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Culpable de cococidio en primer grado

12/12/2017
01:52
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La semana pasada ocurrió una de las cosas más extrañas en mi vida como escritor. No la primera, pues hubo ya ocasiones en que tuve que cargar con las consecuencias de irritar gente. Cuando criticar al PRI todavía era un deporte de alto riesgo, cometí una novela que se tradujo en amenazas terroríficas. Criticar una puesta en escena me causó una sesión de coces y gargajos. Referirme a una primera dama Romano me causó ser dado de baja en “Radio Educación”. Por criticar aspectos de la UNAM hay quien me declaró su “enemigo”, y me ha costado…

Pero haber comentado la película Coco (una que se trata de cómo la única manera que tiene México de llegar al primer mundo es muriéndose) me valió la más enfática zarandeada nunca. Sólo falta que me denuncie alguna ONG defensora de los derechos de las caricaturas.

Me asomé a lo que escribí y había centenar y medio de comentarios. La mayor parte de los abajo insultantes no se habían percatado de que el escrito iba calculadamente cargado de ironía, sarcasmo, hipérboles y desfiguros. Un ánimo paródico que, desde luego, no descarta a quien lo escribe, su primera víctima. Eso se resuelve ahora (como fui informado) poniendo “emojis”, más caricaturas, unas que al parecer le dan su verdadero y veloz sentido a la palabra escrita. Escribir, por ejemplo, que el lindo pueblito de Coco es imaginario porque no hay presencia de la CROC es satírico, pues nadie en sus cinco sentidos, o en sus dos de frente, podría creer eso. Lo desconcertante es la enorme cantidad de gente incapaz de tramitar algo tan simple.

El esfuerzo de crear lectores ha sido prolongado y arduo. El siguiente esfuerzo, lograr que los lectores entiendan lo leído, va a serlo más aún.

¿Qué fue lo que ofendí? Supongo que la sensibilidad nacionalista, el amor/pavor mexicano a la muerte, los códigos del amor a la familia, la música de los charros, el prolífico panteón patrio y todo lo demás que, según los gringos, nos caracteriza como cultura.

Un muy alto porcentaje de los furiosos —no sin someter su cerebro a la tortura de fingir pensar— concluyeron que había que explicarme qué es el cine, la fantasía, un guión, los niños, la sociedad, las tradiciones, la familia, el daltonismo y las novelas de García Márquez. Gracias. Un señor me regañó por no entender que “la cultura sirve para cohesionar el tramado social”. Gracias. Muchos insultan con “pendejo”, “amargado”, “mamón” o “intelectualoide” y variantes, pero la mayoría insultó con edadismo, quizás la forma de discriminación más común en México. (Lo bueno es que aún es impune.) Esto es interesante en tanto que la película se trata de amar a la señora Coco, que es muy, muy viejita. “Anciano”, qué raro insulto en ralentí, autoprofético, toda vez que quien lo profiere ambiciona alcanzar aquello que insulta.

La variedad de la iracundia es deslumbrante, contra quien escribe y entre quienes comentan. Una profesora de la Universidad Pedagógica Nacional, que sí entendió, celebró que hubiera “‘viejos’ que no se han dejado enmielar y tienen capacidad de analizar y criticar”. Como en su “avatar” se la ve morena y porta blusa oaxaqueña, una estudiante de Estudios Superiores de la UNAM le respondió: “Usted es una mascota de los blancos, pero por mucho que los defienda JAMÁS le permitiran entrar a su zona de confort, sólo la utilizan, nuestra élite blanca mediterranea es más racista que la anglosajona. Muy viejo el autor, pero efectivamente machista que a su edad más que para cuidar hijos está para cuidar nietos”.

Esa fue otra tendencia reiterada. La película Coco podrá tratarse del amor entre las familias, pero que yo tenga una a no pocos les parece ofensivo. Muchos se compadecieron de mi hijito. Un realista-socialista hasta le pronosticó el día en que me va a cambiar los pañales. Otra calculó que haberlo tenido a mis 56 años indicaba que había abusado de una joven ingenua que sólo me “presta al niño una ves por semana”. Uno francamente pidió a las autoridades que intervengan y los lleven a un refugio de mujeres maltratadas.

Una elocuente escribió: “Guillermo Sheridan eres un grandísimo y amargado imbécil, al parecer el universo no te merece, incluidos tu mujer y tu hijo, que horror ha se ser convivir contigo, qué hueva das! Pégate un tiro y para de sufrir. Espero que los colores del infierno si llenen las expectativas de tus exigentes ojitos. No he visto la película por lo que esta crítica es hacia ti, eres nefasto!”

No. El mundo es demasiado interesante para pegarse un tiro. Es el único en el que si uno dice que no le gustó una película alguien puede responderle: “si no le gustó, no la vea”.

 

@GmoSheridan

Guillermo Sheridan (1950) es investigador en la UNAM y periodista. Ha publicado varios libros académicos sobre la cultura mexicana moderna, en especial sobre su poesía. Su trabajo como periodista ha...

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