Hace dos días, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador presentó algunos elementos de su futura política de seguridad:

“Vamos a regionalizar todo el país; 265 regiones hasta ahora, en cada región va a haber una coordinación, esto surge de mi experiencia cuando fui jefe de Gobierno, creamos en su momento 70 coordinaciones regionales para atender el problema de la inseguridad y la violencia, …Esa misma estrategia la vamos a llevar a cabo a nivel nacional, incorporando en estas coordinaciones a elementos de la Policía Militar, de la Policía Naval, de la Policía Federal… Organizarnos en el territorio a partir de tres criterios: coordinaciones con poca incidencia delictiva… en esos estados vamos a tener alrededor de 300 elementos por coordinación. Hay estados con regiones difíciles también en cuanto a incidencia delictiva pero no grave… en ese caso van a haber 450 elementos, y en las regiones donde hay más incidencia… ahí van a haber 600 elementos”.

Van algunos comentarios:

1. ¿Por qué 265 regiones? ¿Cómo se llegó a ese número? ¿Cómo se hará la división? ¿Con criterio poblacional? En la misma entrevista, AMLO afirmó que se estaban cruzando datos de población con incidencia delictiva, pero eso no resuelve el enigma.

2. Asumiendo un despliegue promedio de 450 elementos por región, se necesitarían 119 mil 250 soldados, marinos y policías federales. Aproximadamente, unos 25 mil policías federales son desplegables (el resto está en tareas administrativas, inteligencia, etcétera). Eso implica que, grosso modo, se requerirían unos 95 a 100 mil elementos militares. En 2017, Sedena tenía 53 mil elementos dedicados a tareas de seguridad pública. Añadan unos 12 mil integrantes de la Marina. Partiendo de esa base, se requeriría un incremento aproximado de 50% en el número de militares en labores de policía. En ausencia de reclutamiento emergente, eso pondría a crujir tanto a la Sedena como a la Semar porque a) las Fuerzas Armadas tienen labores no vinculadas a la seguridad pública (por ejemplo protección civil) y b) no todo su personal es desplegable (por ejemplo médicos, personal de intendencia, etcétera).

3. Con una mediana de 450 elementos por región, si se sigue un criterio poblacional en la definición del mapa, habría en cada zona menos de un elemento federal por cada mil habitantes. A manera de contraste, la Ciudad de México tenía en 2005 (último año de la jefatura de gobierno de AMLO) aproximadamente 9 policías por cada mil habitantes (incluyendo policía auxiliar y PBI). Visto de otra manera, cada coordinación territorial en la Ciudad de México tenía una superficie promedio de 21 kilómetros cuadrados y algo más de mil policías. A nivel nacional va a haber un máximo de 600 elementos para regiones con superficie promedio de casi 7 mil 500 kilómetros cuadrados. Esos datos deberían obligar a, por lo menos, dudar de la aplicabilidad nacional del modelo capitalino.

4. ¿Cómo empataría esta distribución territorial con la estructura existente en las dependencias? Por ejemplo, si una de estas regiones incluyese territorio de dos o más zonas militares, ¿cómo funcionaría la línea de mando? Otra duda: ¿los soldados y marinos se someterían al mando operativo de un policía federal? ¿O viceversa? Y en todo eso, ¿dónde quedan las policías estatales y municipales?

En resumen, no se entiende muy bien la idea. Y se entiende menos esta manía del equipo de transición de anunciar planes en entregas sucesivas. Si, como se ha informado, se hará una presentación formal de la estrategia de seguridad el 24 de octubre, ¿por qué no esperar y evitar generar más dudas? ¿O será que, con tal de dominar la agenda, no les importa generar la impresión de que saben poco y comprenden menos?

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