Este es el trenecito del candidato PES

Guillermo Sheridan

Continúo leyendo el “Proyecto de Nación 2018-2024”, como nos pidió hacerlo el Lic. AMLO, candidato a la Presidencia por el Partido Encuentro Social (PES) a todos los mexicanos. Hace un par de semanas me referí a algunas contradicciones entre su proyecto educativo en los discursos y el que contenía el proyecto, encima plagiado de un proyecto de ley firmado por Peña Nieto.

El resultado de mi lectura es hoy más positivo.

En los “Temas de infraestructura” del “Proyecto de Nación” me sorprendió un proyecto muy simpático. Consiste en la construcción de “una vía ferroviaria” para un “tren de mediana velocidad (hasta 150 km/h aprox) que comunique efectiva y rápidamente varias ciudades muy importantes de la cultura maya en el sur de la península de Yucatán.”

Más allá de que un tren mexicano vaya a 150 km/h (aprox) sea de suyo atemorizante, la idea no es mala. Los 830 km de vías saldrán de Cancún, pasarán por Playa del Carmen, Tulum, Felipe Carrillo Puerto, Bacalar y Calakmul (y una docena de estaciones intermedias) para culminar en Palenque. Participarán en la obra el gobierno federal, los empresarios privados, pequeños propietarios y ejidatarios.

Este proyecto tiene como objetivo “detonar el desarrollo de la región sur” de la península, pues incrementará el atractivo “del producto turístico Mundo Maya y, en consecuencia, el flujo mundial de turistas interesados en cultura y ecología”, lo cual redundaría en menos agravios al entorno natural y cultural de los “nativos mayas”.

Las vías aprovecharán las autopistas y carreteras ya existentes mientras que el tramo Tulúm-Palenque se hará con los ejidatarios y pequeños propietarios como socios. (Me cayó bien que Monterrey aparezca tres veces en el “Proyecto de Nación”, y Palenque, en cambio, lo haga en 17 ocasiones.)

El proyecto del tren es sencillo: se invierten 64 mil 900 millones de pesos en trenes, estaciones y vías (elevadas en un buen porcentaje, porque es más agradable ir en tren por arriba que por abajo). ¡Y listo! Las zonas arqueológicas y las reservas naturales de la biósfera se convertirán en “una versión moderna y confortable” de un destino turístico con sustentabilidad garantizada, como en Machu-Pichu.

Claro, habrá que adquirir “reservas territoriales” para que pase el tren; conseguir inversión privada y crear zonas habitacionales, etc. Y todo derivará de los “esperados y múltiples efectos económicos y sociales provocados por la creación de la vía férrea”. Esta planeación territorial, junto a los estudios geológicos, hidráulicos y de infraestructura, así como de “vocación y grupos sociales”, costará sólo 35 mil millones de pesos.

En Calakmul, para que los turistas vean las ruinas, se creará un desarrollo turístico en 1,500 hectáreas, involucrando a las comunidades vecinas y a los arqueólogos. Los estudios y la compra de las primeras 300 hectáreas costarán sólo un mil 299 millones de pesos.

En Palenque es lo más lindo de todo. Para crear “oferta turística de alto nivel” que conecte luego con el norte de Chiapas y “los ríos de Tabasco” habrá que invertir un poco. Hoy Palenque sólo recibe medio millón de turistas al año. Una pena comparado con Chichén, que recibe el triple. El problema es que Palenque “dista mucho de ser un pueblo atractivo” (es decir, que es feo como la chingada), por lo que necesita refinarse “para brindar a los visitantes mejores condiciones de estancia” y “hospedaje de mejores categorías y alto nivel”.

Bueno, pues hacer los estudios sociales y económicos, involucrar a las comunidades para “incluir su opinión”, conectar con arqueólogos y ambientalistas y adquirir las primeras 250 hectáreas va a costar sólo un mil 333 millones de pesos.

En resumen: se construye una vía elevada de ferrocarril que sí va a funcionar, se compran trenes que van a 150 km/h que sí funcionan, los manejan los trabajadores del Sindicato de Ferrocarrileros que sí funcionan —que dirige desde el 2000 el compañero Flores Morales, que funciona muy bien—, como funcionarán muy bien los estudios y las alianzas con las comunidades y pequeños propietarios de Palenque y listo: llegan los turistas y se detona el progreso.

Que la familia del presidente López Obrador sea dueña de varias hectáreas en Palenque agrega seriedad al asunto, pues habrá que suponer que funcionan y que le agregarán, como dice el proyecto, “sinergia positiva”.

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