, quien falleció este martes en Lima, había cumplido seis jóvenes décadas cuando decidió volver a su ciudad natal tras 34 años de "exilio voluntario" en Europa, porque le agarró "la volvedera", como aseguró que decía uno de sus grandes amigos, el también escritor guatemalteco Augusto Monterroso.

Dueño de un humor fino, afilado como un estilete, y entrañable hasta el tuétano, Bryce deleitó a sus lectores con sus libros, pero también a los que tuvieron la suerte de conversar con él o escuchar alguna de sus conferencias en las que la ironía nunca fue escasa ni ajena la sonrisa melancólica.

Alguna vez, en diciembre de 2003, aseguró que el humor irónico "hace la vida más soportable, te hace más tolerante ante lo intolerante".

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El escritor regresó a Perú el 17 de febrero de 1999 con la intención de retomar un diálogo "interrumpido, pero jamás cortado" con su país, tras ganar poco antes el Premio Nacional de Narrativa de España, por su obra 'Reo de nocturnidad'.

Al bajar del avión, miró a su gran amigo y editor Germán Coronado y, como si se tratara de su entrañable personaje Martín Romaña, dijo: "34 años después estoy aquí de vuelta, hermano". Su equipaje de mano incluyó un libro de Monterroso y un búho que le regaló un amigo español para desearle buena suerte.

El equipaje "pesado" fue enviado en un barco: su biblioteca, una discoteca cargada de boleros y el famoso sillón Voltaire que le regalaron los libreros franceses y que sirvió para fraguar el díptico "La vida exagerada de Martín Romaña" y "El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz".

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Pocos días después contó que ese regreso lo había dejado "despalabrado y desarticulado", al encontrarse una ciudad "caótica y desordenada" que le obligó a convertirse "en un observador". Luego, en Chile agregó que su reencuentro con Lima fue un "vértigo" y un "terremoto interno", y de ahí fue que le agarró "la volvedera".

Un vínculo indestructible

Así, en medio de ese tumulto de impresiones y sentimientos encontrados, Bryce decidió volver a vivir en 2001 durante un tiempo a caballo entre Lima y Barcelona, pero su vínculo con su ciudad natal fue tan complejo como grato, como cuando convocó a 35 mil personas en la Feria del Libro de Lima para firmar ejemplares de "El huerto de mi amada", con la que había ganado el premio Planeta.

Después de una carrera de casi cinco décadas, con más de 30 títulos publicados, y ya con su residencia permanente en Lima, Bryce anunció en mayo del 2019 su decisión de retirarse de la literatura con "Permiso para retirarme. Antimemorias 3".

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Se veía en su ciudad natal "como las ballenas que se alejan mucho de la costa, pero para venir a morir ahí, definitivamente", para hacerlo al lado de sus amigos de la escuela, y se mostró satisfecho de haber cumplido los presagios de sus maestros, que le decían "cuentacuentos".

En una de sus últimas apariciones, el escritor entregó en noviembre pasado el manuscrito original de su novela "Un mundo para Julius" a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

En ese momento de volver la mirada hacia atrás, Bryce recordó su amistad con Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, los otros dos buques insignia de la narrativa peruana contemporánea, y dijo que esa "fue una época muy feliz" de su vida, que terminó este 10 de febrero en la Lima de sus penas y tristezas, pero también de la amistad y los momentos entrañables.

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