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El barítono mexicano Alfredo Daza, cuya carrera se forjó principalmente en Alemania, en la Staatsoper Unter den Linden, considerado como una de las más importantes casas de óperas alemanas, regresó a México tras casi 20 años de ausencia para protagonizar la ópera Macbeth de Verdi, en el Palacio de Bellas Artes.

Daza se despidió en junio pasado de la que fue su casa de ópera por 15 años y en donde fungió como Primer Barítono. En su debut en el rol de esta tragedia shakesperiana, el público mexicano descubrió a un cantante maduro, con una bella voz oscura y una fuerza interpretativa.

Esta nueva producción de la Compañía Nacional de Ópera contó con la dirección concertadora del maestro Marco Guidarini y Pablo Varela como director huésped del Coro del Teatro de Bellas Artes, y con la dirección escénica de Lorena Maza.

Además se ofreció la versión original, estrenada en Florencia en 1847, muy pocas veces representada y que, a diferencia de la versión posterior estrenada en 1865, hace mayor énfasis en la dramaturgia y da un carácter más crudo y pasional. Asimismo incluye el aria de final de Macbeth, antes de morir, “Mal per me che m'affidai”.

Destaca el diseño de escenografía e iluminación de Alejandro Luna, un creador que consigue que el espacio y la luz sean columna vertebral del montaje. Las grandes escenas de muerte y violencia no tendrían el dramatismo y el poder sin el trabajo del arquitecto y escenógrafo que, en esta producción, regresa a la ópera.

La soprano Csilla Boross como Lady Macbeth, más conocida en Hungría y en Italia, con poca presencia en América, no ofreció una protagonista a la altura del gran personaje. Es ella quien desata la locura por el poder de Macbeth, es su ambición por la primera piedra de la gran tragedia; pero la soprano gritaba, quizá para enaltecer lo que no tenía y compensar el torpe trazo escénico que se le impuso.

Una gran sorpresa fue el tenor mexicano José Manuel Chú como Macduff, cuya presencia se impuso.

Respecto al trabajo de Eloise Kazan en el de vestuario, resultó inquietante que a Macbeth le haya recortado las piernas con el pantalón y las botas elegidas, y que las brujas con guantes rojos hayan sido más idóneas para un espectáculo de música pop. Y a la coreógrafa Lydia Romero se le debe ese aquelarre irrisorio.

La ópera Macbeth, que se sitúa en la corte de Duncan, rey de Escocia, y que expone la encrucijada a la que se enfrentan Macbeth y Banquo, generales leales al trono y que después de regresar victoriosos de campaña son interceptados por un grupo de brujas cuyos vaticinios marcan de forma fatal sus vidas y el destino de todo el reino, tuvo una gran recepción del público. Se presentará el 18, 20 y 23 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes.

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