Hasta ayer por la mañana, muy pocos sabían de su venida. Pero apenas apareció en el programa, justo en el campo que había estado reservado para el alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, Barham Salih,muchos abrieron espacio en su agenda.

Por eso, cuando salió al escenario del salón principal del Centro de Congresos de Davos por primera vez en su vida, todos los asientos estaban ocupados. Durante media hora, el fundador de Tesla y de la firma de cohetes reutilizables SpaceX entretuvo al auditorio con su promesa de que un mundo mucho mejor será posible gracias al avance de la tecnología, incluida la robotización y la .

Semejante dosis de optimismo fue apreciada por muchos de los asistentes a una cumbre dominada por las preocupaciones nacidas de un escenario geopolítico inquietante.

Más allá de que la tensión del miércoles bajó unas décimas, después de que Donald Trump dijo que no tomaría represalias contra varios aliados europeos por cuenta del asunto de , la visión predominante sobre el estado de las relaciones entre Estados Unidos y el Viejo Continente se asemeja al verso de la ranchera: la distancia entre los dos es cada vez más grande.

La esperanza de que el futuro traerá una recompensa generalizada equivale a encender una luz al final del túnel. Aun así, en las redes sociales abundaron los ataques, concentrados más en el mensajero que en el mensaje.

Múltiples críticas hicieron referencia a la presencia de la persona más rica del planeta —con una fortuna calculada en 682.000 millones de dólares— en el evento que reúne a la élite global. Según los comentarios, la sorpresiva aparición de Musk simplemente confirma que el Foro Económico Mundial es una especie de club de magnates que se preocupan más por su propio bienestar que por el de la humanidad.

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Parte de los señalamientos tienen que ver con que en la agenda de 2026 pasaron a segundo plano temas que en ocasiones anteriores tuvieron mucha mayor relevancia. En la lista se incluyen el cambio climático, la pobreza, la desigualdad, la educación, las oportunidades y el empleo, además de la cooperación y el diálogo internacional.

El magnate propietario de Tesla y Space X, Elon Musk, participó en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Foto: EFE
El magnate propietario de Tesla y Space X, Elon Musk, participó en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Foto: EFE

En 2020, para no ir muy lejos, el lema fue “partes interesadas para un mundo cohesionado y sostenible”. Sin embargo, en la presente ocasión el propósito general fue un poco más difuso: “espíritu de diálogo”. Y quien hila más delgado piensa que se trata solamente de poner a conversar a los poderosos.

¿En qué consiste el cambio de énfasis? La explicación de una funcionaria de la Fundación que organiza la reunión en los Alpes suizos sostiene que simplemente se trata de reflejar las preocupaciones de la coyuntura, a partir de un análisis juicioso.

Basta con examinar el informe de riesgos globales que publica el Foro todos los años y cuya versión más reciente apareció diez días atrás. Tras una serie de encuestas contestadas por más de un millar de líderes y expertos en los cinco continentes, la confrontación geoeconómica encabezó la clasificación de las preocupaciones en el horizonte de dos años.

Es verdad que una mirada de más largo plazo muestra que lo ambiental sigue a la cabeza. En un horizonte de diez años, los tres primeros puestos están ocupados por los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad y el cambio crítico en los sistemas terrestres.

Aun así, pareciera que esta vez lo urgente no dejó tanto espacio para lo importante. Es verdad que en diferentes paneles se abordaron desafíos de carácter general, como el calentamiento global o las turbulencias sociales, pero la mirada del público se concentró más que otras veces en lo que dijeron primeros ministros y presidentes, con el de Estados Unidos a la cabeza.

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Tampoco se puede desconocer que las prioridades de los poderosos han cambiado. Como es bien conocido, Trump califica los esfuerzos por impulsar las fuentes de energía limpia como una estafa. Su acción más reciente fue retirar a su país de diferentes organismos de las Naciones Unidas, incluido el panel de expertos sobre el cambio climático.

Aparte de lo anterior, el mandatario estadounidense combate esfuerzos de inclusión, como las estrategias de género o equidad racial. Debido a ello, las mismas empresas que en su momento se pusieron el sello verde y desarrollaron políticas de sostenibilidad mencionan poco el asunto. Como señaló alguien durante una pausa de café: “nadie quiere que le mencionen la huella de carbono”.

En tal sentido, Davos no solo refleja el cambio de énfasis, sino que parece recoger de manera más explícita los puntos que le interesan a Washington. Algunos estarán en desacuerdo con esa afirmación, pero otros señalan que una organización que era manejada con puño de hierro por un profesor de origen alemán, que hizo su vida en Suiza y escribió ampliamente sobre el desarrollo mundial y las grandes tendencias, ahora tiene como presidente interino a un billonario nacido en Estados Unidos, que maneja la gestora de activos más grande del planeta.

Sea como sea, la realidad acabará imponiéndose, como señala Eswar Prasad, de la Universidad de Cornell. Para citar un caso todavía hipotético, si la inteligencia artificial aumenta las brechas entre países ricos y pobres, ello creará tales turbulencias que acabarán reflejándose en las agendas temáticas de las reuniones anuales que vengan.

Aun así,no está de más añorar aquellas épocas en que el énfasis en Davos giraba en torno a la prosperidad compartida y no solo a la de los más poderosos.Y eso, al menos, hasta que los sueños expuestos ayer por Elon Musk se conviertan en verdad.

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