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Por el norte y por el sur, Estados Unidos ha comenzado a invadir a México. Lo hace por interpósitas personas. Con los migrantes a los que echará y los que estacionará en nuestro territorio.
A corto-mediano plazo, esa irrupción será insostenible y explosiva; costosa e incontrolable. Nos colocará en una situación calamitosa y precaria; débil y vulnerable. Problema histórico, inédito, indescifrable.
Inmerso en esa pesadilla migratorio-arancelaria, político-diplomática, México parece atrapado y sin salida.
Para llevarnos a la situación más delicada en la que nos haya colocado en toda nuestra relación geopolítico-diplomática-comercial, incluido el despojo de la mitad del territorio, en 1848, Estados Unidos tiene una carta As: la imposición, a fortiori, del status de tercer país seguro (TPS).
Con base en esta figura, Donald Trump juega a frenar la migración, mantener el nivel de vida de sus conciudadanos, aligerar cargas al gobierno generando todos los apuros y conflictos posibles a su vecino y, lo más inmediato e importante para él: asegurar su reelección.
La resultante previsible de esta siniestra estrategia, cuya concreción es altamente probable puesto que es lo único que le interesa y lo puede imponer con la presión de los aranceles, sería la reafirmación de Norteamérica como hegemonía absoluta, indiscutible y permanente.
En los hechos, su voluntad ha comenzado a concretarse con la expulsión de 50 mil migrantes que deberán esperar aquí hasta que Estados Unidos responda a su solicitud de asilo, lo que puede llevar meses, años o quedar congelada.
En esa perspectiva, estarán también los migrantes que logren cruzar el sur mexicano. Con las obligaciones que asumiría como TPS, el gobierno se obligaría, por acuerdo de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, firmado en Ginebra en 1951, a garantizarles el derecho a no ser repatriados, con lo cual pueden permanecer aquí indefinidamente. Estados Unidos se olvidaría del asunto.
Y si además les debe proporcionar vivienda, seguridad social, servicios médicos, empleo, educación y darles la oportunidad de reunificación familiar, se arraigarían. Estarán mejor que en su país. Reclamarán más derechos. Incapacitado para darles respuesta, de tercer país seguro, México se convertiría en primer país inseguro.
La negativa de México de convertirse en TPS, es loable. Pero parece insostenible. Trump tiene los aranceles para hacer su capricho. El daño derivado de cualquier opción que se tome, apunta a ser desastroso.
¿Hay solución?
Hay que intentarlo todo. Si México quiere zafarse de la pinza en la que lo atrapó Trump, podría encontrar un escape apelando a la denuncia. La denuncia, en Derecho internacional, es la declaración unilateral por la cual un Estado retira su adhesión a un tratado internacional, cesando la relación obligatoria y los compromisos que lo vinculan a él. Es un ejercicio de soberanía y obedece a razones propias de los estados.
Donald Trump no respeta leyes, instituciones, ni acuerdos, pues no tiene ética. Su actuación es despectiva y cínica. Pero si México apela a esa posibilidad legal, podría atenuar su negativa de ser TPS, ganar tiempo y reformular su estrategia para evitar más daños.
Esta, es una hora de asedio contra México. Por eso, es una hora de obligada unidad de todos en torno al presidente Andrés Manuel López Obrador y al canciller Marcelo Ebrard.
SOTTO VOCE… La criminalidad en todo el país, que hoy azota especialmente a la CDMX, refleja un Pacto Social roto, pues simplemente no hay garantía para nadie sobre su vida y sus bienes…Por tercera vez consecutiva, Quirino Ordaz Coppel, es el gobernador mejor evaluado de la encuesta México Elige…Alejandro Moreno Cárdenas, incuestionablemente, será el próximo líder del PRI…Que los principales cárteles que operan en México, están reclutando a miembros de la Mara Salvatrucha de El Salvador que llegan en “calidad” de refugiados.
ombeluniversal@gmail.com @mariobeteta
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