Arte que construyó el luto por Ayotzinapa

Exposiciones, obras de teatro, libros y documentales a lo largo de cinco años forman la memoria de la tragedia de los 43 estudiantes desaparecidos

Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
El artista Francisco Toledo voló papalotes con los rostros de los normalistas; fue un acto que evocó una tradición del Istmo. Foto/ARCHIVO EL UNIVERSAL
Cultura 24/09/2019 00:20 Sonia Sierra Actualizada 17:04

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De los papalotes con los rostros de los 43 desaparecidos que voló Francisco Toledo hasta sus imágenes coloridas en legos de la pieza del artista chino Ai Weiwei. Sus rostros son la imagen de Ayotzinapa que se ha multiplicado en el mundo.

Desde octubre de 2014, la reacción de artistas y escritores a los trágicos hechos de Ayotzinapa fue inmediata: murales, acciones poéticas, performances, obras de teatro, documentales, libros, instalaciones y exposiciones han sido formas de evidencia y denuncia, investigación en busca de la verdad, elaboración del duelo y representación visual, crítica y dramática de una de las mayores tragedias ocurridas en la historia de México. Los artistas han llevado esos rostros más allá de las fronteras del lenguaje artístico.

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Imagen del documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga. Foto/CORTESÍA: ENRIQUE GARCÍA MEZA
 

“Ayotzinapa”, de David Huerta, es un poema que le encargó en 2014 Francisco Toledo para una instalación de Día de Muertos en el MACO. El propio Huerta considera que esos versos ya no le pertenecen: “Son de la comunidad que apoya solidariamente, en el mundo entero, a los padres de los normalistas asesinados y desaparecidos en Iguala”. El poema fue divulgado por el blog londinense Asyomptote, que lo publicó en varios idiomas, por iniciativa de la editora Sophie Hughes.

En diciembre de 2014, Toledo voló en Oaxaca papalotes con los rostros de los 43 estudiantes. Decía que la acción “se hizo recordando que en el Istmo oaxaqueño se vuelan papalotes para que las almas bajen a través del hilo; como suben tanto, las almas bajan”.

 

Para el curador en jefe del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Cuauhtémoc Medina, lo que hizo Toledo fue “salir del marco normativo de lo que entendemos por protesta en México. Desafió el mito social, atrajo una práctica que está en relación con la cultura —esa sí indígena— mostrando cómo se expresa el luto. Esa pieza, inolvidable, ha cambiado el régimen de representación”.

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El artista chino Ai Weiwei presenta en el MUAC los rostros, hechos con piezas de lego, de los estudiantes desaparecidos en 2014. Foto/ARCHIVO EL UNIVERSAL
 

La obra Nivel de confianza, de Rafael Lozano-Hemmer, es otra pieza memorable en torno de Ayotzinapa. El artista revirtió usos de la tecnología de vigilancia —diseñada para buscar culpables, la utilizó para buscar a las víctimas— y puso en duda la creación de una obra de arte en torno de una tragedia. La pieza funciona a partir de un software y una pantalla frente a la cual se ubica el espectador; el sistema hace un reconocimiento facial y le compara con los 43 estudiantes, buscando con cuál de ellos coinciden más los rasgos de ese espectador. Esta pieza ha sido distribuida en más de 50 fundaciones, bibliotecas y universidades, y vendida a dos colecciones —MUAC y Giverny de Montreal—; todos los recursos generados han sido para apoyar a las familias y a Amnistía Internacional. Lozano-Hemmer no habla de ella como obra de arte sino como estrategia política y crítica: “No tiene que ver con las propuestas estéticas. Quiero distanciarme de la forma como algunos artistas hacen un arte oportunista con estas tragedias. Lo interesante para mí es la idea de que el artista es un ciudadano y que como ciudadano reacciona a lo que tiene alrededor”.

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Las lágrimas de Edipo, obra de teatro dirigida por Hugo Arrevillaga. Foto/ ESPECIAL.
 

Ante el caso de Ayotzinapa, el MUAC ha recibido a los padres de los 43, promovido encuentros, exposiciones y otras bajo un concepto más amplio, como No me cansaré, cuyo nombre derivó del hashtag #nomecansare que surgió de la frase del exprocurador Jesús Murillo Karam: “Ya me cansé”.

Las dos grandes exposiciones en el MUAC han sido las de Forensic Architecture y la de Ai Weiwei, que aún se expone. “Forensic generó una plataforma digital extremadamente ambiciosa, a partir de los datos sobre esa noche en Iguala y tiene una conclusión evidente: mostrar visualmente la imposibilidad de la llamada ‘verdad histórica’”, explica Medina.

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Exposición de Forensic Architecture, en el MUAC. Foto/ARCHIVO EL UNIVERSAL.

En buena medida, cuenta el curador, la intervención de Forensic motivó que Ai Weiwei creara la obra que presenta en el Museo, “ese doble abordaje de la violencia estatal en China y México, en el marco de un contexto histórico”. Hubo en el Centro Prodh un encuentro no planeado entre Ai Weiewei y los padres de los 43, y eso lo llevó crear las piezas de la exposición y realizar un filme que se exhibirá en 2020.

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Nivel de confianza, de Rafael Lozano-Hemmer. Foto/CORTESÍA: RAFAEL LOZANO-HEMMER.
 

En pantalla. Ayotzinapa, el paso de la tortuga, cuenta el director Enrique García Meza, es un documental que comenzó a realizar a unos cuantos días del 26 de septiembre de 2014. Producido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro, el documental sigue llegando a comunidades apartadas donde le piden al director su exhibición, también se exhibe actualmente en Netflix.

“No queríamos hacer un panfleto. Me siento un poco frustrado, quería que el documental abrazara a los papás, pero la mitad no lo ha visto; dicen: ‘No lo quiero ver porque voy a chillar; no quiero ver a mi hijo ahí... pero agradezco lo que has hecho’. Quise ser muy cuidadoso, no se trata de promocionarme, es promocionar Ayotzinapa, y esta historia”, recuerda el director.

En el teatro, la obra Las lágrimas de Edipo relaciona el mito griego de Edipo, ciego, con otra de las tragedias de Iguala, la de Julio César Mondragón, el normalista que fue desollado.

“El caso Ayotzinapa significa muchas cosas —afirma Cuauhtémoc Medina—: fue el momento en que la distancia e indiferencia social se quebró. Ligó el momento de protesta y producción cultural, y se ha vuelto referente mundial, y piedra de toque del juicio al gobierno de Peña, caracterizado por una mezcla de desidia, falta de empatía y el racismo y clasismo con que se aborda la violencia en este país. Tenemos una clara diferenciación de aquellas vidas sobre las que se llora y las que no. Ayotzinapa ha sido muy importante en la historia de la representación, es un caso que tiene que ver con la importancia de la relación entre política y visualidad en redes, y el modo en que las imágenes están construyendo nuestro tiempo. La brutal e incomparable imagen del desollado, Julio César Mondragón, es uno de los hechos más significativos en la historia visual de este país. Es la vergüenza que este país representa. Su rostro es uno de los resúmenes más inmediatos de lo que este país significa”.

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