19 | JUN | 2019
Crónica de un ritual tecnochamánico en la Estela de Luz
Fotos: Diego Simón / EL UNIVERSAL

Crónica de un ritual tecnochamánico en la Estela de Luz

12/06/2019
00:52
Alida Piñón
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Alrededor de la "Suavicrema" hay una guía de pétalos, un chamán y tres mujeres danzando; el propósito: crear una "poética de unión"

Tres artistas transdisciplinarias están vestidos de blanco al pie de la Estela de Luz, Centro de Cultura Digital. Alrededor hay una guía de pétalos y, en medio, un hombre de la comunidad wixárika se alista para realizar un ritual con fuego e incienso.

En las escalinatas hay decenas de jóvenes que se han acercado para ser parte del evento tecnochamánico que hace unos días causó tanto revuelo en redes sociales.

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El evento fue creado por bioscénica, una compañía transdisciplinaria que crea, investiga, desarrolla y produce proyectos artísticos-expositivos.

Esta institución aborda temáticas relacionadas con el vínculo entre el arte, la ciencia y la tecnología.

Las artistas realizan una danza mientras la Estela de Luz o Suavicrema, según la memoria colectiva, se enciende fragmentadamente al ritmo de los cantos del chamán, la visualización y sonificación de las ondas gravitacionales y rayos gamma -extraídos de una base de datos pública de la NASA-.

El concepto resulta complejo para la mayoría, ya que para algunos espectadores, el evento de tecnochamanismo se reduce a tres mujeres danzando mientras un chamán canta y el monumento se enciende de manera intermitente. 

El “performance paisaje lumínico-sonoro”, con las ondas sobre “un lienzo de 6 x 140 pixeles en la Estela de Luz”.

El viento no permite que el incienso se prenda, impregnar el ambiente con el aroma les toma tanto tiempo que la gente se distrae.

“¿Qué pasaría si pudiéramos “apagar” por un momento nuestra conciencia individual, como un paso previo al mismo proceso pero extendido, con nuestra mente colectiva? Desconectar(nos) de(entre) todo(s) por unos segundos, antes de reiniciarnos, con el necesario y natural ajuste que esto pudiera traer consigo: mental, espiritual, muscular, procesual”, dice la invitación al evento.

Pero es imposible “apagarse”, en el lugar hay murmullos por aquí y por allá, chicos hablando sobre su día, sobre el trabajo, la escuela, curiosos preguntando qué es lo que ocurre y las bocinas de los ambulantes al alto volumen con música que podría ser Miley Cyrus o Katy Perry.

De acuerdo con Minerva Hernández, una de las creadoras del proyecto, la intención era realizar una “poética de unión, de sonoridad, de luminosidad”, con la intención de “generar un ritual en torno a un espacio que echó a andar Grace Quintanilla”, artista transdisciplinaria, quien fuera directora del Centro de Cultura Digital.

En medio de la confusión sobre lo que está ocurriendo, anuncian a los presentes que se podrán manipular las placas de cuarzo de la Estela.

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Se pide a la gente conectarse a la red de internet del CCD para acceder a un sitio de web para que le sea asignada una placa, pero pocos lo logran y apenas media decena elige su placa y la aprende y la apaga sin sentido. El intento de conexión toma otra vez tanto tiempo que la dispersión aumenta y el interés decrece. 

En 2004, dice Minerva Hernández, comenzaron a trabajar en el tema de la empatía, desde entonces han realizado diversos proyectos con el objetivo de “generar un latido colectivo” y “compartir con el otro”. A este tipo de trabajos, dice la artista transdisciplinaria, se le llama tecnochamanismo.

“Lo que hicimos ahora fue el proyecto Empatía 5.1 y trabajamos con una base de ondas gravitacionales que están abierta al público, tienen que ver con los destellos de rayos gama que han ocurrido en los últimos 15 años, esos datos se tradujeron en un paisaje sonoro, se llevaron a una escala pentagónica para tener la armonía que tiene Ramón cuando canta, y todo se tradujo sobre el lienzo que es la Estela de luz.

La idea es usar la tecnología de otra manera, hacer un uso desobediente de la tecnología, queremos impregnarla de emociones”, dice. 

Y agrega: “Las ceremonias, fiestas, rituales, las hacemos todos, y nosotros lo que queremos es hacerlo de manera más íntima y compartirla de manera colectiva. Además, este lugar tiene un peso importante porque lo echó a andar Grace Quintanila, ella se nos adelantó, queríamos brindarle un homenaje. No se trata de un tema de sanación, lo que hacemos es utilizar mensajes encriptados que usan los científicos en sus investigaciones, para generar una poética de unión, de sonoridad, de luminosidad y, sobre todo, tener un pretexto para reunirnos y generar un ritual en torno a un espacio que echó a andar Grace con tanto cariño”.

Las distracciones fueron tantas que el ritual termina y todavía hay muchos que se siguen preguntado qué ocurrió, otros siguen esperando conectarse a la red para ver cómo es capaz de prender y apagar una placa con su celular. La poética de unión no se percibe y Katy Perry sigue sonando en el aire que el canto chamánico limpió.

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