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Luego de que por culpa de Pedro Almodóvar y Joaquín Sabina revivió el mito de Chavela Vargas como si fuera un moderno Frankenstein, este par de empecinados quisieron ir más a fondo con la que primero se forjó una extraña fama en México y más tarde en el mundo gracias a sus rancheras interpretaciones. El Sabina la tomó como letanía y bandera para algunas de sus canciones, mientras que Almodóvar quiso hacer un biopic de la de voz áspera.
Total, que ninguno de los dos pudo con el paquete, teniendo que hacer el documental de la doña, la estadounidense Catherine Gund el año pasado, subiéndose al carro de la producción desde el propio Almodóvar, Miguel Bosé, el junior de José Alfredo Jiménez, Liliana Felipe, Jesusa Rodríguez y las siempre oportunistas: Tania Libertad y Eugenia León, entre otros y otras. Sabina, que se ha vuelto un ícono para las señoras cincuentonas de Polanco y quemado desde que comió con Calderón, se ha ido desmarcando poco a poco de la estilística de Chavela, pero ni el rocanrol lo ha salvado. Y lo peor: ni siquiera fue convocado para opinar —en el cálido homenaje que se le hace— a la que fue lesbiana toda su vida hasta que agonizó.
Segundo mito que pasó a mitote es el de la serie Vinyl que, a pesar de que apostaron fama y fortuna para contar la verdadera historia de las discográficas (Mick Jagger y Martin Scorsese) en el arranque de los años 70, tiempo transcurrido en donde se inventó el mejor rock hasta ahora en que se ha perdido la brújula del buen gusto y se ha exaltado la pasión por la música desechable. En sus 10 primeros episodios (y párenle de contar porque no habrá segunda parte), Vinyl se volvió una historia peligrosa aderezada por excesos, drogas y hasta asesinatos en aras de potencializar la disquera de Richie Finestra. El tipo interpretado por el convincente Bobby Cannavale, tuvo en sus manos el destino musical de Led Zeppelin y Los New York Dolls, entre otros que quisieron.
HBO, la productora de la serie, sintió primero frío y después miedo del qué dirán del rock, por lo que la serie fue convenientemente suspendida sin hacer ruido. Sin embargo, desde que se destapa el hoyo negro del negocio de la música en 1973 en los episodios de Vinyl, la pestilencia y el tufo payolero se sintió menos que cuando los mexicanos de la radio decidieron venderle derecho de piso a las disqueras nacionales y extranjeras. Es una lástima que la historia del rock jamás contada desde la perspectiva de la industria se haya quedado en el camino.
Tercer mito: ¿Para qué traer de nuevo a la era de ultra HD del 4K a la mítica serie de Los expedientes secretos X, cuando Chris Carter, su creador, se quedó muy por detrás del talento mostrado en las nueve primeras temporadas y David Duchovny y Gillian Anderson ya se sienten viejos, cansados y caducos? Mulder y Scully ya no pueden ni con ellos mismos y los episodios de la décima temporada, tediosos y malos en su mayoría, no los ayudan nada. Bueno, ni en la autoparodia. Fox no sólo no muestra inteligencia estratégica, sino el vil cobre empacado en formato DVD y Blu-ray. Y cuando uno pensaba que sería todo, se avientan como el Borras, con más de lo mismo que, nadie de los fans en su sano juicio compraría. Pero como hasta la basura puede vender, ahí quedan otros seis episodios chabacanos e insulsos.
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