La caja chica de los presidentes

Ricardo Homs

Hace muchos años se decía que PEMEX era la caja chica del presidente en turno, lo cual evidenciaba la discrecionalidad con la que se manejaban los recursos de la paraestatal.
El descubrimiento hoy de la gran corrupción imperante en PEMEX, para el robo de hidrocarburos, pone al descubierto que los magros resultados de los últimos años tienen que ver más con el saqueo y derroche que con problemas de mercado.
Ana Lilia Pérez es una periodista que se ha especializado en el tema PEMEX y cuyos testimonios, producto de la investigación, pueden ser una gran ayuda para entender no sólo el huachicoleo, sino el tema de la corrupción gubernamental.
Según se desprende de sus investigaciones, realizadas para su libro “El cártel negro”, publicado en 2011, desde entonces, esta paraestatal era saqueada de modo abierto, llevándose una doble contabilidad para maquillar oficialmente el robo de hidrocarburos, desde los puestos de control de la distribución del combustible, lo cual realizaba personal sindicalizado con el contubernio, o quizá participación de los altos directivos.
Su último libro, PEMEX… RIP, que salió al mercado en 2017, ya la da como una empresa pública sin viabilidad financiera. Lo asombroso es que en tantos años no se haya dado una voz de alerta y que incluso, se haya utilizado el robo de combustible por parte del crimen organizado como un distractor para desviar la atención del robo interno, perpetrado por personal de la misma institución.
Para conocer más sobre los testimonios de esta periodista, que ha recibido el Premio Nacional de Periodismo, basta con poner su nombre en un buscador de teléfono o computadora y podrá usted incluso escucharla narrar lo que fue encontrando en sus investigaciones a lo largo de los años.
Definitivamente si se pretende poner un alto a la corrupción, primero debe hacerse un estudio puntual, realizado por una empresa profesional de auditoría y atacarse la impunidad, para fincar responsabilidades a todos los niveles de la estructura gubernamental que participaron y del sindicato.
Perdonar este abuso significa perpetuar la impunidad.
¿Usted cómo lo ve?
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