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El relámpago que dividió dos épocas

El relámpago que dividió dos épocas
22/07/2019
00:45
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Perdí la memoria de esa parte de mi infancia. De aquellos días, conservo solo unas cuantas ruinas. Recuerdos vagos, y como escondidos en la bruma. Así que tuve echar mano de un mazo de periódicos amarillos para poder regresar al año en que el hombre llegó a la luna.

Regresen conmigo: en el cine Tlatelolco se exhibía El Graduado; en el Olimpia, Las Sandalias del Pescador; en el Latino, Chitty Chitty Bang Bang. En el cine Chapultepec daban El bebé de Rosemary; en el Coliseo, Nacidos para perder, y en el Real Cinema, una clásica de Steve McQueen: El Gran Escape.

El 16 julio de 1969 el titular de Excélsior anunció: “Los lunautas, animosos”. La nota informaba que el disparo que lanzaría el Apolo 11 al espacio sería dado, el sábado siguiente, a las 7:22: más de 600 millones de televidentes mirarían la transmisión.

En la tele pasaban Los locos Adams, Mi bella genio, El show de Feliciano y Sonrisas con Los Polivoces.

En el teatro Antonio Caso acababa de estrenarse una obra de Leñero: Los Albañiles. En el Granero, Claudio Obregón estelerizaba La danza macabra.

Las telenovelas de moda eran Simplemente María (con Saby Kamalich), El retrato de Dorian Grey (con Enrique Álvarez Félix), y El Ruiseñor Mexicano (con Ernestina Garfias y Enrique Rambal).

A mi abuela le gustaba el programa de concursos Juan Pirulero, con Luis Manuel Pelayo y Claudia Martell. Los niños enloquecíamos, viendo en blanco y negro, El Fantasma del Espacio, Batman y Robin, El Gato Félix —y al detective Mannix.

En su sección de efemérides, los diarios recordaban que en julio de 1919, el Partido Liberal Constitucionalista había llevado a cabo una asamblea en casa del general Benjamín Hill (en San Miguel Chapultepec), para postular a Álvaro Obregón como candidato a la Presidencia de la República. Qué sensación tan extraña: se cumplían entonces los mismos años que nos separan de la travesía lunar.

Aquel fin de semana jugaban el Toluca contra el Laguna, el Cruz Azul contra el Monterrey, el América contra el Necaxa. Debieron ser los partidos menos vistos en la historia del futbol mexicano. Notas, columnas, cartones, reportajes, entrevistas, fotos. Todo giraba alrededor de la llegada del hombre a la luna. Pelé, el ídolo del futbol, declaraba: “He jugado en todas partes y la única cancha que me falta es la de la luna”. El caricaturista Marino dibujaba el Apolo 11 rumbo a una luna quieta y lejana, y le hacía decir a un astronauta: “Qué hermosa la vida sin Vietnam, sin Medio Oriente y sin Centroamérica”.

“Rumbo a la Luna”, anunció al fin en su nota de portada EL UNIVERSAL. Los canales 2 y 8 del Telesistema Mexicano, y las estaciones XEX, XEW y Radio Mil, entre otras, se aprestaron a llevar a cabo la “transmisión constante” de la mayor epopeya humana desde el descubrimiento de América.

La televisión en México tenía menos de 20 años de existencia. ¿Podría fallar la transmisión? Esa fue solo una de las cosas que se discutieron en la prensa. Telesistema Mexicano intentó tranquilizar al público, mediante el recurso de exhibir sus credenciales: había cubierto con solvencia los mundiales de Chile e Inglaterra, los funerales de Churchill y de Kennedy, las Olimpiadas de Tokio, y el viaje del Papa Paulo VI a Tierra Santa.

El despegue desde Cabo Kennedy es uno de aquellos recuerdos que asoman en la bruma: yo acababa de llegar de la escuela y encontré a la familia reunida, no sé si llorando de emoción, frente a un Stromberg-Carlson cuyo tamaño era el de un refrigerador.

El otro recuerdo es un falso recuerdo: el del día del alunizaje. Porque yo recuerdo que vimos aquello a la luz del día. Y no. En México eran las 20:56 cuando Neil Armstrong bajó del módulo Eagle: cuando el primer ser humano puso un pie sobre la superficie lunar.

Según la nota publicada por EL UNIVERSAL al día siguiente, “vítores en todos los idiomas estremecieron la Tierra”. Entre esos vítores estuvieron los nuestros, emitidos a voz en cuello en una casa de Santa María la Ribera que hoy se encuentra vacía.

Yo no lo recuerdo. Pero entonces se debió escuchar, en voz de Jacobo Zabludovsky, aquella frase memorable:

“Detenga usted el reloj… Este ha sido el instante, la fracción de segundo, el relámpago que divide dos épocas como en medio de un abismo”.

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