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Si en mayo de este año me hubiesen preguntado ¿ves a Pachuca para campeón? Mi respuesta inmediata hubiera sido: sí. Sin lugar a duda. Si la pregunta hubiese sido la misma, pero sobre Chivas, mi respuesta hubiera sido: no.
Hace seis meses, el balón en la Liga MX Femenil tuvo su primera rodada. La Copa de la Liga era un buen primer escenario para que los 16 equipos que participarían en el primer torneo oficial femenil en México midieran el nivel de sus rivales y ajustaran piezas de cara al campeonato.
Pachuca fue contundente, arrollador, fue el equipo que mejor versión mostró previo al Apertura 2017. Las chicas de Eva Espejo no sólo se proclamaron campeonas, se colocaron como el equipo a seguir y el rival a vencer.
La historia para Chivas fue diferente. El conjunto rojiblanco tuvo una muy mala experiencia en el torneo de Copa. De mala a pésima fue su participación, pero —al volver a casa— Luis Camacho supo perfectamente lo que tenía que hacer, le había quedado claro que su plantel estaba corto y que si pretendía aspirar a algo en el torneo tenía que reforzarse, y eso fue lo que hizo.
Dos equipos con historias muy distintas pelearán por el primer trofeo de la Liga MX Femenil. Los caminos andados fueron diferentes. Pachuca tuvo que mantener su etiqueta de favorito y pelear por la final contra un duro rival, Tigres. Chivas tuvo que andar contra corriente, gritar su presencia en el torneo con tremendas y sigilosas actuaciones. Vino de menos a más llegando a las últimas jornadas con una fortaleza anímica envidiable, misma que utilizó para dejar fuera al equipo obligado a campeón, las Águilas del América.
El final está a punto de escribirse, la historia sobre el primer equipo femenil campeón que un día contaremos aún no termina. Llena de emoción la expectativa que genera, la forma en que los aficionados a cada equipo se han volcado con sus nuevas ídolos. No existe favorito, el duelo será a dos juegos, la intensidad no tendrá límite y el gran ganador será definitivamente el futbol femenil de nuestro país.
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