El equipo que podría salvar a un país

FJ Koloffon

Como bien apunta Jorge Valdano, un equipo es un estado de ánimo, así que, Márquez, Tecatito, Herrera, Layún, Chicharito y todos los seleccionados, corran, emociónnenos, contágiennos, demuéstrennos que podemos ser los mejores y recuerden, cada vez que salten a la cancha: cualquiera puede ganarle a cualquiera.

Ya pasó en Sudáfrica, cuando Mandela vio en los Springboks (sobrenombre de su selección nacional de rugby) una oportunidad de unir a su pueblo, con una mayoría negra —por mucho tiempo oprimida—, a una minoría blanca —temerosa por un posible revanchismo del nuevo gobierno luego del Apartheid—

Estaba por celebrarse la Copa Mundial de Rugby de 1995 en territorio sudafricano, cuando Madiba —nombre de un clan de la etnia Xhosa y título honorífico que se le dio a Mandela— vislumbró lo que significaría que se alzaran con la victoria, un logro que ni el líder más apreciado, ni una tregua de paz, ni todo el oro del mundo conseguirían: que todo el país se abrazara.

“Vamos a inspirar a la gente, el país se desmorona, no podemos seguirnos atacando, necesitamos ser uno”, me imagino que le dijo a Francois Pienaar, capitán de los Springbroks, cuando lo citó para convencerlo de dirigir esta encomienda que sorpresivamente materializaron tras vencer en la final, con drop de último minuto, a los All Blacks de Nueva Zelanda. 

Las calles de la Nación Arco Iris —como la bautizó Mandela—, se convirtieron en una celebración unánime, sin distinción de colores, preferencias o posesiones. Y sucedió también en España, en el futbol, después de que La Roja se alzara con la Copa del Mundo en 2010, nada menos que en Sudáfrica. Un campeonato que sirvió para que los españoles enfrentaran con un poco más de ánimo la grave crisis económica, política y social que atravesaban.

Aquí no hay ningún Mandela, tampoco un Iniesta o algún Del Bosque, pero podríamos tener un equipo de guerreros, tres rubios y veinte morenos que nos representen a todos los que conformamos este país de corazón que se llama México y donde existen dos realidades: la realidad y el futbol. 

Podría parecer una tontería, pero el Himno Nacional mexicano y un desdoble del Chucky que termine en gol al ángulo en la final de Russia, podrían recomponer las cosas y reconciliarnos, porque durante 90 minutos y varios días después nuestros enfrentamientos políticos y sociales serían derrotados por lo verdaderamente importante: festejar juntos el gol de nuestra vida. Somos mucho más que campañas políticas y candidatos.

Como bien apunta Jorge Valdano, un equipo es un estado de ánimo, así que, Márquez, Tecatito, Herrera, Layún, Chicharito y todos los seleccionados, corran, emociónenos, contágienos, demuéstrenos que podemos ser los mejores y recuerden, cada vez que salten a la cancha: cualquiera puede ganarle a cualquiera.

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