Murales del mercado Abelardo Rodríguez serán reproducidos en Nueva York

29/01/2020
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Sonia Sierra
¿Cómo Rivera, Siqueiros y Orozco cambiaron el arte de Estados Unidos?
Jacob Lawrence, From every Southern town migrants left by the hundreds to travel north., panel 3 from the Migration Series, 1940–41. Casein tempera on hardboard, 12 × 18 in. (30.5 × 45.7 cm). The Phillips Collection, Washington, DC; acquired 1942. © 2019

Murales del mercado Abelardo Rodríguez serán reproducidos en Nueva York

29/01/2020
00:32
Sonia Sierra
Ciudad de México
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El Museo Whitney de NY inaugura en febrero la muestra "Vida Americana", que revisa la influencia de artistas mexicanos

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Cuando en los años 30 Diego Rivera pintaba murales en Nueva York, el artista estadounidense George Biddle le escribió al presidente Franklin D. Roosevelt  para decirle que viera el modelo mexicano para  pagar a los artistas por las obras en muros y le propuso desarrollar un proyecto artístico como el de México en su país.

Para entonces no sólo Biddble sino otros artistas en EU habían quedado impactados por el arte de los muralistas, y había antecedentes de intercambios y encuentros: en 1924, Gertrude Vanderbilt Whitney —a la postre fundadora del Museo Whitney— presentó una  exposición de José Clemente Orozco y Miguel Covarrubias, entre otros, en el Whitney Studio Club. En 1927, una siguiente exposición de Orozco en Nueva York atrajo a artistas como Jackson Pollock y Jacob Lawrence. Tres años más tarde, Orozco pintó en Pomona, California, su mural Prometeo;  por ese entonces, David Alfaro Siqueiros creó tres murales en Los Ángeles, entre éstos América Tropical, que sufrió censura; el pintor tuvo un grupo de colaboradores que llamó “Bloque de Muralistas” donde estaban Fletcher Martin y Philip Guston. A la par, en 1930, en la Ciudad de México, el mercado Abelardo Rodríguez fue un núcleo de experimentación del Muralismo, y de 10 artistas que participaron en el proyecto, cuatro eran estadounidenses: Pablo O’Higgins, Marion y Grace Greenwood e Isamu Noguchi (nacido en Japón).

Años más tarde, en 1936, el Taller Experimental de Siqueiros en Union Square influyó con su arte experimental en la obra de Pollock. Para aquellas fechas, Diego Rivera ya había creado el mural para el Rockefeller Center que los dueños destruyeron, y también el conjunto de murales de Detroit que hoy es eje del Instituto de Artes de esa ciudad.

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Paisaje con Steer 1937 de Jackson Pollock. Foto: © 2019 Pollock-Krasner Foundation / Artists Rights Society (ARS), New York

Todos esos nombres y estas y otras historias confluyen en la mayor exposición del Muralismo que se ha realizado en  Estados Unidos: Vida Americana: los Muralistas Mexicanos Rehacen el Arte Estadounidense, 1925–1945 (Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945), que se exhibirá entre el 17 de febrero y el 17 mayo en el Museo Whitney de NY, para luego presentarse en el McNay Art Museum de San Antonio. La exhibición se centra en la influencia, relación e intercambios de los llamados tres grandes, Orozco, Rivera y Siqueiros, con los estadounidenses.

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Sin duda es una exposición muy relevante en este momento, en medio de una política antiinmigrante y cuando avanza el proyecto de levantar un muro que divida los dos países.  En ese sentido, dice la curadora de Vida Americana, Barbara Haskell, “la exposición demuestra el poder del arte mexicano, así como la creatividad e inspiración que son resultado del intercambio libre de ideas y personas a través de las fronteras”.

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María Izquierdo, My Nieces, 1940. Oil on composition board, 55 1/8 × 39 3/8 in. (140 × 100 cm). Museo Nacional de Arte, INBAL, Mexico City; constitutive collection, 1982. © 2019 Artists Rights Society (ARS), New York / SOMAAP, Mexico City. Reproduction authorized by El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2019

Vida Americana está conformada por más de 200 obras de más de 60 artistas, de colecciones de museos públicos y privados. Más de 60% de las obras son de caballete; se generaron reproducciones de murales creados en los dos países, y con recursos tecnológicos se reproducen y agrandan detalles de las obras.

Por ejemplo, explica la curadora asistente, Marcela Guerrero, se creó una videoinstalación que introduce al público al ambiente del Mercado Abelardo Rodríguez; se expondrán reproducciones de Prometeo,  de Orozco; América Tropical, de Siqueiros, y de El hombre controlador del Universo, que Rivera hizo para Bellas Artes,  tras la destrucción del mural del Rockefeller Center. Se hicieron reproducciones del mural del Museo Regional de Michoacán, La lucha contra la guerra y el fascismo, que crearon Philip Guston, Reuben Kadish y J. H. Langsner, en 1935. 

