Estrategia atinada: primero seguridad y combate a la corrupción; después, la economía

Óscar Mario Beteta

La Cuarta Transformación que se propone llevar a cabo Andrés Manuel López Obrador es mucho más que eso. La proyección de su empeño, apunta a la refundación del Estado, pues ostensiblemente el Pacto Social, que se apoya en el Derecho, está roto. No cumple su premisa esencial de salvaguardar la vida y los bienes del ciudadano.

Los cortes históricos que suelen hacerse comprenden hechos importantes, pero los marca especialmente uno, que determina el fin de una era y el inicio de otra, como el Renacimiento y la Ilustración, que pusieron al hombre en el centro de todo y elevaron al cenit la razón, el racionalismo y el humanismo.

Muchos acontecimientos han marcado a México, pero algunos lo han definido o redefinido. Y si se asumen los que el presidente toma como antecedentes de su propuesta política, se pueden establecer de la siguiente manera:

La primera transformación se identifica con la Guerra de Independencia, que se da entre 1810 y 1821. Fue el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo y en el que participaron otros muchos patriotas para liberar a México después de 300 años de Conquista. Esta, en rigor, fue la fundación del Estado mexicano.

La Segunda transformación comprende la Guerra de Reforma y va de 1858 a 1861. En esta ocurre la transición de la estructura política de la Colonia al Estado nacional con la promulgación de la Constitución de 1857. Con la Leyes de Reforma, Benito Juárez separa a la Iglesia del Estado, lo que reafirmó esta entidad política.

La Tercera transformación fue la Revolución Mexicana, que abarca de 1910 a 1917. Fue el conflicto armado contra la tiranía de Porfirio Díaz. En ese momento, propiamente, se establece el Estado “democrático”, proceso en el que Francisco I. Madero fue el factótum.

Al final de ese proceso, se promulgó la Constitución de Querétaro, que rige actualmente y que ha dado paz, estabilidad y cierto desarrollo al país.

De entonces a la fecha, destaca sobremanera Lázaro Cárdenas, por toda su obra, coronada por la nacionalización del petróleo. Con él, se completa el grupo arquetípico de los héroes nacionales que inspiran la actuación de AMLO.

Aun con lo arbitrario de las periodizaciones, México fue fundado y reconfirmado como Estado Nacional y como país democrático en dos siglos. Pero se lo extravió en las últimas tres décadas por el modelo económico, que abrió las puertas a las calamidades más dolorosas que lo atormentan ahora.

De estas, las más agobiantes cuanto urgentes de resolver, son la inseguridad y la corrupción, raíz de otros fenómenos igualmente perniciosos que inhiben el funcionamiento y la funcionalidad del país.

Aunque AMLO plantea su más ambicioso propósito gubernamental como transformación, lo que subyace en ella es la refundación del Estado por cuanto que, lo primero de lo que quiere dotarla, es de seguridad. Sin ésta, aquél no existe.

Para eso, se empeñó en crear la Guardia Nacional. Al aprobarla, los congresistas, que encarnan la soberanía popular, sentaron las bases de un Nuevo Pacto Social. Cediendo la voluntad de cada ciudadano que representan, dieron paso a la formación de una voluntad general en la que todos pueden recuperar la libertad como primer bien de la seguridad.

De alcanzarse este propósito, casi en automático se generaría un nuevo impulso a la economía, sustentado en la credibilidad, la confianza y esperanza, producto de haber resuelto lo que más agobia, maltrata y ofende a la población, que es la inseguridad y la corrupción.

SOTTO VOCE.... Declaraciones temerarias y delicadas, las de Marko Cortés. Tendrá que presentar pruebas… ¿Será que el desmantelamiento de Pemex finalmente se reduce al negocio de la importación de gasolinas en esa empresa? El abandono de las seis refinerías es una traición histórica a los mexicanos.

[email protected] @mariobeteta

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