El maravilloso caso de Turi Tollesson

FJ Koloffon

Tengo un amigo de la Universidad Iberoamericana, que hoy es notario, y antes de nuestro último examen de la carrera me contó que lo que realmente deseaba ser en la vida era locutor de futbol. Yo quería ser escritor, pero —a diferencia suya— no me atrevía a decirlo.

No entendía cómo alguien querría dedicarse a narrar lo que acontece en una cancha, y creía que quien llegaba a esas instancias era por devenir del destino o mera casualidad, pero no por propia determinación. Había que tener muy buena memoria para aprenderse los nombres de los jugadores y, luego de cursar Derecho Romano, todo lo relacionado con retener información me parecía aterrador.

Esto sucedió hace 20 años, cuando los teléfonos no tenían cámara, la gente no vivía obsesionada por grabarse o alcanzar el millón de views, cuando no podíamos ver a un narrador español de radio vuelto loco gritar con euforia un gol de México, cuando yo no había visto nunca la pasión con que un hombre es capaz de describir trazo a trazo el rumbo de una pelota que termina por sacudir una red y a una nación, así como tan espectacularmente lo hace Turi Tollesson, el narrador de futbol más querido de la televisión islandesa.

Turi nació hace 42 años en la pequeñísima población de Kirkjubaejarklaustur, que hoy tiene 550 habitantes y una sola escuela, una fábrica, una peluquería, un parque, una cancha de futbol y un bar, el Systrakaffi, donde la gente se reunía a beber cerveza y a ver futbol alrededor de la única televisión que había.

A sus seis años, el parlanchín de Turi sabía nombre, apellido y posición de todos los jugadores de la incipiente, pero apasionante liga amateur de Islandia, y los comensales del Systrakaffi lo callaban porque narraba los juegos con tanta pasión que no les dejaba escuchar la transmisión.

Una buena tarde de tormenta en Kirkjubaejarklaustur, un relámpago pegó sobre la azotea del Systrakaffi en la antena de la televisión. Tras el estruendo, dejaron de oírse para siempre las bocinas del aparato, así que el dueño corrió a buscarlo para que narrara el juego y la clientela continuara entretenida.

Nadie reparaba televisores en el recóndito pueblo, así que Turi pasó años locutando los partidos en el recóndito bar al que un día, por mera casualidad, llegó Jón Þór Birgisson, director de la RÙV, la televisión pública de Islandia, quien pidió una cerveza cuando observó a todos los ahí presentes embelesados, no tanto por el futbol, sino por la narración excelsa de Tori Tollessen, quien apenas las semanas pasadas estuvo a cargo de la locución de los primeros partidos mundialistas de la selección islandesa en Rusia para aquella cadena televisiva. Turi estará también a cargo de los micrófonos en el México-Brasil que se podrá ver y oír en las pantallas del renovado bar Systrakaffi.

Aquella vez que mi compañero de leyes habló de su pasión por la locución, me prometí en silencio que si un día conseguía entenderla, escribiría una historia al respecto. Gracias a quienes le ponen voz y palabras al deporte más fascinante del planeta.

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