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Al llegar los recuerdos afloraron, sentí tristeza, impotencia por el dolor y sufrimiento de la gente. Muchas personas estaban ayudando. Me uní a una fila de personas que iban pasando cubetas llenas de escombros. Mientras lo hacía, una persona frente a mi pasaba para dejar las pertenencias que se pudieron rescatar, entre ellos un cajón lleno de fotografías llenas de polvo y piedras, lo único que pude pensar al ver a la gente retratada en ellas fue “quiénes serán, si se volverían a ver sus recuerdos. No es necesario que alguien te diga ‘échame la mano’ porque uno simplemente lo hace, por hermandad, solidaridad".

Salimos y minutos después llegamos a Gabriel Mancera y Escocia, donde un edificio se había derrumbado. Había mucha gente dando órdenes entonces no sabías a quién obedecer, pero finalmente todos tenían un mismo propósito: ayudar y salvar vidas. Nos acomodamos donde pudimos y a pasar cubetas, botes enormes llenos de escombro,- “no sé de dónde, pero sacas fuerzas para cargar todo eso porque lo único que quieres es ayudar” me dijo mi amigo Jorge-. “Había mucha tensión en el lugar, pero cuando alguien gritaba ‘¡Hay vida!’, mientras tu estás lleno de polvo, partiéndote la madre, el alivio que sientes es inigualable”; “Había un señor en traje cargando escombros, uno con rastas, hasta un indigente: esto es México”.

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