Las empresas de origen coreano, japonesas y chinas como Mumuso, Yoyoso y , fueron las reinas en las compras de regalos para intercambio que eligió la mayoría de los consumidores para esta Navidad .

Estas tiendas ayudaron a evitar el roperazo al que se solía recurrir de emergencia en tiempos de estancamiento económico como el actual, pero que no quitaron las ganas de demostrar el afecto y quedar fuera de la convivencia decembrina.

El ticket de compra promedio fue de 200 pesos.

No por casualidad a principios del 2019, el empresario Carlos Slim le echó el ojo a ese tipo de tiendas asiáticas y por ello se animó a invertir prediciendo el boom que tendrían en México.

Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, llegó a un acuerdo con Miniso en febrero de 2019 para invertir a través de Sanborns; después en julio del mismo año aumentó su participación de 18.27% a 33.27%.

Poseedoras de marcas de estilo de vida con productos innovadores o fast fashion a precios accesibles, fueron las favoritas de los empleados de empresas privadas y de oficinas de gobierno para los intercambios que se organizaron con motivo de la Navidad.

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Estas empresas hicieron su agosto este diciembre al ofrecer una diversidad de productos inimaginables, tanto para los millennial, la generación plateada, amas de casa, niños y adultos de la mediana edad.

No hubo uno quien no haya elegido una de estas tiendas por lo barato, horario flexible, bonitos y originales productos para quedar bien en el intercambio de regalos en la oficina y los que se organizaron entre familiares o para salir de un apuro o compromiso.

Lo que más se compró según comentarios de empleados de esas tiendas fueron los audífonos, tazas, termos, libretas y cubiertos para el lunch de los oficinistas o Godinez.

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También, juguetes, productos de belleza y para el hogar, maquillaje, perfumes y peluches.

Otros regalos que aunque no se vendieron en esas tiendas asiáticas pero fueron muy recurridos para el intercambio, fueron las tarjetas de regalo de Netflix, los tetris o videojuegos y por supuesto botellas de vino y alcohol.

Atrás quedaron regalos como las tazas institucionales rellenas de dulces, las agendas de año nuevo de proveedores, gorras y bufandas navideñas así como suéteres a los que todo mundo les hacía el feo.

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Sin embargo, hubo quienes todavía dieron regalos tradicionales como la clásica bota navideña de Tutsipop, los chocolates Ferrero Roche, galletas y chocolates.

Es poco común obsequiar libros, discos y plumas, como tampoco portaretratos o carteras.

A nivel institucional, los famosos arcones navideños, arreglos frutales o canastas con nochebuenas cada vez más escasean por efectos de logística para su entrega, sobre todo para las grandes ciudades y por restricciones legales al prohibir a funcionarios privados y públicos que reciban regalos para evitar la corrupción o probables conflictos de interés.

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vcr

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