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I Am Not Your Negro o la incesante represión

I am not your Negro es un documento abrumador que desde la sencillez proyecta ideas incómodas sobre una Norteamérica cuya realidad sigue siendo aterradoramente similar a la de hace más de 20 años.
28/04/2017
09:15
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Rumbo al final de I Am Not Your Negro, cuarto largometraje documental del prolífico director haitiano Raoul Peck, la voz en off que nos ha acompañando durante más de una hora en este elocuente análisis sobre el problema racial en los Estados Unidos, lanza una frase lapidaria con la cual es complicado no estar de acuerdo: “La historia de los negros en América es la historia de América misma. Y no es una bonita historia”.

 

La voz en cuestión es la del actor Samuel L. Jackson, pero las palabras son del escritor y activista por los derechos civiles, James Baldwin. En 1979, el también novelista y poeta escribió una carta a su editor describiendo su próximo proyecto, un libro llamado Remember This House, que sería un relato personalísimo sobre la vida y asesinato de tres personajes a los que el autor conoció muy de cerca: Malcom X, Martin Luther King Jr., y Medgar Evers.

 

Al momento de la muerte de Baldwin en 1987, el escritor solo había dejado 30 páginas de aquel proyecto. Luego de leer dicho manuscrito, el director Raoul Peck decide hacer un documental con este material, que no es sino la crónica de viva voz de alguien que estuvo en la primera fila del movimiento por los derechos civiles de la gente de color en los años sesenta.

 

Peck utiliza la técnica más sencilla que podría haber: dejar que una voz en off lea esas 30 páginas y acompañar la lectura con imágenes acorde de la época, fragmentos de viejos noticieros, películas y metraje tomado en la época actual. Con un tono de voz más bien triste y pausado, Samuel L. Jackson y James Baldwin nos narran la historia de este mal que empezó hace más de 400 años, con el abuso de los primeros esclavos negros en Norteamérica y que no parece haberse erradicado hoy en día.

 

En una de esas imágenes de archivo, se ve una secuencia filmada en los años sesenta donde  el sector blanco protesta en las calles ante la posibilidad de que se frene la segregación. Con carteles que leen “Nadie necesita a los negros”, “Integración nunca” y otros más con la suástica Nazi, la turba iracunda se muestra racista y clasista cual si fuera un derecho otorgado en la constitución. Una imagen así sería irrepetible en la américa actual, en la América de Trump, ¿cierto?... ¿cierto?

 

En la sola duda está el horror. Y es que las palabras de Baldwin, junto con el montaje extraordinariamente cuidado de Peck, ilustran y refuerzan la idea de que el racismo en Estados Unidos es un mal endémico que no se ha erradicado. Y no se ha erradicado justo porque el sistema lo promueve desde sus raíces, lo machaca en los medios que alimentan el miedo a la otredad, el chivo expiatorio histórico de una nación que antes de aceptar sus propios problemas prefiere buscar a los responsables en el exterior: los negros, los latinos, los migrantes, los mexicanos, ellos son los que cometen los delitos, los que pueblan las cárceles, los que afean el paraíso del blanco perfecto que jamás agrede, jamás asesina, jamás roba.

 

El análisis social de la cinta por momentos se convierte, forzosamente,  en análisis cultural. Hay una fuerte crítica hacia el cine de evasión de Hollywood, donde un John Wayne siempre es el héroe aunque en todos sus filmes se la pase matando indios, donde las comedias musicales mostraban el paraíso blanco con alegres bailes y rubias cabelleras mientras en las calles la policía masacraba a los manifestantes de color que exigían ser tratados como iguales. Y ni qué decir de la televisión, principal promotora del estereotipo del negro como sirviente, tonto, esclavo. El flujo de imágenes nos lleva a un reality show donde una mujer confiesa su incomodidad por la relación interracial entre su hija de piel blanca y su novio de tez negra. El análisis transcultural del fenómeno una y otra vez llega a la misma conclusión: en realidad nada ha cambiado, aún con la llegada del presidente Obama a la presidencia, o más bien justo por la salida de Obama y la llegada de Trump a la presidencia es que se hace evidente el racismo latente en una Norteamérica incapaz de volverse adulta y mirarse al espejo.

 

“No puedes golpearme, colgarme, asesinarme, sin convertirte en un monstruo”, sentencia Baldwin en sus aterradoras (por claras y coherentes) conclusiones finales. I am not your Negro es un documento abrumador que desde la sencillez proyecta ideas poderosas e incómodas sobre una Norteamérica cuya realidad sigue siendo aterradoramente similar a la que el texto de Baldwin se refería hace más de 20 años.

 

“La historia no es el pasado, es el presente”, cierra Baldwin. Este es el gran horror, darse cuenta que el tiempo ha pasado, pero el problema racial continúa, intacto, en nuestros días.

@elsalonrojo

Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.

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