UNAM: los nuevos enemigos

Guillermo Sheridan

La única forma de expulsarlos es económica: cuando no haya demanda, los traficantes se llevarán su oferta a otro mercado

La violencia que los narcotraficantes han llevado a la UNAM la coloca en una situación complicada. Centro de inteligencia y, por tanto, de la paz y serenidad intelectuales que la inteligencia requiere para aumentar y socializarse, la aparición del crimen en su seno es una afrenta especialmente paradójica. “La Universidad se ha visto acosada”, señaló el rector Graue.

Tiene razón: este tipo de violencia, cuando sucede en espacios educativos, es especialmente acosadora, pues atenta no sólo contra la salud, sino también contra la libertad y el conocimiento. Es especialmente ofensivo que la sede de la inteligencia, llena de candidatos a servir al país y al conocimiento, no carezca de clientes que, al comprar drogas en su espacio, no sólo cambien dinero por agraviar su propia salud, sino que fomenten una peligrosidad atentatoria contra los demás universitarios.

¿Qué hacer? El rector Graue heredó un problema ya intrínseco de la sociedad mexicana que, lamentablemente, como en todo el país y en los más diversos ámbitos, no hace sino multiplicarse. El asunto “reclama urgente atención”, que inició con una serie de medidas congruentes con —y limitadas por— la naturaleza de su autoridad. Tiene la UNAM, derivado de su autoridad, escaso poder para vigilar y castigar; un poder que sólo puede ser disuasivo y preventivo, que no puede armarse ni obrar policiacamente.

Ante ese relativo poder, naturalmente, a los criminales les basta con cambiar de tácticas o de ubicación. La única forma de expulsarlos es económica: cuando no haya demanda, los traficantes se llevarán su oferta a otro mercado. Más realista que resignado, el Dr. Graue advirtió que habrá quienes “clamarán por medidas más agresivas” y querrán vernos “armados y militarizados”. No tardarán, en efecto, en armar la alharaca predecible.

Más delicada aún fue la advertencia del rector en el sentido de que también habrá voces que “aprovecharán los momentos políticos electorales (…) para intentar desestabilizarnos”.

Ayer lunes, ya aparecieron los primeros grupos que cumplieron ese pronóstico. Ante la prensa, ya “Reclaman a Graue” por haber tomado las medidas disuasivas y preventivas y, junto a eso, ya comienzan a preparar una atmósfera que habrá de favorecer el combate contra aquello que sus oximorónicos ideólogos anuncian ya como una realidad consumada: “el fraude electoral”. Y ya convocaron a una manifestación ante la rectoría.

La “Juventud Revolucionaria-GAR”, las “Juntas Defensivas Universitarias” y la “Liga Estudiantil Democrática” ya denunciaron a la prensa que los balazos entre narcos en CU obedecen a “la falta de debate” y a no incluir a “otros sectores” en el diseño de soluciones. Y, claro, ya decretaron que la UNAM debe “tomar un paso más firme ante las decisiones que se toman en este país”, ya juzgaron que poner bardas en CU es “restrictivo de los derechos humanos” y ya demandan la creación de “una acción política que cambie las estructuras del país”.

Pues sí.

Un paseo por la Internet sazona a estos grupos. La “Juventud Revolucionaria-GAR” (GAR significa “Grupo de Acción Revolucionaria”) abre su página festejando los 100 años de la revolución rusa. Luego se autodefinen como jóvenes y estudiantes comprometidos con “un actuar político congruente a la consciencia proletaria” (sic) y luego ponen su lema: “¡Del cuestionamiento en el salón de clases, a la intervención en la lucha de clases!”

La “Liga Estudiantil Democrática”, que tiene su sede en la Universidad de Puebla, proclama “Luchar por una transformación social profunda de México. Al mismo tiempo luchar por una universidad democrática, crítica, científica, humanista y popular.”

Y las “Juntas Defensivas Universitarias”, que se ostentan como herederas de los movimientos estudiantiles, además de anunciar que habrá fraude contra Morena, dicen ser “una organización de universitarias y universitarios revolucionarios, socialistas y anticapitalistas interesados en defender la educación pública como una conquista histórica del pueblo mexicano”. Están en contra del capitalismo, de la reforma educativa (pues despoja a la educación “de su carácter crítico”), en favor de “los derechos juveniles” y creen que sólo democratizando a las universidades y “extirpando” de ellas a los “gobiernos autoritarios” se impedirá que acaben subordinadas “a las necesidades del mercado”.

Supongo que incluyen al de la droga…

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