La investigación que el gobierno de AMLO olvidó

Héctor De Mauleón

La Policía Federal (PF) intervino en junio pasado una comunicación que informaba que uno de los principales líderes del robo de hidrocarburos en Puebla y Veracruz bajaría de la sierra para entregar una camioneta blindada al candidato a presidente municipal que su grupo había decidido apoyar.

La comunicación había ocurrido en Sierra de Agua, municipio de Acultzingo, Veracruz. En ese lugar, la División de Inteligencia de la PF había detectado el domicilio de la madre de Roberto de los Santos de Jesús, El Bukanas, líder de un grupo criminal que se calcula en más de 500 miembros, y que practica el robo de hidrocarburos y de vehículos de carga, el asalto a trenes y el asalto en carreteras, así como el secuestro y la extorsión.

El Bukanas fue comandante de la policía municipal de Acultzingo, según reporte de la PF. Con el tiempo fue reclutado por los Zetas y fungió como jefe de sicarios en la zona. Se dice que en ese tiempo enseñó a decenas de jóvenes a matar con lujo de crueldad. Finalmente, al sobrevenir el declive de los Zetas, hizo su propio grupo, Sangre Nueva Zeta

Hoy se afirma que El Bukanas domina el llamado Triángulo Rojo del huachicol. Tres policías municipales que se encontraban en su nómina tuvieron que ser desmanteladas por completo. Su organización ha sufrido, sin embargo, diversas escisiones.

La banda de los hermanos Zúñiga se le separó, luego de que El Bukanas asesinara a uno de sus miembros (dicha banda, por cierto, suele instalar retenes falsos en la carretera Puebla-Orizaba: recientemente, el Cártel Jalisco Nueva Generación acribilló en uno de esos retenes a siete de sus miembros).

Según las autoridades, otro grupo que al separarse se diseminó por los municipios del Triángulo, fue el de Antonio Martínez, El Toñín, con quien El Bukanas sostiene una guerra por un asunto de pagos no cumplidos. Para colmo, el Cártel Jalisco ha entrado también en la región.

Roberto de los Santos de Jesús logró escapar en marzo de 2018 de un operativo integrado por policías ministeriales, estatales y federales, así como por elementos del Ejército y la Marina. En julio de 2018, tras la intervención de sus comunicaciones, se creyó que por fin iba a quedar en manos de las autoridades.

Agentes de tres divisiones de la PF cercaron el lugar al que El Bukanas llevaría el vehículo blindado. Pero el jefe criminal no llegó. Había enviado a uno de sus hermanos —en realidad, su operador y ejecutor principal: Saúl de los Santos, conocido como El Fósil.

Hasta entonces se creía que El Fósil había muerto en un enfrentamiento con la Marina. Él entregó a las autoridades un nombre falso. Sin embargo, uno de los hombres aprehendidos a su lado, declaró: “No saben a quién se están llevando. Es el hermano del patrón”. Desde luego, el hombre que declaró tal cosa fue ejecutado por El Bukanas, luego de que un juez lo dejara en libertad.

Desde aquel momento, el gobierno de Veracruz ofreció un millón de pesos por la captura de Roberto de los Santos.

Lo ubicaron más tarde en Palmarito. El Ejército y la Marina fueron por él, pero los habitantes del lugar rodearon a los efectivos con machetes y palos, y tras una discusión violenta los obligaron a replegarse. Los vecinos bloquearon luego, durante más ocho horas y “en protesta contra los operativos”, la carretera Puebla-Orizaba. La vía permaneció cerrada hasta que el gobierno acordó suspender toda incursión de las Fuerzas Armadas.

De acuerdo con los efectivos que le siguieron los pasos hasta que el actual gobierno dejó en el olvido la investigación, el poder del Bukanas radica en la protección que, a cambio de empleos y ayuda económica, la gente del Triángulo Rojo del huachicol le brinda: un acuerdo en el que todos, menos los muertos y las víctimas diarias de los delitos, creen que se benefician.

@hdemauleon [email protected]

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