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Mexicano crea medicamentos contra el cáncer

Alfonso Dueñas creó un tratamiento de bajo costo contra el cáncer cervicouterino. Ahora trabaja en uno para combatir tumores, pero podría frenarse por falta de recursos
16/03/2019
02:27
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Texto:Iván Cruz
Fotos:Valente Rosas y Carlos Mejía

Cuando el doctor Alfonso Dueñas estudiaba medicina en Ciudad Universitaria, su madre murió de cáncer y tiempo después su hermana también falleció del mismo problema. Con esa experiencia comprendió que el diagnóstico de esta enfermedad es, en la mayoría de los casos, una sentencia de muerte, porque los altos costos de las medicinas y tratamientos para combatirla derrumban la poca esperanza que tienen los pacientes para salvarse.

Desde entonces, Dueñas ha dedicado más de 20 años de su vida a la investigación médica con el objetivo de crear fármacos de bajo costo, ya que los precios elevados son una constante a nivel mundial.

Para contrarrestar este problema, el también académico de la UNAM, trabaja con una técnica llamada ‘Reposicionamiento de Medicamentos’, que se trata de utilizar y readaptar las propiedades de algunos fármacos para el tratamiento de enfermedades diferentes a las cuales estaban destinados, reduciendo drásticamente los costos para los pacientes.

Con este método creó Transkrip, “un tratamiento contra el cáncer cervicouterino avanzado, que en la práctica resultó ser eficaz también para combatir la preleucemia y el linfoma cutáneo”, explica el investigador. 

Este medicamento fue aprobado por la Cofepris para su comercialización en 2010, siendo el único de patente mexicana en el mercado. El precio de un tratamiento de Transkrip ronda entre los 70 y 80 mil pesos mensuales; mientras que el promedio de los costos de tratamientos similares en hospitales privados es de 300 mil hasta 1.8 millones de pesos, de acuerdo con cifras del gobierno del Estado de México.
 

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Actualmente, el doctor trabaja en un nuevo proyecto en el Instituto Nacional de Cancerología, el cual define como un anticancerígeno que frena el desarrollo de tumores: “Lo que estamos haciendo es una combinación de tres medicamentos que atacan al metabolismo del tumor y le impide seguir alimentándose de los nutrientes que roba del paciente”.

Agrega que al cortar la alimentación del tumor se evita que los pacientes pierdan peso, se retrasa el deterioro del cuerpo y se obtienen mejores respuestas del sistema inmune para combatir infecciones u otras enfermedades.

“Estos estudios que tenemos hechos en el laboratorio han demostrado que las pruebas con animales son positivas, por lo que nuestra teoría basada en conocimiento científico es que sí va a funcionar en humanos”. 
 

Dos historias de cáncer

En nuestro país el cáncer es la tercera causa de muerte, tan sólo en 2018 la Secretaría de Salud atribuyó a este padecimiento, 14 de cada 100 fallecimientos en México.

El cáncer es un reto científico. Aún nos quedan muchas interrogantes, sin embargo hoy contamos con herramientas para combatirlo a nivel de prevención, de diagnóstico temprano y de tratamiento, que en situaciones ideales podría reducir radicalmente la mortalidad de este problema”, señala Dueñas.

Entre los casos en donde el cáncer logró ser vencido está el de María del Refugio, quien sobrevivió a la enfermedad tras un doloroso tratamiento de radiación que concluyó con la extirpación de su seno izquierdo. 

“Me dio mucho pánico, pensé que me iba a morir. Mis hijos estaban muy chicos, no entendían la magnitud de lo que era el cáncer hasta que me vieron sin cabello, delgada con problemas en la boca. Nos espantamos, llorábamos a cada rato”, recuerda María. 

El médico que le detectó la enfermedad la orientó para tratarse en el hospital de la Raza. El proceso duró cuatro años: “Nos sugirió que hiciéramos válido el seguro social de mi marido. Por eso no gastamos nada más que los pasajes cuando iba a consulta y los alimentos de las dietas”.

