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Sobre el desplome del helicóptero en Puebla

28/12/2018
02:01
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1. Ante una tragedia, la primera regla es no ser un cretino. La segunda regla es no ser un cretino. Eso implica no propagar teorías sin sustento, no difundir información no confirmada, no lanzar comentarios mordaces o sarcásticos sobre las víctimas, y no dejarse llevar por filias o fobias políticas. Esto no es censura: cada quién es libre de ser imbécil, insensible o irresponsable. Pero, con todo respeto, es mejor no serlo.

2. En la política, como en la vida, sí hay coincidencias. Sí hay casualidades. Muchas. Todos los días. Maquiavelo dedicó buena parte de su obra a hablar del rol de la fortuna en los asuntos humanos. La historia de la especie es incomprensible sin el azar, sin los eventos fortuitos, sin los imponderables. Dejemos de suponer que todo responde a una elegante arquitectura de causa y efecto.

3. No son tan inusuales los accidentes en helicóptero. De acuerdo a datos del INEGI, siete personas murieron en accidentes de helicóptero en 2017. Pero es posible que esa cifra subestime el total: según la misma fuente, 39 personas más murieron en accidentes de aeronave no especificada. Algunos de esos casos pueden haber involucrado a helicópteros. Si los políticos y funcionarios públicos están sobrerrepresentados entre las víctimas de ese tipo de accidentes, es por la sencilla razón de que tienden a ser usuarios frecuentes de ese medio de transporte.

4. En las actuales circunstancias, se extraña profundamente la ausencia en el paisaje mexicano de instituciones neutrales, apartidistas y de alta calidad técnica que puedan dilucidar, sin sombra de sospecha, las causas de un hecho como el ocurrido en Puebla el día de Nochebuena. Ojalá de esta tragedia saliera el impulso colectivo para construirlas. Digo, se vale soñar.

5. Como regla básica de civilidad, el Presidente de la República debe ir a las exequias de una gobernadora. Aun si la difunta pertenecía a un partido de oposición. Aun si el ambiente de la ceremonia es hostil para el Jefe del Ejecutivo. Aguantar abucheos y gritos de repudio es parte inevitable del ejercicio de gobierno. El presidente Andrés Manuel López Obrador hubiera dado una enorme lección cívica al presentarse al sepelio de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle. Perdió una gran oportunidad de pedagogía política.

6. Nadie gana con la muerte de la gobernadora Alonso y el senador Moreno Valle. Ciertamente no el gobierno de López Obrador: por primera vez desde la toma de posesión, ha estado a la defensiva, sin control del mensaje o la agenda. Tampoco Morena: va a enfrentar en condiciones de desventaja la primera elección estatal posterior a los comicios presidenciales. Tampoco el PAN: perdió a una de sus pocas figuras políticas nacionales. Puebla pierde sin duda: esto extiende la incertidumbre política de ese estado varios meses más. Y México acaba con un clima político envenenado por las sospechas y las recriminaciones mutuas. Entonces, no, aquí no hay ganadores.

7. En todo el barullo, en toda la especulación, en todas las lecturas políticas, se ha olvidado que, además de la gobernadora y el senador, murieron tres personas más en el accidente. Va mi más sentido pésame a las familias y amigos de Roberto Coppe Obregón, Marco Antonio Tavera Romero y Héctor Baltazar Mendoza. Que en paz descansen.
 

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