
El encuentro en la vieja sede del Senado dejó ver a una inusualmente sonriente presidenta de la Corte, a la vez que mandó un poderoso mensaje político de reapertura de los canales del diálogo entre poderes.

El encuentro en la vieja sede del Senado dejó ver a una inusualmente sonriente presidenta de la Corte, a la vez que mandó un poderoso mensaje político de reapertura de los canales del diálogo entre poderes.

En los próximos tres meses como máximo, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum deberá mostrar resultados significativos en el crucial problema de la inseguridad.



Quedó a deber, y mucho, al incumplir la promesa de solucionar la crisis de inseguridad y violencia que lacera al país, así como la de desterrar la corrupción y mejorar los sistemas de educación y de salud.

Indignante y desesperanzador es que AMLO haya apostado por la reforma judicial, sin esforzarse más por cumplir con la promesa de dar con el paradero de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y procurar justicia para ellos y sus familiares.

Intensifica el tono de su reclamo porque le resulta inaceptable que México se haya apartado de su órbita de influencia y le preocupa, en términos prácticos, no disponer de jueces que mangonear.



Todos ellos están bajo la lupa de compañeros y adversarios. ¿Lograrán frenar la reforma o uno de ellos será el “Judas” que les dé el anhelado sufragio que complete la mayoría constitucional y rompa la contención del bloque?