El cáncer se desarrolla a partir de células que comienzan a multiplicarse sin control, habitualmente generan masas conocidas como tumores. Pero existen casos como la Leucemia en que se distribuyen por el flujo sanguíneo.
 

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David, quien pidió no mostrar su rostro, tiene 33 años y padece leucemia,  en su caso no hay certeza de que pueda curarse, porque se le detectó demasiado tarde. Un tratamiento le costaría más de 700 mil pesos y a lo más que puede aspirar es a alargar un poco su vida, por eso prefirió guardar el secreto y disfrutar los siete años que los doctores estiman que le quedan.

“Las alternativas que tenía era la radioterapia o un trasplante de médula, pero por mi tipo de sangre es muy complicado encontrar un donador y no tengo hermanos, además la calidad de vida de una persona que se somete a estos tratamientos es muy triste y son muy caras”.

David debe ser muy cuidadoso, porque una infección estomacal o un resfriado puede dañarlo demasiado, dado a que las defensas de su organismo se debilitan con rapidez, una simple diarrea basta para dejarlo en cama por días.

“Ha sido complicado vivir con esto, en mis trabajos he tenido que mentir para poder entrar, porque es difícil que te acepten. No me gusta que me vean con lastima, por eso quiero guardarmelo para mí y las personas cercanas”. 

Así como en David la detección tardía y el elevado costo del tratamiento que se le reco mendó disminuyeron sus esperanzas de vida, hay muchos casos que pasan por la misma situación.

Por tanto, la principal forma de combatir el cáncer sigue siendo la prevención y la revisión cotidiana a cualquier anomalía del cuerpo, porque la investigación médica, al menos en México, avanza a pasos lentos por la complejidad de la enfermedad y la falta de inversión en este sector.
 

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Por qué no hay medicamentos mexicanos

Para que el doctor Dueñas continúe el desarrollo del medicamento para frenar el crecimiento de tumores, se necesitan estudios para verificar que no hay riesgo de toxicidad para los pacientes, que rondan entre los 10 y 20 millones de pesos, según estimaciones del investigador: “Después de que se tienen estos estudios, se debe presentar la información a Cofepris para que apruebe un protocolo de investigación en pacientes y luego buscar una institución que haga el estudio clínico, esto puede estar costando por lo menos 200 o 300 millones de pesos”.

En este punto el proyecto puede detenerse, porque aunque exista evidencia de su probable funcionamiento, el doctor asegura que es prácticamente imposible obtener esos recursos, debido a que las instituciones encargadas de la investigación científica en México no están interesadas en promover la innovación médica en el país:

“Que Cofepris apruebe la entrada de medicamentos es importante, pero en realidad lo que están haciendo es depender del extranjero, cuando nuestro país tiene enormes cantidades de recursos humanos y materiales para la innovación farmacéutica”.

La falta de inversión en este sector no promueve el crecimiento de farmacéuticas nacionales, lo que hace que los investigadores dependan casi totalmente del financiamiento de  instituciones de gobierno, por ejemplo el Conacyt o las Universidades, esto limita el acceso a equipo, análisis clínicos o materiales para llevar a cabo sus proyectos.

“Lo que sucede en Estados Unidos, por ejemplo, es que la FDA (Food and Drug Administration) que es su autoridad regulatoria, tiene varios programas de aceleramiento de aprobación de medicamentos, lo que pasa en Cofepris, que depende de la Secretaría de Salud, es que no tiene la capacidad científica para comprobar la eficacia de todos estos proyectos”, explica el doctor Alfonso.

La manera que tiene Cofepris para dar permiso de comercialización de un medicamento, es revisar si tiene la aprobación de la FDA o la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y de manera casi automática les da entrada al país.

Por tanto, Dueñas señala que la manera más fácil para que un fármaco de origen mexicano se pueda vender en nuestro país, es que los investigadores vendan sus patentes a empresas trasnacionales para que se aprueben en el extranjero y así regresar avalados por la FDA o la EMA.

“La industria farmacéutica nacional debería tener la certeza de que las medidas regulatorias de Cofepris sean apegadas a principios científicos y no a caprichos, como ha sucedido por muchos años”, concluyó Alfonso Dueñas.

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