Se desconoce su paradero

Héctor De Mauleón

El domingo pasado se cumplieron tres meses. Yazmín Vite Herrera, de 15 años, abandonó una reunión familiar para ir a comprar algo a la tienda de la esquina. No volvió. Era el sábado 22 de julio, más o menos a las seis de la tarde.

15 minutos después de la salida, una vecina tocó el timbre y avisó a la familia que dos personas acababan de interceptar a Yazmín unas cuadras más adelante.

De acuerdo con la vecina, se la habían llevado en una camioneta. Otro vecino dijo que no, que en realidad la habían subido a un taxi.

La familia averiguó que la muchacha ni siquiera había llegado a la tienda. Su padre, Arturo Vite, corrió al módulo de policía. Ahí había una patrulla de la policía estatal con dos agentes a bordo.

Le dijeron que no se podía hacer nada hasta que pasaran 72 horas: si después de ese tiempo Yazmín no aparecía, entonces sería necesario levantar un acta en el Ministerio Público de Naucalpan, Estado de México.

El padre volvió a su casa, indagó entre los amigos y los compañeros de la secundaria (su hija acababa de egresar del tercer año). Preguntó, entre otras cosas, si Yazmín tenía alguna relación. Le dijeron que no.

Pasó la noche del sábado y pasó también todo el domingo.

El lunes, Arturo marcó a Locatel. No había datos de su hija. Marcó al 911. Lo regañaron por haber esperado tanto tiempo y le recomendaron ir cuanto antes al MP.

Arturo subió a su taxi y manejó hasta la agencia. Una licenciada le dijo que su hija no era la primera ni la última a la que le pasaba eso, que tenía en el escritorio un altero de expedientes y que si quería que pusieran el suyo hasta adelante había que pagar 350 pesos.

“Para que sea usted el primero”, le dijo.

Abrieron la carpeta de investigación NUC/TLA/ATI/013/154851/1707. Luego le pidieron que acudiera, con una identificación y una foto reciente de su hija, al programa Odisea de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México. Ahí se reporta la desaparición o no localización de un ser querido.

Arturo salió de ahí con un documento que contenía los generales de Yazmín, la fecha y el lugar de su desaparición, y una leyenda: “Se desconoce su paradero”.

Registró también la desaparición en Servicios Periciales.

Desde ese día comenzaron a llamarle una o dos veces por semana para que fuera a reconocer los cadáveres que llegaban a la dependencia y cuya descripción podría ajustarse a la de su hija.

Un día, dice Arturo, vio 22 cadáveres “en vivo” y unos cien por computadora.

Entre vuelta y vuelta Arturo llegó hasta el escritorio de otra licenciada. La licenciada Karina, que despachaba en Barrientos. Ella le entregó un oficio y lo mandó de vuelta a la agencia de Naucalpan. El documento ordenaba a la policía ministerial hacerse cargo de la investigación.

Arturo había señalado que el posible autor de la desaparición era un joven de 20 o 22 años de edad, Jesús Alexis, que había pretendido a su hija. “Lo corrimos porque era casado y tenía dos niños pequeños”.

Un judicial le dijo que la historia tenía sentido: “Júntate 25 mil pesos, dime dónde vive el muchacho y yo voy por ella sin problemas”.

Arturo buscó un abogado. El abogado le recomendó que fuera a ver al alcalde de Naucalpan y le expusiera la situación.

El secretario del alcalde lo recibió hace un mes y lo mandó de vuelta con la licenciada Karina. La licenciada Karina aseguró que ella personalmente iba a hacerse cargo de las pesquisas. La foto de Yazmín poblaba, mientras tanto, los postes de Naucalpan. Amigos de la joven subían su foto a Facebook. El pasado 10 de septiembre, en esa red social, apareció una foto en el muro de Yazmín, así como un mensaje:

“Hola, amigos y familia. Por favor dejen de publicar, yo estoy bien, corran la voz y favor de compartir esto para que estén tranquilos, gracias por su apoyo”.

Arturo dice que la imagen no es reciente: “Ya la habíamos visto”. Un amigo suyo contestó el mensaje: “Yazmín, si en verdad eres tú, comunícate con tus padres y pon una foto reciente para que vean que eres tú”.

Ya no hubo respuesta.

Desde que colocó la foto de su hija en los postes del alumbrado, Arturo ha recibido decenas de llamadas. Gente que a cambio de dinero ofrece información.

Pasaron tres meses y todo está como al principio: “Se desconoce su paradero”.

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