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Washington.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató una guerra comercial con China al imponer aranceles de 25% a más de un millar de productos chinos con valor de 50 mil millones de dólares. Beijing, que esperaba una medida así, respondió con tarifas por el mismo monto y la misma escala.

Tras los aranceles al acero y aluminio que afectaron a México, entre otros países, el proteccionismo económico de Trump se hizo presente ante su mayor antagonista: China.

“Hemos sido tratados muy injustamente”, dijo convencido de que el éxito comercial se finca en intercambios comerciales neutros o favorables para su país. Basado en el “robo de propiedad intelectual” estadounidense por parte de China y en un triunfo del sector más radical de entre los asesores económicos del presidente, Trump desató la guerra.

“Tenemos que tomar acciones defensivas para proteger el liderazgo estadounidense en tecnología e innovación ante la amenaza sin precedentes de robo de China de nuestra propiedad intelectual”, justificó el jefe comercial de EU, Robert Lighthizer.

La aplicación de aranceles se hará en dos tramos. El primero, que se aplicará el 6 de julio, afectará a más de 800 productos, principalmente de la industria tecnológica por valor de 34 mil millones de dólares. El segundo, que afectará más a bienes químicos y plásticos, todavía no tiene fecha.

Beijing no se quedó de brazos cruzados ante un conflicto “provocado” que no deseaba. En aras de la reciprocidad de las represalias, anunció que aplicará la misma tasa de aranceles a 545 productos, en su mayoría automotrices y especialmente agrícolas, atacando principalmente a regiones de gran base electoral republicana.

Uno de los principales objetivos es el cultivo de soya: un tercio de la producción estadounidense va a China por 14 mil millones de dólares. Las mayores áreas de cultivo son estados rurales dominados por conservadores seguidores del presidente.

La guerra comercial contrasta con las declaraciones de hace unas cuantas semanas, donde Estados Unidos había puesto “en pausa” cualquier arancel e incluso se había llegado a un acuerdo para que China comprara productos agrícolas de EU por más de 70 mil millones de dólares.

Tras la decisión de Trump, China anunció que todo acuerdo comercial del pasado queda “invalidado”.

No son los únicos aranceles que planean sobre China, también les afectan las tarifas al acero y el aluminio, que fueron respondidos por aranceles al cerdo y vino estadounidenses.

China hizo un llamado para defender el libre comercio: “En la era actual, iniciar una guerra comercial no está en el interés global. Hacemos un llamado a todos los países a una acción conjunta para poner fin de forma definitiva a este comportamiento regresivo y anticuado”.

El sector privado de EU tampoco se mostró satisfecho con la decisión de Trump: “Imponer aranceles pone el costo de las prácticas comerciales injustas de China en los hombros de los consumidores, manufactureros, granjeros y rancheros estadounidenses”, se quejó el presidente de la Cámara de Comercio de EU, Thomas Donohue. “No es la estrategia correcta”, sentenció.

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