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Cien días, cinco reflexiones

11/03/2019
03:04
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La semana pasada hice una revisión breve sobre los primeros cien días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero el asunto da para más que un listado rápido. Van hoy algunas reflexiones adicionales:

1. La característica distintiva del proyecto de seguridad del nuevo gobierno es, para bien o para mal, la centralización de la toma de decisiones. Esa es la lógica de las reuniones mañaneras, la Guardia Nacional o la división del territorio en 266 coordinaciones: todo se orienta a crear una infraestructura de control que permita microadministrar la seguridad del país desde Palacio Nacional.

2. En la percepción del presidente López Obrador, la inseguridad es, en buena medida, un problema de presencia. No se equivoca del todo: hay regiones del país donde jamás se ha parado un policía o militar y donde hay muy buenas razones para desplegar recursos del Estado. Pero el asunto no es solo de botas en el terreno: hay un déficit subyacente de capacidades aún en aquellas regiones donde sí hay recursos. Eso obliga a pensar en una reforma de fondo de las policías estatales y municipales. No basta ni bastará nunca lo que se haga en el ámbito federal.

3. Desgraciadamente, las nuevas autoridades se volvieron rehenes del muertómetro. Un gobierno que publica a diario no uno sino dos conteos de homicidios está pidiendo a gritos que ese sea su indicador de éxito o fracaso en materia de seguridad. Eso es doblemente problemático para las nuevas autoridades: a) el homicidio es (salvo excepciones) un delito que se persigue en el ámbito local, y b) el homicidio es un fenómeno mal comprendido en México y que no necesariamente responde a cambios de corto plazo en la política pública. Dicho de otra forma, el gobierno de López Obrador escogió como métrica algo que no está bajo su control.

4. La Guardia Nacional está destinada a ser una decepción, al menos en el corto plazo. Tal como se aprobó, aderezada con un artículo transitorio que le permite a los militares participar directamente en tareas de seguridad pública durante cinco años, la nueva corporación nace con vientos en contra: ¿qué incentivos pueden tener ahora la Sedena o la Semar para transferir tropa, activos y presupuesto a una corporación ubicada en otra Secretaría (SSPC)? Desde su perspectiva institucional, es mejor no colaborar en la creación de la Guardia Nacional, esperar tres a cuatro años y luego cabildear ante el Congreso una extensión del plazo conferido en el ya célebre transitorio. Pero, algunos dirán, los militares son institucionales y se pliegan a las órdenes del presidente. Eso es cierto, pero siempre hay espacio para la vieja máxima novohispana: acátese, pero no se cumpla.

5. La paradoja del huachicol sigue irresuelta. Hace dos días, quince personas fueron masacradas en un bar de Salamanca, Guanajuato. La atrocidad fue producto, según reportes de prensa, de una disputa entre dos grupos de vinculados al robo de combustible (el CJNG y el Cártel de Santa Rosa de Lima). Y eso lleva a la pregunta obvia: si, como dice el gobierno, el huachicoleo ha disminuido drásticamente en los últimos tres meses, ¿por qué se mantiene la violencia en las regiones huachicoleras?

De pilón, va una última nota: por ahora, el gobierno de López Obrador puede transferir la responsabilidad por las condiciones de inseguridad y violencia a las administraciones previas. Pero eso no va a durar mucho: ya tiene la aprobación de la Guardia Nacional, ya tiene a su equipo nombrado en las posiciones claves, ya están operando sus coordinaciones en el terreno. Ya solo tiene como justificación el tiempo y eso se acaba rápido.

 

[email protected]. @ahope71

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