El problema con hacer bien las cuentas

Ana Francisca Vega

El presidente Enrique Peña lleva meses obsesionado con la idea de que los ciudadanos mexicanos no reconocen los logros de su administración. De un tiempo a acá, prácticamente todos los días cada discurso oficial es acompañado de una frase en la que el presidente no logra disfrazar su molestia, su irritación, su decepción frente a lo que considera una valoración injusta de su administración. Ese “irracional enojo social”, como él mismo lo llamó hace unos meses, no lo deja en paz.

Y entonces llegaron las elecciones y el presidente decidió que era momento de que los mexicanos aprendiéramos a contar bien —pero bien, bien— los logros de su sexenio. Que si las cifras históricas de inversión a raíz de la reforma energética, que si el récord de empleos formales, que si hoy viajan a México más turistas que en 2012, que si hoy estudian dos millones de jóvenes más que al inicio de su mandato —cifra falsa, por cierto, siendo el dato real oficial de 1 millón 147 mil alumnos—. En fin. Usted escoja el tema, que el presidente tiene una cifra que mostrar en defensa de sus seis años de gobierno. “¿No será que muchas cosas que se piensa que están de cabeza en realidad no lo están?”, escucha en los spots presidenciales.

Y bueno, qué decir. No es que el presidente Peña sea el primero en la historia en hacerlo, en elegir estratégicamente algo que presumir y algo que ignorar, pero su campaña mediática es particularmente ofensiva. ¿El presidente Peña quiere que hagamos bien las cuentas? ¿Quiere que cambiemos nuestra percepción porque —necios como somos— nos empeñamos en ver “las cosas de cabeza cuando en realidad no lo están”? De acuerdo. Hagámoslo. Sólo cabe preguntarse, entonces, ¿cómo dejamos de contar a las 2 mujeres que han asesinado diariamente de enero a la fecha? ¿Y a las 678 que asesinaron en 2017? ¿Y a las 578 de 2016? ¿Cómo ignoramos a esos más de 33 mil desaparecidos y a sus familias? ¿Y a los más de 4 mil 300 niños que se han esfumado durante su administración? ¿Cómo olvidamos las cifras históricas de homicidios? ¿Y a los 41 periodistas asesinados de 2012 a la fecha? ¿Cómo sacamos de la ecuación lo ocurrido en Iguala, Tanhuato, Tlatlaya y Nochixtlán? 

Si de sumar se trata, pongamos otras cifras a consideración: de 2012 a 2017 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha abierto 274 expedientes por tortura, 5 mil 086 por detención arbitraria, 11 por ejecución sumaria o extrajudicial y 89 por desaparición forzada. Los sectores por los que la CNDH recibió más quejas formales durante 2017 fueron salud, seguridad y educación, siendo el IMSS, el ISSSTE, la SEP, la Comisión Nacional de Seguridad, la Policía Federal y la Procuraduría General de la República las principales instituciones objeto de las quejas formales. 

Ya lo dijo el propio presidente de la CNDH hace unos días en un discurso frente al Ejecutivo: “Hasta hoy el balance no es favorable; México no ha experimentado un cambio significativo y objetivo hacia un mayor respeto y vigencia de los derechos humanos. Tampoco se ha logrado fortalecer sustancialmente nuestro Estado democrático de Derecho ni se ha modificado positivamente el entorno que, cuando inició su mandato, ya enfrentaban de manera cotidiana millones de mexicanas y mexicanos, caracterizado por los bionomios inseguridad y violencia, impunidad y corrupción, desigualdad y pobreza. Son saldos de dolor e impunidad que no han disminuido durante estos casi seis años”. 

Entonces, si estamos en ese ánimo de contar bien las cosas, cabe preguntarse ¿cómo quedarían las cuentas si las hacemos bien, así como usted nos pide, señor Presidente?

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