Combatir la corrupción más allá del discurso

Irene Levy

La lucha contra la corrupción fue la bandera de todo durante la campaña del actual presidente de México: la inseguridad, la impunidad, la falta de recursos, todo, se dijo, tiene como causa o efecto la corrupción. Desde la inclusión del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) en la Constitución en 2015, y el arranque de su implementación a mediados de 2016, poco se ha hecho en la materia. La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, ha dicho que la voluntad política es indispensable y tiene razón, pero no es mágica, se requieren también instituciones y un andamiaje jurídico que arrope ese entusiasmo, de lo contrario, corremos el riesgo de que la lucha repose en acciones volitivas y efímeras.

¿Ha fallado la lucha contra la corrupción desde el SNA? Más bien no ha comenzado en serio la batalla. El Sistema no ha concluido su integración, falta el fiscal anticorrupción y los magistrados de la sala especializada, es decir, el brazo investigador y sancionador de faltas graves y delitos, así que resulta imposible evaluar una institución que no ha terminado de nacer.

El SNA es una instancia de coordinación creada a nivel constitucional que tiene dentro de sus atribuciones el diseño de políticas públicas para prevenir y combatir la corrupción. La aprobación, promoción, seguimiento y evaluación de la política nacional anticorrupción es su facultad y de nadie más. El Sistema no compite con sus partes, como la Secretaría de la Función Pública que ocupa una de las siete sillas del Comité Coordinador, ni está suboordinado a ninguna de ellas; tampoco las políticas que debe emitir lo están al Plan Nacional de Desarrollo. Se trata de una excepción material que la Constitución estableció porque el legislador consideró que el problema ameritaba una coordinación de diferentes instancias, por eso ordenó un trabajo colegiado entre ciudadanía, poderes y órganos autónomos. Por tanto, no es potestativo su funcionamiento, ni sus insumos son voluntarios.

Claro que el Sistema puede mejorar. La incorporación de la Unidad de Inteligencia Financiera que lleva Santiago Nieto me parece una estupenda idea, habrá que ver cómo se haría porque si se quiere aumentar el número de sillas del Comité Coordinador, sería necesario modificar la Constitución y me da pánico pensar en el entusiasmo que pudiera provocar en algunos legisladores tener acceso al bisturí con el Sistema en el quirófano, ni pensarlo.

Los sistemas locales anticorrupción se están gestando, algunos ni siquiera han terminado de conformarse y existe una enorme sed de articulación con el nacional y entre ellos; los comités de participación ciudadana están ávidos de iniciar la marcha para la implementación de las políticas, las plataformas digitales, mapas de riesgos, agenda legislativas, construcción y consolidación de ciudadanía organizada a través de una agenda común que incluya educación, difusión, prevención, detección y sanción de los hechos corruptos. Dos años ya construyendo y consolidando sistemas, es momento de potenciar el esfuerzo, articularlo y sumarlo, no de centralizar ni minimizar. Pero necesitamos claridad sobre la visión que tiene del SNA el nuevo gobierno, preocupan la distancia y la lejanía que han marcado en sus discursos.

Se acabó el año y ha llegado el momento de conocer las acciones concretas de los nuevos funcionarios del gobierno del Presidente López Obrador para combatir la corrupción. Formalmente ya han dejado de ser ciudadanos, ahora son servidores públicos, son los que ejercerán los recursos y las atribuciones, los que diseñarán y publicarán las bases de licitación de los concursos y los que ejecutarán las obras, los que deberán transparentar y rendir cuentas. Han pasado de ser activistas a ser gobierno, de fiscalizar a ser fiscalizados, de observar a ser observados, de criticar a ser criticados, a ser entrevistados, cuestionados y hasta buleados. Este nuevo rol no tiene dos cabezas y por tanto tampoco tienen dos cachuchas, solo son gobierno y la ciudadanía los observamos, algunos esperan con devoción, otros esperan cualquier tropiezo para arremeter contra su investidura, otros solo esperamos. Ha llegado el momento de los cómos, ya no alcanzan los discursos pletóricos de qués, huelen rancio y empiezan a sonar a estribillo. Venga el 2019.

Presidenta de Observatel, profesora de
la Universidad Iberoamericana, miembro
del Comité de Participación Ciudadana
del SNA. Este artículo refleja su
posición personal @soyirenelevy

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