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De los papalotes con los rostros de los 43 desaparecidos que voló Francisco Toledo hasta sus imágenes coloridas en legos de la pieza del artista chino Ai Weiwei. Sus rostros son la imagen de Ayotzinapa que se ha multiplicado en el mundo.

Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
Arte que construyó el luto por Ayotzinapa

“Ayotzinapa”, de David Huerta, es un poema que le encargó en 2014 Francisco Toledo para una instalación de Día de Muertos en el MACO. El propio Huerta considera que esos versos ya no le pertenecen: “Son de la comunidad que apoya solidariamente, en el mundo entero, a los padres de los normalistas asesinados y desaparecidos en Iguala”. El poema fue divulgado por el blog londinense Asyomptote, que lo publicó en varios idiomas, por iniciativa de la editora Sophie Hughes.

Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
Arte que construyó el luto por Ayotzinapa

Ante el caso de Ayotzinapa, el MUAC ha recibido a los padres de los 43, promovido encuentros, exposiciones y otras bajo un concepto más amplio, como No me cansaré, cuyo nombre derivó del hashtag #nomecansare que surgió de la frase del exprocurador Jesús Murillo Karam: “Ya me cansé”.

Arte que construyó el luto por Ayotzinapa
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En pantalla. Ayotzinapa, el paso de la tortuga, cuenta el director Enrique García Meza, es un documental que comenzó a realizar a unos cuantos días del 26 de septiembre de 2014. Producido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro, el documental sigue llegando a comunidades apartadas donde le piden al director su exhibición, también se exhibe actualmente en Netflix.

“No queríamos hacer un panfleto. Me siento un poco frustrado, quería que el documental abrazara a los papás, pero la mitad no lo ha visto; dicen: ‘No lo quiero ver porque voy a chillar; no quiero ver a mi hijo ahí... pero agradezco lo que has hecho’. Quise ser muy cuidadoso, no se trata de promocionarme, es promocionar Ayotzinapa, y esta historia”, recuerda el director.

En el teatro, la obra Las lágrimas de Edipo relaciona el mito griego de Edipo, ciego, con otra de las tragedias de Iguala, la de Julio César Mondragón, el normalista que fue desollado.

“El caso Ayotzinapa significa muchas cosas —afirma Cuauhtémoc Medina—: fue el momento en que la distancia e indiferencia social se quebró. Ligó el momento de protesta y producción cultural, y se ha vuelto referente mundial, y piedra de toque del juicio al gobierno de Peña, caracterizado por una mezcla de desidia, falta de empatía y el racismo y clasismo con que se aborda la violencia en este país. Tenemos una clara diferenciación de aquellas vidas sobre las que se llora y las que no. Ayotzinapa ha sido muy importante en la historia de la representación, es un caso que tiene que ver con la importancia de la relación entre política y visualidad en redes, y el modo en que las imágenes están construyendo nuestro tiempo. La brutal e incomparable imagen del desollado, Julio César Mondragón, es uno de los hechos más significativos en la historia visual de este país. Es la vergüenza que este país representa. Su rostro es uno de los resúmenes más inmediatos de lo que este país significa”.

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