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José Clemente Orozco, Prometheus, 1930. Fresco, 20 ft. × 28 ft. 6 in. (6.1 × 8.7 m). Pomona College, Claremont, California. © 2019 Artists Rights Society (ARS), New York / SOMAAP, Mexico City

El INBAL prestó 15 obras de los museos Nacional de Arte, Carrillo Gil y de Arte Moderno. El Museo Anahuacalli participa con el préstamo de dos de los estudios de Rivera, de 1932, para el mural en el Rockefeller Center, y otro estudio de Rivera para su serie Retrato de América. Otra de las grandes piezas en exhibición será un video que muestra cómo Rivera creó las obras en Detroit. Marcela Guerrero detalla: “Henry Ford, que comisionó esos murales de Detroit, estaba obsesionado por saber todos los detalles y tenía un camarógrafo que grabó a Rivera todo el tiempo;  es una película hermosísima en blanco y negro”.

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Estudio de "El hombre en el cruce de caminos", de Diego Rivera. Foto de Bob Schalkwijk. Museo Anahuacalli, Banco de México, Fiduciario en el Fideicomiso relativo a los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo. 

Se expondrán también frescos portátiles, películas, esculturas, grabados, dibujos y fotografías; son nueve secciones temáticas.

“No es una historia sobre Nueva York y Los Ángeles”.  “La exhibición —dice Guerrero— busca demostrar que cuando los muralistas vinieron a Estados Unidos trabajaron con muchos artistas de aquí, y de esa manera migraron las ideas acerca de la importancia de  crear arte en muros, en paredes públicas, donde la gente pudiera verlos y con eso captar esas ideas. Esta no es una historia sobre Nueva York y Los Ángeles; abarca también Detroit, Pomona, New Hampshire...” Añade que esta historia del Muralismo no es la de un arte estático: “Contamos otra historia, la de la gran diseminación que hubo de los murales”.

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A principios del siglo XX, el modelo que se conocía en Estados Unidos era el europeo, y los estadounidenses buscaban su propio lenguaje: “El arte estadounidense no era famoso,  lo que importaba era lo que estaban haciendo Picasso, Duchamp, Matisse. Ahí es cuando muchos de estos artistas se dan cuenta de que está este otro modelo, el de los Muralistas. No se ha reconocido en Estados Unidos lo importante, lo íntegro que era para tener ese otro modelo al que mirar. Lo que me emociona muchísimo es mostrar al público del Whitney que para entender el arte de Estados Unidos en el siglo XX tenemos que mirar al sur, a nuestros vecinos mexicanos”.

Otro detalle que las curadoras señalan es la importancia que Rivera y los demas muralistas tuvieron para artistas afroamericanos —es el caso de Charles White— y para mujeres, por ejemplo Elizabeth Catlett, quien vivió fue integrante del Taller de Gráfica Popular, y vivió y murió en Cuernavaca (2012). Lo mismo que para japoneses-americanos como Isamu Noguchi y Eitaro Ishigaki, que colaboró con Diego Rivera y del que no se conoce mucho.

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Diego Rivera, The Uprising, 1931. Fresco on reinforced cement in a galvanized-steel framework, 74 × 94 1/8 in. (188 × 239 cm). Collection of Marcos and Vicky Micha Levy. © 2019 Banco de México Diego Rivera Frida Kahlo Museums Trust, Mexico, D.F. / Artists Rights Society (ARS), New York

Artistas como White encontraron en el Muralismo una opción para mostrar las injustificas sociales, dice la curadora Marcela Guerrero. Y Bárbara Haskell apunta: “Para artistas afroamericanos en particular, el Muralismo mexicano ofreció un importante modelo de un tipo de arte cuya temática era la lucha contra la opresión y la injusticia. Tomaron inspiración de la representación llevada a cabo por los mexicanos de la historia mexicana como una trayectoria desde la opresión hacia la resistencia y la liberación”.

Si bien este arte tuvo un gran impacto, en la segunda mitad del siglo XX todo cambió. ¿Qué pasó? La curadora Barbara Haskell responde: “Después de la Segunda Guerra Mundial, la abstracción se volvió la modalidad dominante en los Estados Unidos. El arte figurativo y político fue considerado retrógrada por los críticos líderes, quienes ejercían una influencia tremenda sobre el modo en que el arte era apreciado. Como resultado, el arte de los artistas mexicanos sufrió. Adicional a esto, se comenzó a sospechar de las temáticas nacionales en los años de la posguerra debido al modo que la Alemania Nazi había utilizado temas nacionales para promover una agenda fascista. Finalmente, el Comunismo se convirtió en el enemigo de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. La asociación de artistas mexicanos con la ideología comunista redujo su atractivo en dicho país, particularmente entre los conservadores”.

nrv

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