La traición de AMLO a los empresarios

Mario Maldonado

Como candidato, como presidente electo y ahora como presidente en funciones, Andrés Manuel López Obrador les ha mentido a los empresarios mexicanos, particularmente a los que construyen el aeropuerto de Texcoco. A pesar de que ha sentado con ellos y les ha ofrecido su palabra; en la plaza pública, frente a sus fieles, ha cambiado su discurso sin importarle nada. Les ha demostrado que ante sus votantes no hay acuerdo que valga.
 
Cuando durante su campaña a la presidencia aseguró que el aeropuerto de Texcoco no se terminaría de construir, porque era una obra ‘faraónica’ que entrañaba corrupción, el empresario más rico del país, Carlos Slim, salió a hacerle frente públicamente. “Es un error cancelarlo”, dijo. “En mi vida he visto un proyecto que pueda tener tanto impacto económico y detonador”.
 
No pasaron ni tres horas de aquella conferencia cuando el tabasqueño declaraba a los medios, sin empacho alguno, que Slim era un emisario de la ‘mafia del poder’. Luego, le soltó abiertamente: “Si es, como dice él, un buen negocio, pues que lo haga con su dinero… se le puede dar la concesión, pero que el dinero del pueblo no se malgaste”.
 
La posibilidad de que el proyecto se diera en concesión a la iniciativa privada parecía un gesto de sensatez del entonces candidato. Pero sólo fue “atole con el dedo” para el multimillonario mexicano, como había sucedido antes con el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón, a quien le propuso mesas técnicas para analizar la viabilidad del proyecto y terminó haciendo una consulta pública a modo.
 
"Vamos a revisar técnicamente el proyecto, sin asustar a nadie; propongan a cinco técnicos de ustedes, cinco del gobierno, cinco de nosotros, que se haga la revisión y con toda honestidad, si procede o no procede", dijo AMLO. No hubo mesas de análisis, pero se le encargó al Colegio de Ingenieros y a otros grupos técnicos hacer la evaluación, la cual determinó que Texcoco era el lugar más viable para situar un nuevo aeropuerto.
 
López Obrador se pasó el dictamen por el arco del triunfo y llamó a una consulta pública para que “el pueblo sabio” decidiera si seguir la obra en Texcoco u optar por ampliar el aeropuerto de Santa Lucía. Antes, les tiró línea: “Déjenme ser imparcial por esta vez: si se hacen esas pistas en Santa Lucía hay un ahorro de más de 100 mil millones”.
 
Tras el resultado de la consulta, AMLO envió a sus colaboradores Alfonso Romo, Carlos Urzúa y Javier Jiménez Espriú a iniciar la operación cicatriz con los contratistas de la obra. Los emisarios del presidente convocaron a los empresarios (puro peso pesado) a una comida para sellar lo que mi colega Salvador Camarena bien describió como el ‘Pacto de la Alcachofa’.

Fue el 5 de noviembre, en el restaurante Corazón de Alcachofa de Polanco, donde se acordó que los contratos, por cerca de 100 mil millones de pesos, se respetarían y los contratistas obtendrían el mismo volumen de obra que tenían en Texcoco en Santa Lucía.
 
A la reunión acudieron Carlos Hank Rhon, de Grupo Hermes; Olegario Vázquez Aldir, de Prodemex; Hipólito Gerard, de GIA+A; Guadalupe Phillips, CEO de ICA; Héctor Ovalle, presidente de Coconal; y Juan Diego Gutiérrez Cortina, de Epccor. Los dos primeros, dicho sea de paso, forman parte su nuevo Consejo Asesor Empresarial.
 
El pacto de palabra fue que los empresarios construirían las dos pistas nuevas, el edificio terminal y la infraestructura adicional para habilitar comercialmente al aeropuerto militar de Santa Lucía. Ese acuerdo fue suficiente para que el equipo de AMLO aplacara a los empresarios y se enfocara en su verdadero problema: los tenedores de bonos.
 
Como se supo el miércoles, finalmente la Secretaría de Hacienda alcanzó un acuerdo con los bonistas, tras ofrecerles, literalmente, las perlas de la virgen: les pagó, intactos, los 100 dólares a los que compraron cada bono (a pesar de que antes del anuncio de cancelación cotizaban por debajo de los 90 dólares) y les ofreció un rendimiento de 10%.
 
Al presidente le importa más quedar bien con los inversionistas internacionales que con los empresarios mexicanos, a quienes ya les mandó a decir que siempre no, que no van a construir el aeropuerto de Santa Lucía porque ya se lo entregaron a los ingenieros militares. Que tal vez en otros proyectos, como los petroleros o carreteros, pero que el ‘Pacto de la Alcachofa’ fue un engaño, una traición.
 
Pemex y el gas en enero
En temas energéticos, urge que México se libere de la dependencia de gas natural que tiene actualmente con Estados Unidos y acelere la regasificación del sureste, con la contratación de una unidad flotante de almacenamiento, así como la habilitación y construcción de un sistema de transporte de combustible para el puerto de Pajaritos, en Coatzacoalcos.
 
Esto viene a colación porque hace casi seis meses, MGC México SA de CV y Mex Gas Supply SL, filiales de Pemex, convocaron al concurso internacional privado en el que se interesaron 52 empresas, con el fin de llevarse a cabo el contrato que incluye diseño, construcción y mantenimiento de un gasoducto con capacidad de 600 millones de pies cúbicos diarios.
 
No obstante, la administración de Carlos Treviño, el ex director de la empresa del Estado, estancó el proceso y ahora el nuevo titular, Octavio Romero, tendrá que darle celeridad y cumplir con el fallo pactado para el próximo 09 de enero. También haberá que cuidar que concursantes como las extranjeras Acciona-Sofregaz-Golar no hagan de las suyas mediante los sonados “moches”, como los que se le atribuyen a Odebrecht. A ver si tal como lo ha dicho AMLO, se le dará prioridad a firmas nacionales.
 

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