la genitalidad y etapas específicas de la vida, pues numerosas narrativas mostraron sólo personajes jóvenes que exploraban su identidad mediante el sexo, sin mostrar aspectos más complejos. Este rasgo ha sesgado la recepción de nuevas historias. “He notado que nos siguen viendo como el tercer mundo, que esperan de nosotros personajes retorcidos, como con cierto exotismo. El público espera personajes homosexuales que sean muy turbios o que no cuenten cosas profundas”, dice Julián Hernández.
Recientemente, Bruno Santamaría estrenó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes su primera película de ficción, Seis semanas en el edificio rosa con azul. Con este filme, hace una autoficción de la memoria a través de un niño de 11 años, quien descubre, durante los noventa, que tiene sentimientos románticos por su mejor amigo, al mismo tiempo que su padre es diagnosticado con VIH.
Santamaría asegura que llevar al cine perspectivas que el público no espera ver sobre las personas homosexuales o queer genera incomodidad, incluso en espacios donde existe aparente apertura: “En Cannes, a pesar de ser un festival con espectadores que poseen una mentalidad crítica para apreciar diversos temas, sí hubo gente que, al inicio de la proyección, en una secuencia de fiesta en la que las personas, entre ellos niños, se travisten, abandonaron la sala. También hubo asistentes que, me enteré, comentaron que la escena les resultó incómoda, cuando lo único que hace es desarrollar un juego de cambio en la expresión de identidad. Tal respuesta deja ver que aún existe un mundo conservador, que no va a estar cómodo asumiendo la existencia de diversidad de género en las infancias”, cuenta.
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El también guionista asegura que si bien en los últimos años ha incrementado la producción de películas LGBT+, es porque además hay gente de negocios que ha sabido identificar un potencial capitalizable en ellas. No obstante, cuestiona, se interesan siempre que las personas de la diversidad sexual sean introducidas como ornamento narrativo y se les mire de forma superficial. “Sí es un hecho que encuentras contenidos LGBT a lo largo del año, pero no muestran vulnerabilidad o complejidad real de los temas. Más bien son como una reproducción de lo que pasaba antes, pero ahora con tinte LGBT. Abordan el tema como si se tratara únicamente de replicar una fórmula adecuándola a un sello de inclusión”.
Sobre la distribución comercial
Cifras del Anuario Estadístico muestran que de 2017 a 2025 se realizaron 83 películas sobre diversidad sexual (36 de ellas entre 2017 y 2021, año en que se incluyó por primera vez esa sección; 12, en 2022; 12, en 2023; 11, en 2024, y 12, en 2025). Este número resulta ínfimo frente a la realización de cintas con otras temáticas y propuestas narrativas.
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A la luz de estos datos, se observa además que, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE), las películas mexicanas más taquilleras de los últimos cinco años en el cine nacional fueron El mesero (Raúl Martínez, 2021), ¿Y cómo es él? (Ariel Winograd, 2022), Radical (Christopher Zalla, 2023), El candidato honesto (Luis Felipe Ybarra, 2024) y Mesa de regalos (Noé Santillán-López, 2025). Esto revela la marcada tendencia no sólo de las preferencias generales del público, sino también de los criterios en la distribución en cines nacionales: filmes con fórmulas reiterativas a través de narrativas cómicas y melodramáticas clásicas, interpretadas por figuras con presencia en redes sociales y programas reality.
Y en lo que respecta al cine LGBT+, las historias siguen sin llegar al gran público ni parecen tener la prioridad en las listas de distribución.
Sobre esto, Amelia Eloisa señala que, si bien la distribución es un reto para cualquier película, para una de temática LGBT+ llegar a salas comerciales resulta más complicado: “La distribución es difícil, porque las salas están dominadas por empresas que tienen como prioridad vender palomitas y refrescos. Una película gay puede venir de un festival internacional con buenos comentarios o premios, y al día siguiente ser proyectada en una sala, en un día y con un horario en el que no hay afluencia, y esto es sólo por su tema”.
Además, la disponibilidad de cartelera para el cine LGBT+ incrementa en junio, pero se incorpora sólo como parte de una estrategia ejecutada por contexto y celebración, sin garantizar alcance durante los meses posteriores. “Yo no me fio de los propósitos comerciales. Eso me hace pensar que en cuanto no sea necesario, bien podrían desecharse. Lo que pasa con este mes, hace darnos cuenta de que junio es el momento para que esto ocurra y nada más. Mientras la apertura no sea legítima, será solo un maquillaje que en cualquier momento puede desdibujarse”, advierte Santamaría.
Festivales, en lucha por existir no sólo en junio
La realización de festivales de cine LGBT+ representa una elevada inversión de recursos para sus organizadores. Si bien en nuestro país se ofrecen financiamientos, como el que otorga el Programa de Fomento al Cine Mexicano (FOCINE), administrado por IMCINE a nivel federal, o PROCINECDMX, estos también suelen ser inaccesibles.
