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Faltan ídolos para el marketing

Este fin de semana me encontré —en los recuerdos personales— una foto con Hugo Sánchez, cuando el Pentapichichi militaba en las filas de las Águilas del América.
Faltan ídolos para el marketing
18/02/2019
00:08
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Este fin de semana me encontré —en los recuerdos personales— una foto con Hugo Sánchez, cuando el Pentapichichi militaba en las filas de las Águilas del América. Y se me vino a la cabeza la odisea que era poder tener con él una foto o un autógrafo. En algunas ocasiones había que esperar horas a que terminara su entrenamiento y —obvio— coincidir con el delantero mexicano.

Este recuerdo me dio pie a redactar esta colaboración, haciendo referencia a los grandes ídolos mexicanos y notar la ausencia de figuras mediáticas, populares, con una gran identificación con el pueblo.

Cabe mencionar un listado de grandes ídolos: el Santo, el Enmascarado de Plata, una figura mítica del deporte mexicano, ídolo de multitudes; incluso, actor en películas de culto.

El primer gran ídolo de nuestro futbol: mi paisano Luis de la Fuente, el Pirata, cuya popularidad lo llevó también a la pantalla grande. El boxeo también tuvo sus exponentes. El máximo ídolo de los encordados fue Raúl Ratón Macías, oriundo de Tepito. Su arrastre lo llevó a participar, incluso, en algunas telenovelas.

También tiene lugar en esta lista Hugo Sánchez Márquez, El Niño de Oro, figura de los Pumas, Real Madrid y —obvio— de la Selección Mexicana. Los partidos del Macho en Europa movilizaban a todo el país para sintonizar la televisión.

Otro ídolo de multitudes es Julio César Chávez. Esta figura del boxeo mexicano y mundial, personaje de los 80, imagen del gobierno priísta de Carlos Salinas de Gortari, inauguró el auditorio del hotel MGM en Las Vegas. También fue imagen en portada de revistas de Estados Unidos; sin duda, un ídolo inconmensurable.

El Toro Valenzuela es otro personaje lleno de historia.  El ídolo de Etchohuaquila hizo historia al convertirse, con 21 años de edad, en el primer pitcher en la historia en ganar el premio al Novato del Año y el Cy Young en la misma temporada. Lanzó completo el Juego 3 de la Serie Mundial de 1981 entre los Dodgers y los Yankees, y se llevó la victoria (5-4), lo que desató la Fernandomanía.

El futbol nos da dos ídolos más: Enrique Borja, tricampeón de goleo en la Liga, simbolizó una época en el país al convertirse en uno de los primeros ídolos de la televisión como medio masivo. La mención de su nombre en los programas del Chavo del Ocho contribuyó a que se cimentara su imagen de ídolo. De igual forma, Chava Reyes —símbolo histórico de las Chivas del Guadalajara—, quien abanderó al equipo Campeonísimo de los 60. Fue campeón de Liga en siete ocasiones y, por más de 48 años, fue el máximo goleador en la historia del Rebaño Sagrado.

Para un servidor, el último gran ídolo es Cuauhtémoc Blanco. Es el último ídolo barrial del futbol mexicano. Hoy, padecemos de falta de estos personajes. El sports marketing padece de grandes figuras, que arrasen multitudes, que se identifiquen con el pueblo y que sean punta de lanza de campañas publicitarias y de marcas a nivel nacional e internacional. 

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