El tren de Brady

Enrique Beas

Ese ejemplo de lucha, gozar y amar, incluso sacrificando temas salariales para seguir ganando, son ejemplo de que este planeta necesita más Brady y menos Trump

¿Qué le pasaría al mundo si por cada 10 humanos tuviéramos un Tom Brady? No me voy a subir al tren del meme del peor Super Bowl de la historia, tampoco me rasgaré las vestiduras como si el Apocalipsis del espectáculo del medio tiempo hubiera llegado.

Como el viejo Bill Belichick me cae en la punta del pie y porque desde hace 25 años no gozo un súper domingo, por falta de protagonismo de mis Cowboys, sólo quiero aportarle algo a este espacio: reflexionar y comprender al mejor atleta de los últimos años. Tan dominante, tan sereno, que incluso hasta su imagen familiar es pulcra.

La mejor foto de anteayer, para mí, fue ver la sonrisa de la hija en los brazos de su papá cargando el Vince Lombardi. En el palco, su esposa brasileña Gisele, siempre serena, apoyando al mejor jugador de futbol americano de todos los tiempos. Nadie tan poderoso como él.

Ese ejemplo de lucha, gozar y amar, incluso sacrificando temas salariales para seguir ganando, son ejemplo de que este planeta necesita más Brady y menos Trump. La historia seguro colocará a Tom entre los seres más influyentes de una era, pero será bueno entender que no fue sólo por ganar más anillos de los que caben en su mano, sino por catapultar la idea de que los sueños hay que vivirlos, lucharlos y gozarlos, siempre en compañía de tus seres queridos.

Eso hace que la vida misma valga la pena y que cualquier sacrificio o logro se pueda disfrutar de la mejor manera. A lo mejor, el domingo —más allá del partido, que no dio mucho para el análisis, menos Maroon 5— fue Tom, el mismo hombre que desde hace más de 17 años ha demostrado cómo ser feliz. ¡Bienvenidos, bienvenidos! Al tren de Brady.

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