Alfonso Escandón, organizador del Festival MIX México: Cine, Diversidad Sexual y de Género, explica que obtener recursos gubernamentales se ha vuelto cada vez más complicado debido a que los procesos de selección son poco claros: “Las evaluaciones se hacen a través de un jurado que funciona como un lavatorio de manos para las instituciones. Somos el segundo festival más antiguo de cine en México, después de Guadalajara, y vemos que hay otros con temáticas diferentes y menos tiempo que siempre salen beneficiados para su realización”.
El 17 de mayo de 2025, en el marco del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, la jefa de Gobierno Clara Brugada se comprometió a recuperar el Festival MIX como un referente de la cultura cinematográfica gay en la capital, pero no ha sido así. En los últimos dos años, y a partir de la muerte de su fundador Arturo Castelán, el MIX se ha realizado sin ningún apoyo, pese a que desde hace 31 años mantiene de forma ininterrumpida la mayor proyección de cine LGBT+ en la ciudad.
“En algunos años anteriores sí llegamos a recibir recursos, pero otros no. Nunca fue una constante ni tampoco una seguridad. Nunca hemos sido un festival que sepa que no va a padecer para recibir recursos. No voy a decir que existe una intención expresa por desaparecernos ahora que el fundador no está, pero de que no hay colaboración, no la hay”, dice Escandón.
Canción Diez, organizador del Festival Internacional de Cine Independiente LGBTIQ+ (FICI), que celebra este 2026 su tercera edición, demanda que tales recursos no están dirigidos para que todos los festivales resulten elegibles, aunque se trate de convocatorias abiertas: “Desde el primer año hemos intentado contactar a diversas instituciones y hemos aplicado para obtener recursos, pero no lo hemos logrado. Estos organismos no se interesan en eventos como el FICI por dos motivos: es cine gay y además independiente”.
En mayo pasado, FOCINE publicó los resultados de la convocatoria Apoyo a programas de exhibición de cine mexicano, en los que figuran solo tres proyectos —de los 61 autorizados— completamente enfocados en la difusión de cine LGBT+: Cuarta Muestra Historias de Orgullo (Sonora), Atenas Queer (Veracruz) y Ciclo de Cine de la Diversidad (Jalisco). Por su parte, PROCINECDMX, que ofrece un incentivo de hasta 300 mil pesos mediante la convocatoria Apoyo a la promoción y exhibición del cine mexicano en la Ciudad de México a través de festivales y muestras de cine, seleccionó sólo a un festival de esta temática —de los 15 beneficiados—: la novena edición del Festival Cinema Queer México. El resto de los proyectos elegidos por ambos estímulos giran en torno a temáticas sociales y a otras ya establecidas, tales como la violencia, infancias, migraciones, regionalidades, narrativas de barrio, feminismos y poéticas experimentales.
El Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2025 da cuenta sobre los temas de festivales y eventos cinematográficos durante ese año. En cifras, el documento refiere que de las 292 muestras que se llevaron a cabo, 14 fueron sobre Diversidad sexual o comunidad LGBT+. No obstante, es preciso apuntar que sólo nueve están enteramente enfocadas a exhibir trabajos audiovisuales de esta temática; los otros cinco son festivales que, en su programación, incorporan algún ciclo o categoría para reconocer producciones LGBT+, como el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.
Además de la dificultad para acceder a los estímulos del gobierno, festivales como el FICI enfrentan complejidades para encontrar sitios dispuestos a recibirlos en fechas no coincidentes con el mes de junio. “En junio todos tienen disponibilidad para colaborar con festivales de cine gay, pero lo que resta del año no. En giras que nosotros tenemos fuera de junio, nos reciben solo recintos abiertamente LGBTIQ+. Sin embargo, apenas llega este mes y todo mundo está dispuesto a alojar nuestras proyecciones”, indica Canción Diez.
Los festivales que dan visibilidad a estas temáticas son para muchos directores lugares en donde convergen públicos interesados en sus filmes, así como plataformas que pueden llegar a interesarse en su distribución. Son eventos de oportunidad y resiliencia para este cine, debido a que tienen un interés genuino en proyectar historias de directores consolidados y noveles. Sin embargo, organizadores cuestionan que sólo tengan mayor difusión gubernamental y privada en el mes del orgullo: “El MIX busca proponer a miembros de la diversidad, nombrar una comisión que revise temas vinculados con asuntos LGBT+ desde lo cultural, porque pareciera que tenemos muchos aliados con sus banderitas. Es importante detectar quién se está aprovechando de distintos eventos para cumplir con la cuota o colocar su imagen pública y política. Podemos pensar que hay apertura y aceptación, pero ¿quién es realmente un aliado? Debemos identificar quiénes usan una máscara para continuar con su agenda homofóbica”, expresa Alfonso Escandón.
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