El pasado 7 de junio de 2026, domingo, fue el último día de nuestra querida Edna Lieberman. La conocí gracias a Jaime, padre de Nicole, hija adorada de Edna. Jaime, quien también se nos adelantó en el misterio de la muerte, pertenecía a un taller de escritura creativa, y sus cofrades lo querían mucho.

Él me habló de Edna, y Edna me habló de una novela inédita, Cartas a mi fantasma, que finalmente le publicaron con generosidad Antonio Reyna y Pilar Tapia, artífices de Terracota. Esto ocurrió en 2008.

Cartas a mi fantasma nació de un asombro: el escritor chileno–mexicano Roberto Bolaño la había transformado en personaje y la había incluido en el “reparto” de Los detectives salvajes bajo el nombre de Edna Miller. Ella aparece también, con todo su nombre, en poemas del chileno–mexicano.

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Roberto Bolaño, el autor fallecido en 2003 que marcó a América Latina. Foto: José Molina / El Mercurio
Roberto Bolaño, el autor fallecido en 2003 que marcó a América Latina. Foto: José Molina / El Mercurio

Recuerdo al menos dos grandes momentos literarios en Cartas a mi fantasma (título que, por lo demás, me gusta). Pensé que a la novela le iría bien, y ella confiaba en que un poderosísimo editor catalán le publicaría y difundiría más el libro. El poderosísimo editor la quería mucho, la veía como a una hija y no le publicó el texto. Hace mucho que no lo leo, pero puedo creer que no desmerece en el panorama de la literatura mexicana de este siglo.

En esta novela–testimonio, acaso auto ficción, Edna le habla a Roberto y va deshilvanando sus experiencias a partir de la sorpresa de haberse visto retratada en una novela entretanto tan famosa. Ella, por cierto, le había perdido la pista al escritor (de quien fue novia muy joven) y leyó Los detectives salvajes y los poemas mucho después de que él había muerto (2003).

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Edna estaba inquieta por la falta de proyección de su libro, y le propuse que nos concentráramos en dos ideas nuevas: películas de papel y una novela a cuatro manos que originalmente iba a ser a ocho manos: Los mensajeros.

En 2013 había nacido una tertulia con Edna, Mireya, Rosemary, Sol, Rodrigo y quien esto escribe, y los seis hicimos la primera película de papel en la historia: Boca Ratón–La Habana, cuya primera edición es de 2019. Cada uno de los seis autores asumió un personaje. El argumento tiene como base el populismo en América del Norte, capaz de destruir la democracia; entretanto, Cuba ha sabido aprovechar la abundantísima energía solar, eólica y acuática de que dispone y se ha convertido en una potencia a la altura de Singapur: la gente huye en las noches de Florida a la floreciente isla caribeña. Además, un jefe importantísimo en Florida ha muerto en circunstancias misteriosas, y todo mundo en la península es sospechoso, en especial si se escapa en endebles barcas o pateras rumbo a la libertad y la abundancia isleñas: los seis fugitivos se vuelven sospechosos, incluso para ellos y entre ellos.

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Aquí Edna creó su alter ego Remedios, fumadora como ella, nerviosa como ella, aguda como ella. Y Remedios la acompañó en otros proyectos, como Los mensajeros. El mundo después de Güiquilics. Lo escribimos juntos, nos divertimos mucho y lo firmamos con pseudónimos: allí reapareció Edna Miller.

La historia se resume así: cuatro amigos se encuentran en la fiesta de su generación escolar tras varios años de haber egresado y consiguen un millón de dólares (en aquel entonces, doce millones de pesos) para hacer una película. El productor, que es su amigo y que también está en la fiesta, les pone una condición: tiene que gustarle mucho el guion. Y una segunda: tienen que entregárselo en quince días. Los cuatro amigos inician una búsqueda febril de temas, mientras la vida les plantea ya de por sí un desafío: otro de sus compañeros es presidente de la República y asiste a la fiesta para buscar gente que le ayude a mandar mensajes secretos, ahora que el manejo de redes se ha vuelto muy peligroso por culpa de WikiLeaks. Al menos uno de los cuatro amigos se convierte en paloma mensajera humana y corre peligro de muerte…

En 2022, pasada la pandemia, volvimos escribir juntos. Pergeñamos Aquellas doscientas páginas clasificadas, que toma como tema la noticia de que los hombres más ricos del mundo se obsesionan con ser los Cristóbal Colón del espacio sideral. El hombre más rico en ese momento, que usa un gran sombrero, invita a un grupo de personas (cantantes, poetas, etcétera) a un viaje en su comodísima estación espacial mientras en la Tierra dos potencias se lanzan un par de bombas nucleares: antes se veía la guerra de las galaxias desde la Tierra; ahora se ve la guerra de la Tierra desde la estratósfera. El hijo del hombre quiere presentarle a su nueva novia, pero teme el rechazo del padre. Este último ha invitado al chef Antonio (personaje que creó Edna a partir de sus muchísimos conocimientos culinarios) para que cree el pan universal y la bebida universal; asimismo, ha invitado a una pianista para que componga la música universal: pan, bebida y música, sí, y que toda la especie humana los acepte y los viva como propios.

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El chef Antonio aparece asimismo en La cuarta guerra mundial, película de papel en la que Edna y yo compartimos créditos creativos con seis autores más. Varios de estos autores son estudiantes del diplomado de escritura creativa del Centro de Enseñanza para Extranjeros de la unam.

Edna apoyó siempre a Nicole como actriz. En la próxima entrega hablaré de una obra de teatro, Los Estunmen, que se presentó en los Teatros del Canal de Madrid hace un par de días. A Edna y a Nicole les hubiera interesado muchísimo asistir.

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