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Adiós por la vez última, dulce princesa Penny

Hoy, este su escribidor cierra y sella para siempre la caja de blu-ray con The Big Bang Theory al completo y deja ir a la dulce princesa Penny a donde marque su destino —luego de dedicarle una última y sentida canción— que sea cual sea ya dará un poco igual dentro de un siglo menos un día
23/07/2019
01:52
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Ahora con WhatsApp todo debería ser muy simple: un par de iconos que indicaran la despedida y un abrazo, y listo, a seguir con la vida.

Pero no es tan sencillo.

Aunque gran parte de quienes acudimos a las series televisivas como lo que son, la narrativa contemporánea más rica en contenidos y formas de contar, sabemos desde hace tiempo que Penny ha partido, no le ha tocado ver al escribidor aquí presente ningún epitafio con el sacro nombre. Parece, pues, que como la actriz que le donó en vida su cuerpo de “estatua derretida”, Kaley Cuoco —bendita ella, de cualquier modo— sigue por ahí trabajando muy en serio con su propia productora y, finalmente como estrella de los medios anda por todos lados cosechando éxitos —muy merecidos hay que señalarlo— en realidad no se hubiera muerto nadie.

Aunque, veamos. Calma: Penny, figura central de la serie The Big Bang Theory (TBBT) no fallece en el serial, y esto no es ningún spoiler —los seguidores de esa maravilla visual habrían incendiado no sólo los estudios de producción sino ciudades enteras y no nada más en Estados Unidos—, la verdad es que tampoco sigue viva. Podríamos decir, si su mundo fuera el de Disney, que está dormida y que despertará cuando un príncipe azul aparezca y bla, bla, bla. Pero no, su casa matriz —todos venimos de algún lado— no es Disney y ahí las relaciones entre los seres que la habitan no es precisamente de fantasía, sobre todo si como TBBT se trata de una comedia de situación en la que actúan un grupo fijo de amigos en un espacio que generalmente es el mismo, con los naturales descansos de personajes incidentales o pasajeros y de locaciones foráneas.

Si no está muerta, quizá esté congelada, criogenizada. Pudieron, al terminar el último capítulo de la temporada final meterla en una nave de las del avanzado Elon Musk y enviarla a alguna de las playas que propone la Teoría de Cuerdas. Pero tampoco, porque la vida de Penny, así, sin apellido porque era muy suya y era muy de todos, no pertenece a la ciencia ficción. Uta, lo que habrían dado los frikis de las sagas cinematográficas de navecitas y monstruillos por siquiera tenerla unos minutos. Ja.

Penny —oh, dulce princesa del planeta Tierra—, en realidad dejó de existir luego de 12 temporadas en TBBT —poner esas iniciales es muy del nabo, lo sé, pero hace menos amargo el trago—. Aunque, es cierto, están las grabaciones, ahora con una definición de locura sobre todo si se logran ver en las pantallas adecuadas, pero verla así es como mirar el video de algún viaje que quizá fue feliz pero que no va a repetirse tan sólo porque el tiempo transcurre y todos vamos cambiando con rapidez. Ver así a Penny, entonces, sería una especie de sacrilegio: sacarla de su descanso —si es que está en un descanso— para que vuelva a alegrarnos la vida con su risa y la pupila con su estampa.

No, no, con los recuerdos no se debe jugar o se atiene uno a despertar ángeles que tal vez se hayan convertido en demonios durante el periodo de reposo. Suele pasar. Así que mejor no moverle. Basta recordar “La pata de mono”, el célebre cuento aquel de William Wymarck Jacobs, en el que por andar trayendo de nuevo a la vida, a una sobrevida, a cierto personaje, todo lo que pudo ser un mundo complejo pero soportable se convierte en segundos en una pesadilla digna de Stephen King en tachas.

De cualquier forma, pensemos tan sólo en un hecho: dentro de 100 años, según las estimaciones más optimistas, todo lo que conocemos como humanidad habrá desaparecido de la faz del planeta. Aquello que empezó con la sobrepoblación y siguió con el empleo estúpido de recursos no renovables más la creación de necesarias pero crueles y autolesivas armas nucleares, acabará con una sonora trompetilla a lo más en un siglo. No es mucho, pero lo suficiente como para que ninguno de los que ahora estamos, estén ahí para verlo. De cualquier forma, no será nada gracioso de presenciar ni de cronicar porque de ahí en adelante pasarán millones y millones de años para que el planeta vuelva a la temperatura superficial compatible con la vida y a esperar otros milloncitos a ver a qué horas lo choca un asteroide con agua y mucho tiempo después inicie el proceso de la vida incipiente.

Hoy, es un poco pinche el consuelo de oír la voz de Kaley Cuoco —que se parece como una gota de agua a otra a la de Penny— en la serie animada del personaje Harley Quinn. Ya la hemos oído todos, o casi, y sabemos que aquello es contra natura.

La cuenta de esos 100 años empezó ayer justo al mediodía. Y ya que no quedará piedra sobre piedra, aunque todavía falte mucho y no nos toque ese apocalipsis que nosotros mismos fabricamos a mano y sin ningún cuidado, de cualquier forma vale vivir el día a la vez que cantan Los Tigres del Norte, beber el vaso que se tiene a mano, apurar el alimento que más le cuadre a cada uno, mentarle la madre a quien lo merezca sin misericordia alguna y abrazar a quien nos abrace. Hoy, este su escribidor cierra y sella para siempre la caja de blu-ray con The Big Bang Theory al completo y deja ir a la dulce princesa Penny a donde marque su destino —luego de dedicarle una última y sentida canción— que sea cual sea ya dará un poco igual dentro de un siglo menos un día.

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